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OPINIóN

El invento más maravilloso

mayo 19, 2018

Redactado por: Simón Petit

Estos últimos años han sido muy dolorosos. Grandes amigos se han despedido físicamente de este mundo y uno siente que va quedándose en ese particular, solo, sin amigos; con familia e hijos, pero sin amigos. Porque lo amigos son también esa familia que no es consanguínea pero por la cual uno lucha y da la vida como si fuese la familia real.


Tantas veces hemos leído y escuchado que la vida es una sola y la vemos simplemente como un lugar común en la frase. Y es verdad: la vida es una sola. No pienso iniciar aquí un escrito filosófico y menos de reflexionar sobre un tema harto trillado en esas tertulias en las que la inmortalidad del cangrejo forma parte de alguna agenda contra el fastidio; pero lo cierto es que sin aspavientos, uno comienza a entender que la vida es más de lo que solemos hacer al pensar qué es la vida. Y evidentemente, hay muchas formas de disfrutarla. Desde lo más sencillo hasta lo más complejo; pero me gustaría compartir por un momento, al menos en estas líneas, que de lo bello de la vida, una de las tantas cosas que más disfruto es la amistad.

Estos últimos años han sido muy dolorosos. Grandes amigos se han despedido físicamente de este mundo y uno siente que va quedándose en ese particular, solo, sin amigos; con familia e hijos, pero sin amigos. Porque los amigos son también esa familia que no es consanguínea pero por la cual uno lucha y da la vida como si fuese la familia real.

Voltaire decía que la amistad es el casamiento del alma entre personas sensibles y virtuosas, de allí que también veamos que tal casamiento, algunas veces, tampoco está exento del divorcio. Porque podemos ser sensibles, amorosos, querendones e incluso hasta alcahuetas con los amigos y amigas; pero también somos sensibles ante las diferencias que en ocasiones son irreconciliables. Y podemos decir que somos virtuosos porque somos honestos por nuestros principios y valores. Refiere el mismo Voltaire que “los perversos sólo tienen cómplices, los voluptuosos, compañeros de disolución, los comerciantes tienen asociados, los políticos, partidarios, la generalidad de los hombres ociosos relaciones superficiales, los príncipes, cortesanos; sólo los hombres virtuosos tienen amigos”.

Ahora bien: disfrutar de la amistad es también un gozo. Ese gusto nos lo damos quienes venimos a descubrir lo maravilloso que significa no solo alegrarse por la presencia de los amigos, sino también el hecho de formar parte de su vida. Uno en definitiva se siente bien e indudablemente eso repercute en la salud, tanto física como mental. Dice Lí Po “Nuestra flotante vida es como un sueño; ¿cuántas veces puede uno gozar de sí mismo?” Si eres feliz con los amigos, entonces, vives. Así de simple. Ese gozo también está en apreciar lo que tenemos. Es decir, lo que nos conforta y satisface. De esa relación afectiva de la amistad, se construye un lazo más fuerte, más profundo, como el ser amigo o amiga, sobre la base de la reciprocidad y el trato asiduo. Se consolidan valores fundamentales que se transforman en la lealtad, el amor, la solidaridad, la incondicionalidad, la sinceridad y el compromiso. Y también podemos decir que cada momento debe ser inolvidable, de allí que esa persona que siempre ha estado en las buenas y en las malas, desinteresadamente, tiene que ser espejo de tu felicidad, y por lógica, tú el de ella cuando ésta sea feliz.

Quizá por la misma dinámica de nuestras ocupaciones, dejamos de vernos, nos distanciamos, incluso, ni nos llamamos; pero contrario a todo esto, estás presente no estándolo, porque la amistad -como dijo Aquíles Nazoa- es el invento más maravilloso de los hombres. Podemos prescindir de todo, menos de la amistad. Ud., me dirá, querido lector: eso es falso porque en oportunidades pasamos de amigos a enemigos y no quiero saber nada de él o ella. Yo le respondo: si algún día alguien deja de serlo, inevitablemente estará condenado a tenerlo para siempre en su recuerdo. Son páginas de tu libro que no puedes borrar y así quedará escrito.

 

 


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