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OPINIóN

Resucitar a una nueva vida

abril 5, 2018

Redactado por: Antonio Pérez Esclarín

Cuando se lucha contra el sufrimiento, cuando se alivia el dolor, cuando se trabaja por bajar de la cruz a los crucificados por la miseria y la injusticia, allí está actuando el reino de Dios. Si hoy reina en Venezuela la violencia, la opresión, la miseria, la injusticia, la mentira, el egoísmo, la insensibilidad, Jesús nos invita a construir el reino de la paz, la fraternidad, el servicio, la compasión, la vida.


Estos días de Pascua de Resurrección son días de júbilo y esperanza. Por ello, también, de compromiso. Celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor sobre la crueldad, el odio y la violencia. Para los seguidores de Jesús, la cruz y el Viernes Santo no son la última palabra: Son sólo paso, puerta a una vida renovada. Por ello, celebrar la resurrección, el triunfo de la vida sobre la muerte, de la paz sobre la violencia, del perdón sobre la venganza, debe ser ocasión para renovar nuestra decisión de seguir con radicalidad a Jesús y trabajar con alegría por su proyecto: El reino, que es construir una Venezuela próspera, reconciliada, justa y en paz donde todos vivamos con dignidad y queden atrás como recuerdos dolorosos, las colas, la escasez, la inflación, el hambre, la inseguridad.

El Dios de Jesús es amigo de la vida, tiene pasión por una vida más sana y dichosa para todos, y nos invita a compartir su sueño y su proyecto de amor. Eso es el reino. El reino de Dios está en la disposición de servir. Cuando se lucha contra el sufrimiento, cuando se alivia el dolor, cuando se trabaja por bajar de la cruz a los crucificados por la miseria y la injusticia, allí está actuando el reino de Dios. Si hoy reina en Venezuela la violencia, la opresión, la miseria, la injusticia, la mentira, el egoísmo, la insensibilidad, Jesús nos invita a construir el reino de la paz, la fraternidad, el servicio, la compasión, la vida. Un reino sin tronos ni palacios, sin lujos ni pompas, sin ejércitos ni cuerpos de seguridad, sin represión ni violencia, con el único poder, como Jesús, de curar, de ayudar, de servir, de perdonar. Un reino donde los últimos son los primeros, y por ello se les atiende con políticas eficaces y dignificadoras.

El reino de Dios es, en definitiva, el anti-reino de los poderosos y de los que dominan en la tierra. Como Jesús lo palpó y lo entendió con meridiana claridad “los jefes de las naciones las gobiernan como dueños y los grandes hacen sentir su poder. No debe ser así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser grande que se haga su servidor, el que quiera ser el primero que se haga su esclavo. Porque así sucede con el Hijo del Hombre, que no ha venido a ser servido sino a servir, y a dar la vida por todos” (Mateo 20,20 y ss).

El reino de Dios comienza a estar ya entre nosotros, lo vamos construyendo, cuando servimos a los necesitados, cuando nos esforzamos por combatir la injusticia y la violencia. Para Jesús, servir a Dios y su proyecto es servir al prójimo necesitado: no hay otra manera de servir a Dios que sirviendo al prójimo.

Celebrar la resurrección nos debe impulsar a renacer a una nueva vida, a trabajar con mayor tesón por Venezuela, desterrando toda tentación de recurrir a la violencia y la venganza.

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