Lo último

OPINIóN

Lo que criticamos

mayo 21, 2018

Redactado por: Ricardo Gil Otaiza

Lo más grave del asunto (y lo que más debería llamar la atención de los estudiosos en estas materias “del espíritu”) es que en los dos bandos en pugna hay similares comportamientos. Oficialistas y opositores utilizamos la misma arma de la intolerancia que nos criticamos unos a otros.


Con frecuencia no nos damos cuenta del grado de intolerancia que se ha posicionado entre nosotros. Enfrascados como estamos en la crisis que devora nuestra felicidad, vamos perdiendo los espacios para el disenso, para la diferencia de opiniones, para la dialógica como forma de dirimir nuestras posiciones. Nos gusta encasillar, categorizar, meter en un mismo saco de gatos a todos, sin ningún respeto ni consideración. Pareciera que lo axiológico en nuestro país (que debería sustentarnos, sostenernos, blindarnos y enorgullecernos) se hubiese ido por el sumidero de la crisis, hasta dejarnos inermes en el ahora. Desde que sufrimos esta división política y social entre oficialistas y opositores, aquí no hay matiz alguno: no hay posibilidad de pensar, ya que quien ose defender su derecho a ser quien es, o a expresar con libertad sus ideas, enseguida es maculado, ensuciado, enlodado. Es tan asfixiante nuestro medio social, que quienes defendemos a ultranza el ser librepensadores, el hacer lo que nuestra conciencia nos depare, somos agredidos, ya que por “obligación” tenemos que enarbolar las banderas grupales, tribales o de partidos, porque de lo contrario te caen a insultos, te degradan, como si quienes así actúan fuesen espíritus puros y estuviesen facultados por su “elevada honorabilidad” a dilapidar el nombre y la vida de los otros y a quedarse tan tranquilos como si nada.

Lo más grave del asunto (y lo que más debería llamar la atención de los estudiosos en estas materias “del espíritu”) es que en los dos bandos en pugna hay similares comportamientos. Oficialistas y opositores utilizamos la misma arma de la intolerancia para criticamos unos a otros. No sé si es remedo, karma o estupidez lo que aquí impera, pero si cierras los ojos lo que escuchas son las mismas sinrazones, los mismos desvaríos y las mismas ofensas y bajezas, y no podemos distinguir la verdad de la mentira. Solemos ver y denunciar con suma claridad las pajas en los ojos ajenos, pero silbamos y nos hacemos los locos y los desentendidos con las vigas que llevamos en los nuestros. Es algo tremendo, inaudito y feroz, porque sientes que te falta el oxígeno y que se te cierran los espacios para tu propia dignidad personal. Lo que impera es el ojo por ojo y el diente por diente, y lo ves en gente supuestamente culta y de “elevados principios”, muchos de los cuales deberían ser ejemplos de equilibrio y sindéresis para su entorno: espejos en los que los otros se miren para no caer en los abismos de los que cuesta salir con la dignidad erguida. Pero no; es tal la rabia contenida, la inquina por lo que aquí pasa y el desvarío epocal (que nos envuelve como en un torbellino), que a todos se nos van los tiempos, caemos en territorios ajenos a la ética, y hacemos precisamente lo que criticamos sin que nos quede el menor asomo de duda.

Estamos hundidos hasta el cuello en un estercolero, aquí no hay nadie que pueda gritar tener la razón en medio de tanta bulla y confusión. Con frecuencia se dice que nuestro pacto social es la Constitución, pero la realidad nos dice que se convirtió en letra muerta y ha sido tan vapuleada que ya nos inspira conmiseración. Urgimos de un auténtico y verdadero pacto social, que no sea solo de papel, sino de realidad y de acción, que todos respetemos y veamos como la brújula que nos oriente hacia un puerto seguro. Urge el entendimiento entre los venezolanos para juntos salir de la oscuridad en la que nos hallamos perdidos. Caímos en un vacío, y solo el Verbo (con mayúscula, qué duda cabe) como expresión del pensamiento razonado, podrá ayudarnos en la tarea que tenemos por delante.

 

 


Foto/ Cortesía

Etiquetas: , ,