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OPINIóN

La hora de las angustias

mayo 25, 2018

Redactado por: Neri La Cruz

Alguien dijo alguna vez que si hubieran administrado el poder de la Asamblea Nacional que en su momento el pueblo les dio, nos hubiéramos evitado muchos dolores. Ramos Allup, pavoroso cultor de esos males, quedará execrado por la historia. Ahora están pensando en unas nuevas elecciones fuera del marco convencional. Otro error.


Venezuela vive hoy en día momentos embarazosos. No es despegar la concha de una mandarina, lo que a los venezolanos les toca hoy por hoy realizar. La angustia cubre en su manto frío, el quehacer más esencial de los conciudadanos de estas tierras benditas por una providencia que a ratos, los arroja al rincón de las pesadumbres. La ecuación mostrada en el pizarrón de la patria tiene muchas incógnitas que despejar.

La oposición política de hoy, arreojada en sus propios grilletes, anda del timbo al tambo, como buscando en los azares de su propia historia, algún eslabón fetiche que los saque de la penumbra persistente. Vienen desde hace ratos cometiendo errores de elemental política y nadie duda en este momento que si hubieran participado en el último proceso eleccionario hubieran obtenido el triunfo sino aplastante, muy significativo.

Alguien dijo alguna vez que si hubieran administrado el poder de la Asamblea Nacional que en su momento el pueblo les dio, nos hubiéramos evitado muchos dolores. Ramos Allup, pavoroso cultor de esos males, quedará execrado por la historia. Ahora están pensando en unas nuevas elecciones fuera del marco convencional. Otro error. No hay duda de que la oposición política hoy en día es mayoría en el país. Pero sus dirigentes no saben administrar esa mayoría. Son torpes hasta en la autocrítica, cuando a destiempo la topan. La ambición subalterna los obnubila. La mentira los saquea de probidad.

Mientras tanto el gobierno, nunca contento con una reciente victoria que todavía no termina de convencerlos a ellos mismos, hace inmensos esfuerzos para deslastrarse de la visión pacata de esa victoria. Nadie sabe dónde fueron a parar las colas que se vieron cuando la reciente reinscripción del PSUV, o los quince millones de venezolanos con Carnet de la Patria, o los millones de venezolanos con ayudas de Clap, Amor Mayor, empleo joven, etc. Todo un descalabro político. Por eso se nota con frecuente disgusto al Presidente durante sus últimas acometidas televisivas. Y tiene razón de estar bravo. Hubo muy poca correspondencia. Mientras tanto el pueblo observante de los sacudones de escueta política, asaltado por una economía circunscrita en los perímetros de la hiperinflación y la especulación infame y abrumado por la torpeza de liderazgos incompetentes va asistido de una razón de la cual oprobio alguno pueda arrebatar. Y mira exhausto la procesión de los errores de parte y parte. Sabe que la altísima abstención del domingo obedece no al llamado exclusivo de la oposición sino que la mitad de ella se debe a la ausencia en las mesas de millones de venezolanos fuera del país. Y sabe algo más.

Ese pueblo sabio está claro en que por encima de las contrariedades que hoy en día se suscitan entre venezolanos, más temprano que tarde Venezuela saldrá avante de toda angustia que hoy pueda atosigar la tranquilidad de sus ciudadanos.

 

 


Foto/ Cortesía

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