Lo último

OPINIóN

¿Y quién protege al pueblo?

febrero 2, 2018

Visto 1030 veces

Redactado por: Luis Oswaldo Dovale Prado

“El mal estuvo, no en que saltase el aceite, sino en la obnubilación que ocasionó en muchos la perspectiva de una brillante mejora en las posibilidades individuales de vida. Esta circunstancia hizo que se pensara sólo en el interés personal de los hombres que caminaban a millonarios y que se olvidasen los intereses del pueblo”.

Mario Briceño Iragorry (1950)

 


 

Empiezo este artículo contando lo que me sucedió hace unos días en una tienda de víveres de las tantas que pertenecen a comerciantes árabes ubicados en los alrededores del llamado “mercado viejo” y en otros lugares emblemáticos de la ciudad y en donde, por cierto, indistintamente hoy se venden telas o muebles y mañana verduras y otros productos; es decir, según vaya exigiendo el vaivén de la demanda del consumidor y las perspectivas de ganancias que se presenten, amén de que, seguramente, en sus registros de comercio se contempla una razón social tan amplia que les está permitido el intercambio de cualquier mercancía. ¿Quién puede saberlo? Sin dudas que la Alcaldía del Municipio Miranda de Coro, el Registro Mercantil y los propios negociantes extranjeros.

Ahora bien, sea lo que sea, lo cierto es que en el expendio que refiero al comienzo de este escrito, ocurrió que, en menos de media hora, el vendedor árabe cambió tres veces el precio a un mismo producto de consumo importante para la población (concretamente panela de dulce). Obviamente, quienes vistamos recurrentemente esos puestos minoristas de dicha zona, no nos queda otra que padecer todos los días este increíble atraco que se comete contra nuestro menguado salario nominal o no hacer la compra. Y esto ocurre, no por culpa de las sanciones financieras del imperialismo mundial, sino porque, después de la muerte del presidente Chávez, el sistema monetario venezolano se ha revelado como uno de los eslabones más perniciosos de la economía familiar y porque tenemos un gobierno local y nacional que, con su inacción e indiferencia, se hace cómplice del fraude de la especulación y la usura  que atenta contra la tranquilidad y el buen vivir de todos y principalmente de quienes dependen de sus salarios. Por consiguiente, esa distorsión incontrolable que ocurre con los costos de bienes y servicios, se ha convertido en el más despreciable y maligno mecanismo de acumulación delincuencial de capital en favor de mercaderes que en absoluto les importa la suerte de miles de falconianos, cada vez más empobrecidos por esa alianza perversa de la  que obtienen incalculables beneficios quienes se encuentran vinculados al poder político y al económico. A esta situación se suma el fenómeno estructural de la inflación, el cual, en economías como la venezolana, provoca alza de los precios y depreciación del dinero. En ese sentido, hace ya algún tiempo, el académico Ruso Gueorgui Solius enseñaba que se distinguían “…dos tipos de inflación, reptante y galopante. La primera es la que sigue un proceso lento, con una taza devaluativa del dinero igual al 2-3 % al año. Muchos economistas burgueses la consideran beneficiosa porque permite a los empresarios elevar discretamente las ganancias a expensas de los ingresos reales de la clase obrera. La segunda, como su nombre lo indica, será aquella que se dispara velozmente. Incluso los economistas burgueses la consideran perniciosa. Cuando ataca, la economía capitalista se hunde en el caos, se revelan los obreros y se agravan las condiciones de vida de la sociedad…”. En consecuencia, las interrogantes que surgen de inmediato de estas cuestiones son: ¿Qué tipo de inflación es la nuestra? ¿Dónde está la autoridad del gobierno para controlar la especulación y la inflación? ¿Qué sucede con los dirigentes del PSUV designados en elecciones recientes, muy eficientes para montar trampas pero tan incapaces para hacer una gestión de orden y respeto por los  ciudadanos? ¿Por qué tenemos que aguantarnos este despelote y anarquía en donde sólo se protege a pequeños grupos de vividores y gozones del poder económico y político? ¿Por qué tanta tozudez oficial para no reconocer fracasos y errores de la gestión? ¿Qué Razón tan poderosa priva en el gobierno local para no actuar severamente con la ley y poner un freno al comercio especulativo que desangra nuestros ingresos? ¿Qué hay detrás de toda esa  tácita complicidad? ¿Cómo se explica que después de 18 años de llamado gobierno revolucionario socialista, todavía en el país domine, en la cadena de comercialización, la lógica de la máxima ganancia?

Recientemente, en declaraciones ofrecidas por el Vice-presidente de la República Bolivariana de Venezuela Tareck  El Aissami, éste condenó el aumento de precios y anunció que “…por disposición del presidente Nicolás Maduro, a partir de mañana (17 de Enero) se debe retomar el esquema de precios de diciembre” y agregó que los “…funcionarios de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) y de la Gran Misión Abastecimiento Soberano (GMAS) deben constatar que se cumpla la orden”. Denunció que “… de acuerdo a una revisión por parte de las autoridades, en menos de 20 días 6.500 artículos aumentaron sus precios entre 10% y 10.000%.”, al momento que les preguntó a comerciantes y empresarios “¿Cuál fue el evento que impactó la estructura de costos para que ustedes puedan justificar este incremento? ¿Quién autorizó estos incrementos de precio? ¿Con quién hablaron?. Ninguno de los jefes de estos motores estaban al tanto de esto”. Y finalmente argumentó “Queremos seguir facilitando el acceso a divisas. El sector productivo nacional es extraordinario y maravilloso, pero no aceptamos que nos jueguen así, esta es una emboscada contra el pueblo (…) Los precios que ustedes colocaron son precios criminales, brutales, sin justificación”.

No obstante, al día siguiente, el Ministro de Justicia y Paz, general Néstor Reverol, palabras más, palabras menos, advertía la implementación de medidas especiales con los cuerpos de seguridad para proteger a los establecimientos comerciales de agresiones de la gente en busca de alimentos.

Realmente, ¡que cínicos y procaces son estos dos personajes del alto gobierno!. Por qué más bien no le dicen a la nación en su “Noticiero de la Patria” ¿Quién protegerá al pueblo?. Además, cuán risible ha resultado lo ordenado por el Vice-presidente de la República. ¿Quién le hizo caso a su anuncio? Estoy seguro que ninguno de los sujetos económicos que conforman toda esa cadena del capital comercial en Venezuela le paró pelotas.  Al contrario, en Coro, los precios se han disparado  como un cohete después de ese anuncio oficial.

Por último,  sería muy difícil cuestionar el hecho de que alguien considere que una buena parte de ese sector de comerciantes del que hemos hablado, extranjero o no, sea respetado, apreciado y bienvenido entre nosotros. Sin embargo, muchos de esos marchantes aun no han entendido que están en la patria de Bolívar porque en alguna oportunidad salieron de sus países huyendo de las terribles situaciones de conflictos que les tocó vivir y aquí los recibimos con espíritu solidario, les permitimos convivir en nuestra comunidad  con su cultura y con sus esperanzas de encontrar una vida más sosegada, de paz  y próspera.  De manera que por todas estas cosas, y sin ánimos xenófobos, digo que es ingrato e injusto de parte de ese grupo humano que después de haberse avecindado en Coro y echado raíces en esta tierra, hoy se hayan convertido en nuestros inclementes verdugos y que, por acumular cualquier monto de dinero, vacíen nuestros bolsillos sin importarles un comino la suerte de los trabajadores falconianos  y la de sus familias y que el gobierno sea corresponsable de lo que ocurre.