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Socióloga Yoleida del Moral: Debemos retomar el líder que llevamos dentro

marzo 12, 2018

Graciela Andrade

Redactado por: Graciela Andrade

“La crisis es cultural y social, porque cuando decimos que la corrupción está carcomiendo el país, sabemos muy bien que es un elemento de contravalor que se está enseñando y se está multiplicando”, dijo la socióloga Yoleida del Moral.


Para la socióloga Yoleida del Moral, en estos tiempos de crisis se debe considerar el liderazgo desde el punto de vista interno, es decir, el líder que se lleva dentro se debe retomar.

“Generalmente, siempre se ha enfocado el líder hacia afuera, el líder seguidor. Yo le di una nueva visión del ser y del hacerse, volver hacia nosotros mismos y reflexionar. Y por supuesto, cuando hacemos esa reflexión, nos damos cuenta de dónde estamos, dónde quedamos. Entonces, surgen los principios, la ética, la norma”, indicó la especialista.

Destacó la también docente de la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero, que el problema que viven los venezolanos va más allá de lo político y lo económico. “La crisis es cultural y social, porque cuando decimos que la corrupción está carcomiendo el país, sabemos muy bien que la corrupción es un elemento de contravalor que es lo que se está enseñando, que es lo que se está multiplicando; cuál es el ejemplo que hemos seguido”.

“Uno aprende solo de los valores, de ahí surge el liderazgo interno. Tú mismo te buscas, y tú te vas hacia adentro, ahí están los niveles de madurez que puedes alcanzar, sin necesidad de que alguien te lo esté diciendo. Cuando tú solo tienes que vivir tus propias experiencias y a través de estas encontrar la forma de impulsarte, de buscar tus habilidades y preguntarte qué tanto tengo bueno, darle prioridad a lo que verdaderamente son valores y principios sanos, entonces se dará la transformación para bien”, explicó Del Moral.

—¿La corrupción llevó a Venezuela a la situación en que está?

—La corrupción es un elemento que se está manejando en este país y ahí caemos en nuestra realidad. En que yo estoy corrompido y te quiero vender algo, y si te gano a ti, es mejor para mí; eso es corrupción. El problema que tenemos es más cultural, lo que heredemos fueron contravalores.

—¿Esa herencia de quién la heredamos?

—Ahí volvemos a la cosa misma, volvemos a la esencia que es la familia. Por eso yo hablo de la cultura y de la sociedad. El problema que tenemos es de estructura de base.

—¿Cuánto tiempo transcurre para que esa herencia se active?

—Es como las epidemias, así se propaga la corrupción. Porque así como las epidemias son de salud pública, esto es un problema social, y lo que hemos estado viendo es que existe la moda y que los medios facilitan la transmisión rápida. A ti te ponen, vamos a usar tal tipo de camisa, yo empiezo a promocionar la camisa y todo el mundo empieza a usarla.
»Por ejemplo, a escala global cómo se visten y cómo se comporta la gente. Uno que otro país de pronto lo puede controlar. Pero, cuando comenzó a usarse la franela adentro y la camisa abierta, o cuando un cantante sale con lentes oscuros y el zarcillito, te venden eso, se propaga; qué tiempo puede llevar eso, puede ser a corto plazo. Igual ocurre con una conducta corrupta.

—¿Cómo se debe desarraigar esa herencia?

—Hay dos elementos: la familia es la que va a estar regulando que esta corrupción no llegue y usted puede ver familias que son íntegras, porque no se puede decir que todos los venezolanos estén involucrados en este torbellino, en este laberinto, en estos niveles de incertidumbre. Pero también podemos ver gente muy débil y lo que le estén ofreciendo eso es lo que va a hacer.

—Cómo socióloga, ¿cuál es su apreciación de la migración en el país?

—Hay gente que se está yendo tal vez por moda. Hay esa tendencia, pero está también el que lo piensa en familia, se va un grupo completo, que se organiza y se planifica. Eso no es por moda, eso es porque analizan los contextos, en dónde estoy, qué hago, y de repente por ideología, porque una gente que la ha mantenido por 18 años no debería irse. Debería mantenerse, luchar por sus ideales y continuar en el país.

—¿Tiene que ver el cómo fue educada esta generación en cuanto al desapego al núcleo familiar?

—Una parte de las familias no quiere que los hijos pasen por el trabajo que pasaron ellos. Le dieron a los hijos cosas que ellos no tuvieron y los criaron paralelos a ellos. Entonces, esos paralelos son los que están ahorita, esa generación sin importar ver para atrás, si dejan a los padres, a los abuelos, al resto de la familia. El problema que hay es que no están viendo el aspecto emotivo, el aspecto familiar, llegamos a unos niveles de banalidad tan altos y tan materialistas que lo que importaba era lo que teníamos.

—¿A qué le atribuye esa banalidad?

—La tecnología nos ha puesto más fríos y más banales. Nos ha aislado del calor humano, del contacto familiar. Anteriormente, era más importante estar reunidos en familia, conversar, había una comunicación genuina. Ahora la vemos al revés, se pueden reunir a almorzar, pero todos con un celular en la mano.
»Vamos a estar claros, ha pasado bastante tiempo con esta situación adversa. Debemos trabajar y tener fe porque aquí lo que queda es la mano de Dios. Esa es la prueba, de esto se está aprendiendo de todo. Siempre hay una enseñanza, un aprendizaje.

—¿Es que no hay amor?

—Nos carcomió la sociedad, de repente no hay un tiempo específico para decir qué es lo que de la cultura yo voy a heredar. La corrupción viene desde arriba y se ha ido carcomiendo toda la sociedad. La cultura muy tecnológica, muy banal, muy materialista. Estamos deshumanizados. Actualmente, lo grave es que la base de la familia se está carcomiendo.

—¿Qué hacer?

—Es necesario que los gobernantes y la sociedad busquen transformar los patrones que se viven ahora.
»Hay muchos elementos, la moda, el tema político que nos está agobiando porque la gente se está dejando llevar porque no hay una salida, no hay una alternativa de proyecto país. A finales del siglo XX, el problema no era un problema político, eran sociales y económicos, normales, como siempre han existido en la sociedad.
»Se están olvidando del afecto, de la cotidianidad, de lo importante que es la convivencia, ahorita la gente no está valorando esa convivencia. Caímos en una profundidad, le estamos dando más importancia a satisfacer las necesidades materiales que las emocionales y familiares.

—¿Cómo puede terminar esta situación?

—Con el poquito que está quedando, vamos a empujar el país. Vamos a quedar una sociedad adulta, con muy buenas herramientas que impulsarán el país, y tengo la esperanza en que muchos de los que se han ido regresen. Otros quedarán deslumbrados por las banalidades que les ofrecerán otros países. Hasta hace poco, los extremos de banalidad nos superaron y parte de eso nos ha llevado a esta crisis.
»Así como la tecnología ocupaba un lugar privilegiado en nuestras vidas, así también el aspecto físico era cuestionado. Hace tres años, no teníamos vida los gorditos o teníamos que hacer una dieta extrema, ponernos un bypass, ponernos nalgas, senos. Los niveles de banalidad a los que llegamos son extremos y parte de eso es lo que nos ha llevado a esta crisis.

—¿Panorama final?

—¿Hacia dónde vamos? Vamos hacia la espiritualidad y no todo el mundo entra ahí. Porque no todos están preparados para buscarse a sí mismos, a buscar la esencia y a buscar a Dios. Es como un colador, cuando se cuela el café, ¿qué es lo que queda? Lo más sabroso.

 

 

Foto/ Carlos García

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