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OPINIóN

Alegría y esperanza subversivas

mayo 3, 2018

Redactado por: Antonio Pérez Esclarín

Más bien, estoy convencido de que la actitud alegre y entusiasta es una especie de victoria, pues a los que nos quieren sometidos y vencidos, les resulta insufrible ver personas que no se rinden y siguen trabajando con pasión y entrega por sacar a Venezuela del abismo en que la han arrojado.


Me gusta repetir que, en estos tiempos tan difíciles, la verdadera alegría que mana de adentro, de la paz del corazón y de la seguridad de que uno está cumpliendo con su deber de ciudadano, es subversiva. Porque los que nos gobiernan nos quieren tristes, deprimidos, derrotados, sin espíritu de lucha ni fuerzas para reclamar la vida digna y en paz a la que todos tenemos derecho. Yo, por lo menos, me esfuerzo todos los días para que no me derroten ni amilanen.

Más bien, estoy convencido de que la actitud alegre y entusiasta es una especie de victoria, pues a los que nos quieren sometidos y vencidos, les resulta insufrible ver personas que no se rinden y siguen trabajando con pasión y entrega por sacar a Venezuela del abismo en que la han arrojado.

Muy consciente de que sobrevivir, o incluso alimentarse, cada día está resultando una tarea heroica a la que la mayoría dedica todas sus fuerzas y energías, yo cada mañana doy gracias a Dios por la vida y por las oportunidades que me brinda el nuevo día para trabajar por Venezuela y me repito con convicción: “Hoy no voy a permitir que los amargados me amarguen; que los pesimistas me contagien su miedo; que los violentos me quiten la paz; que los derrotados me hagan claudicar. Hoy, voy a tratar de vivir como un regalo para los demás. Todas las personas con las que hoy converse, que de mis palabras salgan animadas, estimuladas, comprometidas a trabajar por Venezuela. Si muchos se dedican a sembrar desánimo y división, yo voy a tratar de sembrar esperanza y unión”.

Cuando trata de abatirme la desesperanza, hago mío este texto de Eduardo Galeano: “Nosotros tenemos la alegría de nuestras alegrías y también tenemos la alegría de nuestros dolores y estamos orgulloso del precio de tanto dolor que por tanto amor pagamos. Nosotros tenemos la alegría de nuestros errores, tropezones que muestran la pasión de andar y el amor al camino: tenemos la alegría de nuestras derrotas porque la lucha por la justicia y la belleza valen la pena también cuando se pierden. Y sobre todo, tenemos la alegría de nuestras esperanzas en plena moda del desencanto, cuando el desencanto se ha convertido en un artículo de consumo masivo”.

Es la misma idea que expresó con sencillez, ya en el ocaso de su vida, Paulo Freire, pedagogo de la esperanza comprometida, un hombre que siempre permaneció radicalmente fiel al pueblo más olvidado y oprimido: “Reconozco los obstáculos y dificultades, pero rechazo acomodarme y resignarme en silencio, o simplemente ser el eco vacío, avergonzada o cínico, del discurso dominante”.

Durante toda su vida Freire se dedicó a gestar una educación crítica y liberadora, que capacitara al pueblo para transformar las estructuras de opresión que lo convertían en siervo, mendigo o cliente, y le impedían convertirse en genuino ciudadano, con voz y con poder.

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