#Entrevista Manuel Felipe Sierra: Venezuela vive una guerra civil delictual

  • En Política
  • Hora actualización: 20/03/2017 | 1:00 pm
  • Por Josmary Escalona

El periodista de amplia trayectoria consideró que la ruptura entre la dirigencia política y la realidad del país trae como consecuencia el incremento de la violencia que arroja una guerra civil delictiva.

La situación venezolana se ha tornado complicada por los diversos aspectos que confluyen en el acontecer diario nacional, lo económico, lo social y lo político, pero cómo entender lo que está sucediendo si cada persona está sumergida en su búsqueda individual de soluciones a problemas de carácter macro, pero que no son atendidos por los organismos responsables.


El analista político Manuel Felipe Sierra estuvo de visita en la ciudad de Coro y fue abordado para aclarar el panorama del país y comprender algunos aspectos de fondo que producen la crisis que actualmente aqueja al ciudadano.

Sierra afirma que el telón de fondo para el conflicto en Venezuela es el divorcio del país nacional con el país político, lo que arroja como consecuencia un incremento de la violencia.

Pero además considera que como producto de esa violencia se produce una especie de guerra civil delictiva, donde los grupos armados mantienen el control nacional y se mueven como empresas para generar recursos ilícitos importantes a través de su práctica.

El especialista parte de la idea de que el chavismo es un modelo distinto a la alternabilidad del poder producido durante la cuarta república, por lo que su tratamiento no puede ser el mismo que en décadas pasadas, hay que entender que el modelo de la revolución bolivariana surgió producto del desgaste de los sistemas anteriores, motivo por el cual recibió y recibe hasta los momentos apoyo, pero como todo es un ciclo, surgirá otra propuesta que rompa el paradigma.

—¿A qué se refiere con una guerra civil delictiva?
—En Venezuela se han creado las condiciones para que factores anónimos operen en la sociedad y actúen desde el delito, pero como unas empresas generadoras de recursos, ese es el ejemplo de las megas bandas, los pranes o las estructuras paralelas que se crearon como el bachaqueo, todos ellos operan sobre la base y no tienen conexión ni referencia política, es decir, no son chavistas ni antichavistas, sino que pertenecen a un negocio, el mismo que le genera muchos recursos, más de lo que podrían obtener en la vida normal, pero además están armados, entrenados militarmente, con una gran capacidad ofensiva militar y operativa, esa es la razón por la cual fracasan todos los operativos implementados por el gobierno, porque la organización delictiva es superior a la capacidad policial y allí existe una guerra que la está perdiendo el Estado, independientemente de quien esté en el poder. 

Este hecho condiciona la vida del país, ya el problema de los habitantes no es el Presidente, ni el partido, sino cómo vivir porque el robo fue sustituido por la muerte y esto no se resuelve simplemente con unas elecciones, requiere de un gran acuerdo y de entender que estamos frente a una crisis que pronostica un futuro de mayor violencia, eso no es un problema que tiene que enfrentar solo el gobierno es un conflicto que afecta a todos, de allí la importancia de asimilar que el gran acuerdo social exige de esfuerzo y de capacidad de entendimiento.

—Usted habla de un país nacional y otro político, ¿podemos decir entonces que la dirigencia política del país va por un lado y la realidad por otro?
—Sí, ciertamente, y es peligroso porque todo apunta a la generación de mayor violencia, hay una fractura muy grande entre lo que Gaitán llamaba el país nacional y el país político, en Colombia esta división llevó a donde liberales y conservadores eran iguales porque lo que se disputaban era quién iba hacer el candidato presidencial, mientras que el país nacional no le prestaba atención a eso, conseguía su propia marcha, pero siempre ese país nacional es la mayor parte de la población y por su sobrevivencia termina en la violencia, entonces la conflictividad de liberales y conservadores en el hermano país abrió espacio a la guerrilla y a todas las formas de violencia que conocemos, eso es grave y lo veo en la calle, la gente ahorita está pendiente de la seguridad personal, su alimentación, la posibilidad de trabajo, en definitiva de problemas concretos que tampoco lo resuelve simplemente un gobierno y menos un partido, sino que deben ser atenuados con un acuerdo que implique no solo al gobierno, sino a todos los factores sociales activos, las elecciones miden una simpatía, pero eso no mide la situación social y real del país.

—¿Ese acuerdo nacional que usted menciona se logra a través del diálogo?

—Sí, pero en este país no hubo diálogo, solo un intento y hay que entender que el proceso debe abrir un espacio para el debate natural donde se discutan cosas sustantivas, no temas como la asignación de los rectores al Consejo Nacional Electoral.
»Con el diálogo se dan las grandes líneas, no las soluciones definitivas, se trata de un proceso de maduración que lleva tiempo, no es un acto inmediato, el cual se puede cancelar y las circunstancias propiciarán su reanudación, sin embargo, en Venezuela se convirtió en el sí o no, en la varita mágica para resolver todo. 

»En este caso la participación de los interlocutores es bajo la figura de jueces de paz, de intermediación, no de imposición de reglas de juego ni de decisiones. No obstante, aquí se ha confundido el papel y agregan, en el caso de la oposición un error, que es dejar todo para el árbitro internacional, entonces me pregunto, ¿y dónde queda su fuerza interna?

—¿Es pertinente continuar con la presión internacional para conseguir un cambio en Venezuela?

—No es verdad que la aplicación de la carta democrática interamericana garantice un apego por parte de los Estados, considero que está bien la presión internacional por los derechos humanos, la liberación de los presos políticos, por la vigencia de la crisis, pero cuando pasas de la exigencia legítima a plantear intervenciones, le das argumentos al gobierno para que articule los valores nacionales y se radicalice. Aquí no hay una matanza civil o depusieron al Presidente, ni el ejército está alzado como ha ocurrido en otras naciones para justificar la intervención, solo hay tensiones políticas entre oposición y gobierno, como las hay en todas partes, lo que nos diferencia es el conjunto de factores que apoyan esa conflictividad política, sin embargo, repito que solo es posible resolverla con un acuerdo entre los actores y esos actores deben ser nacionales.

»La OEA es un organismo muy desacreditado, con poco peso históricamente por lo que surgió la Unasur, esas mismas organizaciones miembros entendieron sobre la actualización de los criterios para las alianzas.

Panorama electoral

Otro de los temas que está en el tapete de la opinión pública es el proceso de renovación que anunció el CNE para legalizar los partidos políticos que no utilizaron su tarjeta para participar en las últimas dos elecciones realizadas en el país o donde no hayan obtenido el 0,5% de votos.

Para unos es un tema de retrasar las elecciones regionales ya pospuestas desde el año pasado y para otros la garantía del principio constitucional a la participación política, pero a ciencia cierta hasta el 7 de mayo las organizaciones con fines políticos deberán renovar sus nóminas.

Este es un requisito que no es nuevo en el sistema democrático, solo que ha sufrido ciertas modificaciones para adaptarse a la realidad actual, según el analista, lo único que ha hecho el CNE es hacer el trámite más complejo.

Lea la entrevista completa en nuestra edición de hoy lunes 20 de marzo de 2017

NUESTRA PORTADA DE HOY

TEMAS

TAMBIÉN EN POLíTICA