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OPINIóN

¿Soberanía agroalimentaria?

junio 1, 2018

Redactado por: Ramón Guillermo Aveledo

La colectivización de los medios de producción es parte de la receta fracasada en todas partes que nuestros revolucionarios se empeñan en imponer. Somos el único país del planeta tierra donde tal terquedad persiste.


¿Por qué no compran aquí los productos de la caja Clap? No sería en divisas, apoyaría empleos venezolanos y estimularía la economía nacional. ¿Sería contrarevolucionario? Me pregunto hace rato, aunque me temo que sé la respuesta y ahora la comparto con ustedes, les aseguro que con deseo de estar equivocado, aunque no creo que lo esté.

Una narrativa nacionalista como la que empapa tanto la propaganda oficial como el objetivo de soberanía agroalimentaria proclamado con tanta fuerza en planes, discursos, decisiones y cuñas, apuntaría lógicamente a que la caja Clap, síntesis de las políticas económicas y sociales y, si a ver vamos, de la política gubernamental, estuviera llena de productos hechos en Venezuela. Pero no es así y, a juzgar por lo que manifiestan los jerarcas que ya algunos llaman boligarcas, tampoco está en sus planes.

Los productos de la caja Clap no son comprados aquí por varios motivos. El primero es que no hay suficiente producción nacional ¿Y por qué? Porque a la empresa venezolana de la ciudad y del campo se la ha golpeado con retórica incendiaria que la sataniza y con medidas de expropiaciones, arbitrariedades, persecuciones, regulaciones excesivas frecuentemente carentes de conocimiento y/o comprensión de la realidad. Y también porque la empresa socialista con la cual se la ha querido sustituir, acaso salvo alguna excepción, no funciona.

Tampoco se quiere fortalecer la industria, la agricultura y el comercio nacional porque la superstición ideológica pesa más en nuestros gobernantes que su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución. La colectivización de los medios de producción es parte de la receta fracasada en todas partes que nuestros revolucionarios se empeñan en imponer. Somos el único país del planeta tierra donde tal terquedad persiste. Lo mismo ocurre con el trabajo. Más y mejores fuentes de empleo traen prosperidad, independencia del Estado y, por lo tanto, sindicatos autónomos. En verdad, la intención es la contraria: debilitar cualquier actividad libre y si es posible, desaparecerla.

Pero por encima de esos datos objetivos, hay otro subjetivo. Subjetivo por referirse a los sujetos que toman las decisiones. El negocio que sí se protege está en importar. Comprar en el extranjero implica manejo de divisas cuya disponibilidad es monopolio del gobierno. Así se alimentan el clientelismo, el favoritismo y la corrupción. Esa es la seguridad alimentaria a garantizar.

 

 


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