Dulces de leche: un manjar en peligro de extinción

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  • Hora actualización: 11/10/2017 | 11:45 am
  • Por Kimberly Yánez

Los dulces de leche son la puerta de Falcón al mundo. El perfecto suvenir que ha deleitado miles de paladares, hoy ha desaparecido de muchos anaqueles, lo que pone en peligro a las pequeñas empresas.

La cubana Bernardina Caridad de Ramírez, conocida como Doña Katy, vino de visita turística a Venezuela con unas amigas en 1958, año en el que dio inicio a la lucha insurreccional de Fidel Castro contra el presidente Fulgencio Batista y que imposibilitó su regreso a la isla una vez instaurada la era castrista. Resignada a hacer vida en Falcón, la mujer continuó la tradición de su madre de preparar dulce de leche en vista de que era un manjar también adoptado por los corianos.

Este negocio familiar de más de un siglo la convirtió en la hija adoptiva del estado costeño que la vio resurgir a pesar de las circunstancias que atravesaba su país. Actualmente los dulces de Delicateses Katy son famosos en todo el mundo por su trayectoria y particular sabor. Sin embargo, a sus 87 años mira con tristeza cómo la escasez de materia prima ha ocasionado que sus empleados e hijos trabajen para vender solo 15% de su capacidad.

Su establecimiento artesanal, que ha cerrado más de cinco veces este año, tiene muy poco que celebrar hoy, el Día Mundial del Dulce de Leche, al igual que muchas otras pequeñas empresas dedicadas a la producción de este rubro dispuestas en todo Falcón.

Materia prima e inflaciónAbigail Ramírez, su hija, explicó que el azúcar solo se consigue a sobreprecio por los famosos revendedores conocidos como “bachaqueros”, pues no cuentan con la planta estatal Sabilven para surtirse: “Es una alternativa que no sirve para nada. Vamos y ni nos atienden”, sentenció, al mismo tiempo que señaló que no concibe que estos productos de tamaños industriales aparezcan en las calles en manos de especuladores y que desde el gobierno regional no se tome en cuenta la trayectoria y la importancia de lo autóctono para mantener el patrimonio falconiano y garantizar que la proveeduría surta a las pequeñas empresas.

En tanto que en lugar de comprar un saco a 200 bolívares, paga hasta 1.200.000 bolívares, lo cual no solo disminuye la cantidad de dulces que puede vender, sino que interviene en el aumento de precios. A principios de este año, un cuarto de kilo del manjar costaba 300 bolívares, ahora alcanzó los 12.000 bolívares.

Es por ello que dejaron de distribuir en locales comerciales ubicados en los cuatro ejes de Falcón, así como también limitaron los ocho sabores a solo dos: tradicional y de guayaba. La gama de combinaciones que hacía famosa la marca aguaba más de un paladar como el chocolate, la piña y coco, que son los favoritos entre los comensales.

Al igual que el azúcar, de 300 litros de leche de vaca recién ordeñada diarios, actualmente solo compran 100, que rinde para unos 30 kilos de dulce, por lo que Ramírez lamentó cuán vacíos están los anaqueles debido a esto. Aunque por fortuna hoy están operativos, “solo vamos a trabajar por 15 días que es para lo que nos alcanza la materia prima, entonces cerramos por un mes o hasta que se consiga”, alegó.

Estos dulces también necesitan de un conservante, el cual aumenta cada semana y de forma más acelerada. Este pasó de costar 15.000 bolívares a rondar los 90.000 bolívares en lo que llamó un parpadeo, en tanto que teme en cuánto vendrá el próximo mes en caso de reabrir operaciones.

Pequeñas empresas sin futuroLa encargada de llevar esta tradición sobre sus hombros expresó que lo que más le preocupa es la estabilidad de sus cinco empleados, de cuyo trabajo dependen para mantener a sus familias. “Tratamos de estirar lo más que podemos para que nuestros trabajadores perciban el cestaticket”, informó; “ellos por supuesto reciben su salario integral y al día con los aumentos, pero es difícil mantener una empresa de esa manera y cuando los tenemos que devolver para sus casas”, argumentó.

Ramírez enfatizó que su negocio, al igual que otros que enaltecen las tradiciones falconianas, siempre han sido la puerta del estado al mundo, pues muchos de sus clientes son turistas que tienen prohibido regresar si no llevan consigo un dulce de Katy como suvenir. De manera que para ella, es inconcebible que no cuenten con materia prima y que “el gobierno deje morir algo que es tan propio. No tenemos ayuda de nada. A mi mamá le da mucho dolor cuando no estamos paleteando dulce”, expresó.

La pequeña empresaria reiteró que son las costumbres, platos y artesanías lo que hacen atractivo el estado e impulsan la economía local. “Lo que queremos es trabajar y todo vuelva a ser como era antes”, manifestó esperanzada de que los anaqueles de su establecimiento en la calle Colón vuelvan a estar llenos de sus productos y con la gama de sabores que le dieron a su marca un sello gastronómico. Pero por encima de todas las cosas, anheló que su madre recupere el entusiasmo de ver renacer el legado que siendo expatriada le regaló al país que la adoptó como suya.

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