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FALCÓN

Pacientes oncológicos libran una batalla cada vez más difícil

febrero 4, 2018

Jacqueline Finol

Redactado por: Orlando Gómez

En la unidad de Oncohematología del Hospital Doctor Rafael Calles Sierra en Punto Fijo, siete puestos están vacíos. En el octavo y único ocupado lugar, al final de la sala, se aferra Carmen, acompañada de un familiar y a su vez abstraída en una impasible calma, que pareciera cansancio, la cual se necesita para recibir el tratamiento intravenoso.

Hace cuatro años, cuando comenzaron sus visitas a la sala oncológica para tratar su diagnóstico, no se sentía tan sola, otros pacientes con distintas condiciones, pero con el mismo fin, eran su compañía; colmaban el pequeño cuarto, hacían colas o hasta se acomodan en sillas particulares o camillas.
Hoy el escenario no es el mismo. Para muchas de estas personas enfermas de cáncer, la falta de medicamentos los ha alejado del hospital y les hace cada vez más difícil su batalla.

El costo “bachaquea’o” de la vida

Carmen Cuauro tenía 58 años cuando recibió el diagnóstico médico de que en el sistema inmunitario de su cuerpo algo no andaba bien, tenía linfoma no Hodgkin (también conocido simplemente como linfoma), un cáncer que comienza en las células llamadas linfocitos.

Hoy tiene 62 años y, aunque la batalla con el cáncer no ha terminado, libra cruzadas cada vez más apretadas. Desde hace una semana, comenzó el primero de los tres ciclos de un nuevo tratamiento de hormonas naturales (corticosteroides) suministrado por 21 días, luego de casi 2 meses de espera y desesperada búsqueda del remedio.

Para conseguir las primeras ocho dosis de dexametasona, de las 16 que requiere, debió valerse de mucho esfuerzo y de 50 millones de bolívares que fue el costo “bachaquea’o” por el que sus familiares lo hallaron en la ciudad Caracas; otras dosis las compraron a familias con pacientes fallecidos, y aún le faltan ocho ampollas para completar los ciclos que le restan.

Además de esta medicina necesaria para contrarrestar algunos efectos indeseables de la quimioterapia, como vómitos y mareos, al acudir a su tratamiento, Carmen al igual que los demás pacientes debe proveerse de inyectadoras, yelcos, entre otros insumos de los que actualmente carecen en el Calles Sierra, principal centro hospitalario de Paraguaná, donde —con suerte— algunas drogas se consiguen en su farmacia de alto costo.

Pacientes sin médicos

En el área de preparación de la sala de Oncohematología, las dos únicas y especializadas enfermeras esperan por jubilación desde ya hace un tiempo, pero aún no reciben relevo. De los tres médicos especialistas con las que contaba el hospital, desde 2017 solo disponen de una que también está en proceso de retiro por tiempo de servicio, mientras que sus excompañeros están hoy fuera del país.

Los equipos para suministrar las quimioterapias en los ocho sillones disponibles para prestar el servicio están todos hasta ahora en funcionamiento, comentó la enfermera del primer turno mientras retira, afanosa, el angiocatéter del antebrazo izquierdo de Carmen; tras terminarse su dosis, le recuerda su proceso de hidratación que deberá cumplir en casa, pues en el hospital del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) también faltan sueros para hidratar.

Clínicas tampoco escapan

La clínica de prevención del cáncer El Buen Samaritano, de la Sociedad Anticancerosa de Falcón en Punto Fijo, ha asumido en los últimos años esfuerzos titánicos por seguir tendiendo la mano generosamente a miles de falconianos, pese a los reveses que implica el desvalijamiento continuo de sus instalaciones a manos del hampa, y a los que se suman otras preocupaciones como la falta de equipamiento y de especialistas.

El cirujano Silvio Zampolli, director médico de la clínica anticancerosa, expresó que la situación en cuanto a medicamentos se agudiza cada vez más.
Son pocos los pacientes cancerosos que tienen acceso a estas medicinas en las farmacias del IVSS o por la fundación Banco de Drogas Antineoplásicas, que son los únicos entes responsables de manejar estos fármacos. Fuera del país o insólitamente en mercados informales del Zulia, es donde algunos han contado con la suerte de hallarlo, pero hasta 10 veces por encima de su costo real.

El flujo de pacientes de atención en la clínica ha bajado, en 2017 se habla de hasta un 50%, confirmó el especialista, más por falta de recursos económicos que por voluntad de tratarse el cáncer. “A los pacientes no les alcanza para comer, menos para pagar una consulta privada; y los que van a la consulta llegan solo hasta al presupuesto, porque no les da y no se operan”, refirió Zampolli.

Sin equipos

La escasez de repuestos ha dejado fuera de servicio paulatinamente varios equipos o máquinas de diagnóstico cancerígeno, como es el caso del mamógrafo (dos años dañado), el colonoscopio (un año dañado), el gastroscopio (en reparación) y el electrobisturí (usado solo en casos de emergencia), situación que ha limitado los tratamientos, análisis y cirugías menores.

La presidenta de la Sociedad Anticancerosa de Falcón, Sonalí Jurado de Sierralta, destacó la importancia de rescatar o remplazar estos equipos, ya que a pesar de que los pacientes reciben sus diagnósticos y patologías, requieren del equipamiento para tratarse.
Entre las cuestiones que también le preocupan a la directiva de la institución, está la pérdida de personal que ha dejado de prestar servicio en la clínica en su mayoría para buscar porvenir en otros país.

Jurado estimó que en los últimos cuatro años la nómina se ha reducido en más de 50%, no solo en el área médica, también técnicos, enfermeras y administrativos. Más de 5 especialistas emigraron en 2017. Entre 15 y 17 trabajadores integran actualmente el personal de la anticancerosa, lo que ha obligado a reducir de 14 consultas que anteriormente pasaban, a solo 6.

El pasado año la clínica fue blanco permanente de la delincuencia, al menos una 14 veces —calculó la presidenta— fueron hurtados equipos y materiales que hoy requieren con urgencia para seguir prestando sus servicios, como dos acondicionadores de aire, un punto de venta para el pago de los clientes y equipos de computación, por lo que extienden el llamado a personas o instituciones que puedan aportar mediante donativos a esta institución con más de 50 años en la región.

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Jacqueline Finol

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