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OPINIóN

Luz de amor paterno

junio 17, 2018

Redactado por: Katty M. García C.

Aunque llenos de imperfecciones, como cualquiera de nosotros, los padres son hombres de luz, cada vez más flexibles, amorosos, nobles, y sobre todo muy humanos. Ellos representan la fortaleza, la guía, la protección y el amor de la divinidad por esta tierra.


En cierta ocasión, un amigo neuroinvestigador, me pidió hacer un test, que consistía en realizar un dibujo de un espacio o del tema que yo quisiera. Me vino a la mente los dibujos que muchas veces hace de niña. Así que me di a la tarea de crear nuevamente aquello que yo tanto dibujaba. Cual ilustración de kínder, hice una hermosa casa con su puerta, sus ventanas, frondosos árboles a los lados, plantas, —incluso creo que había una cascada de agua en el fondo—, nubes en el cielo y un hermoso sol, que iluminaba todo. Claro, había otros pequeños detalles, que por cuestiones de privacidad, me las reservo. Lo cierto, es que luego de terminar mi dibujo, mi amigo procedió a darme algunas de sus interpretaciones con relación a lo que yo acababa de plasmar. Lo que más recuerdo de sus palabras, —y es algo que me complace—, es que ese hermoso sol que yo había dibujado, representaba, según él, la presencia y protección permanente de la figura paterna. Una figura que para mí, tiene hoy dos dimensiones: en primer lugar la protección divina (que viene de la fuente creadora), y en segundo lugar, la luz de amor de mi hermoso padre. De hecho el nombre de mi papá, tiene por significado “piedra angular”, lo que representa la base firme de toda edificación, y yo lo traduzco, como la base del hogar familiar.

Hace varios meses que no abrazo a mi padre, por cuestiones de distancia física. La última vez que lo hice, fue un momento emotivo para mí. Sin embargo, siempre me complace ver su rostro y escuchar sus palabras por la pantalla del móvil cada vez que nos comunicamos. Cuando paso muchos días sin verlo, me comienzo a inquietar. A pesar de que ya supero los 40 años de edad, para él sigo siendo una de sus “muchachitas”. Y supongo que siempre será así.

Mi único hermano, lleva también el nombre de mi padre. Una costumbre familiar y cultural propia de nuestra tierra, con la intención de seguir el legado y continuar la descendencia con el mismo nombre y apellido.

Mi hermano también es un padre ejemplar, sus dos pequeñas hijas, están muy apegadas a él. Las niñas también son las consentidas del abuelo. A quien le brilla de felicidad el rostro cada vez que las tiene cerca.

Además de mi papá y mi hermano, tengo la dicha de conocer hombres que son extraordinarios padres, como algunos de mis tíos y varios amigos. Es algo que admiro profundamente de la figura masculina, esa capacidad de amor y protección, de firmeza, provisión y seguridad, todo al mismo tiempo. Comprendo que cuando un hombre forma una familia, su única opción es siempre salir adelante, asumir los retos que le corresponda para sostener su hogar, aún en las más duras adversidades. Histórica y culturalmente, a ellos casi se les ha negado manifestar abiertamente sus emociones, hasta en muchos casos se les ha prohibido llorar, sosteniendo la idea “de que los hombres no lloran”, porque tienen que ser siempre fuertes. Afortunadamente, el mundo está evolucionando y todas esas rígidas ideas han cambiado.

Aunque llenos de imperfecciones, como cualquiera de nosotros, los padres son hombres de luz, cada vez más flexibles, amorosos, nobles, y sobre todo muy humanos. Ellos representan la fortaleza, la guía, la protección y el amor de la divinidad por esta tierra. ¡Gratitud para todos ellos!

 

 


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