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OPINIóN

Paz y reconciliación

mayo 31, 2018

Redactado por: Antonio Pérez Esclarín

La paz se construye sobre el diálogo, la negociación, la verdad, la justicia y el perdón, pero exige también competencia, trabajo digno y bien remunerado, seguridad, observancia de las leyes, cumplimiento de la Constitución, acceso sin humillaciones ni colas a los bienes y servicios esenciales.


Para enrumbar a Venezuela por los caminos de la prosperidad y la convivencia, necesitamos superar el ambiente de confrontación y enfrentamiento que nos ha llevado al abismo e impide superar las gravísimas crisis (política, económica, social y moral), que están carcomiendo las entrañas de la República. ¡Son ya demasiados años de abusos, personalismos, ineficiencia y la obstinación en mantener medidas desacertadas que han traído ruina, violencia y divisiones!

Necesitamos reencontrarnos y empezar juntos a construir la paz. La paz se construye sobre el diálogo, la negociación, la verdad, la justicia y el perdón, pero exige también competencia, trabajo digno y bien remunerado, seguridad, observancia de las leyes, cumplimiento de la Constitución, acceso sin humillaciones ni colas a los bienes y servicios esenciales. Reconstruir la paz y la convivencia va a exigir cambiar la confrontación por el respeto; las ambiciones por la solidaridad; la desconfianza por alianzas; la soberbia por humildad; la retórica y el ocultamiento de la realidad por políticas eficientes que resuelvan problemas; la mentira por la verdad. La verdad requiere humildad, es decir, deponer el orgullo que consiste en la defensa absoluta de una causa, sin ojos para ver las consecuencias de esa causa que, en el discurso, puede sonar como muy buena. Las causas y banderas por las que se lucha pueden parecer dignas y también su defensa; sin embargo pueden estar atravesadas de ignominia y resultados desastrosos. La honradez en reconocerlo hace posible asumir la verdad y caminar con pasos firmes hacia la reconciliación y la superación de los problemas. La verdad implica también superar la tentación de confundir promesas con realidades, culpar siempre al otro de los errores, y negar la historia reescribiéndola a conveniencia. No es posible que se siga utilizando el hambre y la escasez para ganar fidelidades, obtener dividendos politiqueros y castigar a los adversarios. Actuar de este modo no sólo supone una gran inmoralidad, sino que contribuye al hundimiento del país porque lleva a la desvalorización del estudio, el trabajo, y el esfuerzo.

El orgullo, la incompetencia y la ceguera, disfrazados de patriotismo, llevan a la impunidad, el autoritarismo y a la negación de la democracia. La impunidad es una lacra social y política que favorece la corrupción, los abusos y las conductas delincuenciales. En Venezuela, la delincuencia se ha convertido en una forma de vida y cada vez más personas viven hoy de ella, como nos lo evidencia el número de robos, atracos y asesinatos, y el auge incontrolado de todos los tipos de especulación, contrabando, bachaqueo, apropiación, y reventa de los productos regulados. No puede ser que cualquier persona, bachaqueando o matraqueando, gane en un rato más que lo que gana un profesional con su trabajo.

 

 


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