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OPINIóN

El autoflagelo

abril 1, 2018

Redactado por: Katty M. García C.

El perdón es una herramienta poderosa que libera a nuestro corazón, del miedo, del dolor, del autoflagelo. Todo pasa en esta vida. Lo único inmutable es el espíritu que trasciende cualquier tiempo, cualquier materia, cualquier concepto. El perdón juega un papel importante en el campo del mundo emocional, pero llega un punto en que las emociones son pasajeras. Los rigores de la falta de perdón, nos alienan; entumecen el cuerpo físico; nos cercena, coarta el poder y la calidad de nuestra energía vital.


Lejos de caer en la diatriba, de si el perdón existe o no, o que se trata de una invención del ego. En este plano terrenal, el perdón que a veces cuesta más aceptar, es el perdón a nosotros mismos. “Tenemos que aprender a ser más gentiles con nosotros mismos”, es una frase que siempre me repite una querida amiga. A veces caemos en la tentación de pensar que nuestros errores son garrafales, casi imposibles de reparar y olvidar, o que “nos encanta tropezar varias veces con la misma piedra”. Entonces, es allí donde le damos paso a los remordimientos, a los juicios y a las autocríticas, con la idea de autoflagelarnos.

Leí una frase de la filosofía budista que me encantó, y que dice lo siguiente: “lo que sea que venga déjalo venir; lo que se quede déjalo estar, lo que se va, déjalo ir”, con esta frase, interpreto que todo lo que ocurre en nuestras vidas, es parte de la evolución de la misma, aún y con todas “las metidas de pata” o “sin sabores” experimentados. Solo hay que fluir, aceptar, reconocer, perdonar, y en especial, tener compasión con nosotros mismos. Nadie está exento de cometer errores, el fracaso como el éxito, son parte constante de nuestro aprendizaje.

Y si la perfección en este mundo, es inexistente, difícilmente podemos pretender que quienes nos rodean, sean perfectos, y que actúen según nuestra precepción o creencias, acerca de lo que es correcto o incorrecto. Todos en algún momento, dejamos ver nuestro lado más oscuro, o nos sumergimos por un tiempo en él, hasta que en algún momento decidimos mostrar el lado más luminoso de nuestra existencia. No siempre, somos afables, cariñosos, bondadosos o pacientes con el mundo que nos rodea, y el “mundo” obviamente, nos regresa todo eso, de igual forma, o con mayor potencia.

También, en colectivo o como sociedad, nos toca “compartir” los “tropiezos”, protagonizados por otros, y en lugar de quedarnos serenos, actuamos de forma reactiva, rechazando o huyendo. Solo cultivando la ecuanimidad, llegamos a comprender y aceptar, que nada se mueve, evoluciona o se estanca, por casualidad.

El perdón es una herramienta poderosa que libera a nuestro corazón, del miedo, del dolor, del autoflagelo. Todo pasa en esta vida. Lo único inmutable es el espíritu que trasciende cualquier tiempo, cualquier materia, cualquier concepto. El perdón juega un papel importante en el campo del mundo emocional, pero llega un punto en que las emociones son pasajeras. Los rigores de la falta de perdón, nos alienan; entumecen el cuerpo físico; nos cercena, coarta el poder y la calidad de nuestra energía vital.

Es mejor hacer de observador, respirar profundo y soltar las pesadas anclas de la falta de perdón y compasión. Cuando nos miramos con amor, es el sentimiento de amor el que nos mueve. La ecuanimidad, nos conecta con la paz, nos permite reconocer que “nada es bueno, nada es malo, simplemente es”, por lo que es importante, transitar por esta tierra, “sin amarras de autocastigo”.

 

 


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