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OPINIóN

Superar la venganza y optar por el perdón

julio 12, 2018

Redactado por: Antonio Pérez Esclarín

En Venezuela, si queremos recuperar el rostro humano, necesitamos hablar sin miedo de la necesidad del perdón. Sólo el perdón puede abrir un futuro auténtico y generar nuevas relaciones. Perdonar es un acto de libertad que no hace suya la lógica de la rivalidad.


Si, según Delsy Eloina Rodríguez, al menos para ella y para su hermano Jorge, en la raíz de la revolución bolivariana se asienta el ansia de venganza por el asesinato en 1976 de su padre, se explica lógicamente que la supuesta revolución bolivariana haya traído miseria, destrucción, violencia y muerte. La venganza se alimenta de rabia, enojo y deseos negativos que envilecen y consumen a las personas. Las satisfacciones que produce la venganza son efímeras y deshumanizan. Por ello, alimentan con más fuerza la crueldad y los deseos de nuevas venganzas. Optar por la venganza significa optar por la muerte. Con odio, rencor y deseos de venganza no va a ser posible construir una sociedad humana y humanizadora. De ahí que para empezar a reconstruir a Venezuela, debemos de una vez cerrar las puertas a las tentaciones de confundir la justicia con los deseos de venganza.

Justicia, sí. Venganza no. Nunca. La venganza, el rencor y el odio envenenan la vida. La venganza destruye no sólo a la víctima sino también al que la causa y alimenta el círculo infernal de la violencia. Un refrán chino dice “el que busca venganza debe cavar dos tumbas” y en su obra “Los condenados de la tierra”, un libro dedicado a denunciar la tortura, Franz Fanon deja en claro que cada torturado termina convirtiéndose en torturador.

Basta ya de seguir sembrando ofensas, insultos y odio, que alimentan los deseos de venganza. El odio provoca y justifica la violencia y la violencia a su vez provoca el odio. Es un círculo vicioso que sólo lo puede romper el perdón. Necesitamos todos sanar las heridas y dejar de alimentar los sentimientos negativos y nocivos que nacen del rencor y los deseos de venganza. Por ello, en Venezuela, si queremos recuperar el rostro humano, necesitamos hablar sin miedo de la necesidad del perdón. Sólo el perdón puede abrir un futuro auténtico y generar nuevas relaciones. Perdonar es un acto de libertad que no hace suya la lógica de la rivalidad.

Perdonar no es olvidar ni borrar. Perdonar significa deshacerse de esa decepción y ese rencor a los que uno tiene derecho. Perdonar puede significar la renovación para un ser humano, para una comunidad e incluso para un país. Perdonar es un acto de valentía de la persona, consciente de que quiere deshacer la fascinación del mal e incluso liberar al enemigo de la esterilidad y el aislamiento. Así el perdón abre de nuevo el futuro para el perdonado y para el que perdona. No perdonar conduce a la ausencia de relaciones y a la frialdad en la vida. El que no persona se pasa la vida dando vueltas en un frío cálculo hecho de rencor, autocompasión y desprecio.

Pero el perdón no es un salvoconducto para obrar mal, ni significa que lo mal hecho no tiene importancia. Si los ladrones son perdonados sin más, si los políticos corruptos son perdonados sin más, si los asesinos y torturadores son perdonados sin más…la sociedad canoniza a sus mismos destructores, deja inermes a las personas y se destruye a sí misma. Por ello, el perdón supone la justicia, que no consiste en aniquilar al malhechor, sino en liberarlo de sus deseos destructivos y en darle la posibilidad de iniciar una relación nueva.

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