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La Tierra clama frenar el avance de los desiertos

La desertificación es el proceso en el que se degrada el suelo fértil hacia la aridez y la principal causa de la intervención descontrolada de los humanos y las variaciones climáticas.


En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía, con la meta de fomentar la conciencia ciudadana y luchar contra el avance de los desiertos.

La inconsciencia por parte de quienes sobreexplotan los suelos, queman, talan y desforestan áreas naturales boscosas, acarrea consecuencias como sequías, hambrunas, aceleración del cambio climático, degradación de la biodiversidad y hasta daños a la salud de humanos.

La desertificación es un fenómeno ambiental que afecta a más de 110 países y a 1.500 millones de personas; consume cada año seis millones de hectáreas de tierra productiva en todo el mundo.

Consiste en el proceso de degradación del suelo fértil y productivo, el cual pierde total o parcialmente el potencial de producción o fertilidad. Esto sucede como resultado de la destrucción de su cubierta vegetal, de la erosión del suelo y de la falta de agua.

De acuerdo a datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el 35% de la superficie de los continentes puede considerarse como áreas desérticas.

Dentro de estos territorios sobreviven millones de personas en condiciones de sequía y escasez de alimentos.

También, la sequía se puede definir como una anomalía transitoria en la que la disponibilidad de agua se sitúa por debajo de los requerimientos regulares de un área geográfica determinada.

El agua se hace insuficiente para abastecer las necesidades de las plantas, los animales y los humanos, y aunque haya reservorios tales como lagos, ríos, lagunas, humedales o embalses construidos por el hombre, los niveles de estos suelen disminuir y hasta secarse.

La solución a la sequía y desertificación pasa por la concientización de la población, priorización de políticas sustentables y educación ambiental.

 

La desertificación se debe a la vulnerabilidad de los ecosistemas de zonas secas, las cuales cubren un tercio de la superficie del planeta; la sobreexplotación y el uso inadecuado de la tierra aceleran el proceso.

La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y malas prácticas de riego afectan negativamente a la productividad del suelo, y generan desertificación.

Los efectos de la desertificación los sufren directamente unos 250 millones de personas, mientras que unos 1000 millones se encuentran en zonas de riesgo repartidas en más de cien países.

El Día Mundial Contra la Desertificación y la Sequía es una fecha propicia para recordar a todos los humanos, la importancia de la preservación de los bosques, y los suelos como productores de alimentos y materiales necesarios para la vida.

 

 


Fotos / Armando Placidi
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