Sucesos

Tragedia de Koraal Tabak tiene seis desenlaces pendientes

Para Yralis Yance su hijo Jóvito Washkanky Gutiérrez Yance, desaparecido el 10 de enero del 2018 tras el naufragio de la embarcación en las costas de Koraal Tabak, Curazao, sigue vivo. Contrario a familiares de los otros cinco desaparecidos, algunos resignados, ella sigue aferrada a la esperanza de que su hijo continúa vivo y prefiere pensar que está secuestrado hasta tanto no se resuelva el enigma respecto a quiénes corresponden los restos de tres balseros que no han sido identificados por la falta de reactivos para la prueba de ADN. Pero si resultase que alguno de esos restos fueran los de su hijo, afirma: «Así sea un hueso o una uña, si es lo que queda de mi hijo, los quiero, quiero que lo repatrien; solo así me resignaré, de lo contrario, nunca aceptaré que que esté muerto».


Han transcurrido seis meses y 14 días de la tragedia de los balseros falconianos en las costas de Koraal Tabak, Curazao, y el cómo han transcurrido las investigaciones pareciera parte las consecuencias que enfrentan aquellos a los que el guatemalteco Ricardo Arjona hacía referencia en la canción Mojado, compuesta en el 2005 a las personas que abandonaban a sus familias y sus seres queridos en busca de una mejor calidad de vida en otro país:  «Y no es de aquí porque su nombre no aparece en los archivos, ni es de allá porque se fue…».

Los viajes ilegales a Curazao y Aruba son frecuentes, pese a que el ocurrido en Koraal Tabak, fue en pleno bloqueo marítimo. Foto/ND

Y parece así, puesto que en la isla antillana el interés en terminar de resolver la tragedia de extranjeros indocumentados, caso que atrajo la atención de la prensa mundial, se fue desvaneciendo con el transcurrir de estos 195 días. En la actualidad no parece haber disposición a seguir investigando, y del lado de Falcón, Venezuela, sucede exactamente lo mismo. Ni en Curazao, de donde no eran ni ingresaban de manera ilegal, tienen registros de ellos, en tanto que en Falcón, solo quedan esa familia desamparada, a la que prometían darle una mejor calidad de vida, pero que quedó devastada tras la tragedia.

¡Desaparecidos! Joselyn Nathaly Piña, de 24 años,  hermana de Danny Sánchez, una de los fallecidos;  David Jesús Pérez Vallenilla, de 19 años; Junior Jesús Díaz Leal, de 22 años; Jóvito Washkanky Gutiérrez Yance, de 22 años; Oliver David Cuahurmatt Velásquez, de 32 años y Brayan Gregori Ojeda Cambero, de 24 años, son los seis desaparecidos.

«Seguimos esperando las pruebas de ADN, también que el gobernador Víctor Clark se reúna con nosotras las madres, pues hasta ahora no lo ha hecho. Lo abordamos cuando inauguraron la estación de bombeo en La Vela, poco antes de Semana Santa, le pedí ayuda en cuanto a agilizar las trámites para identificar los restos pertenecientes a tres balseros que fueron hallados, pero Clark me dijo que de eso me daría razón el alcalde Argenis Leal. Tampoco recibimos respuestas de éste», asegura Yralis Yance.

Ante la inoperancia local, Yralis intentó hablar con el presidente Nicolás Maduro cuando este vino a finales de abril a cerrar su campaña electoral en la calle 4 de la urbanización Cruz Verde, de Coro. «Llegué temprano, me ubiqué cerca de la tarima, por donde creía que pasaría, y entonces vi a Víctor Clark, solicitándome una vez más su ayuda. Cuando me vio que le hacía señas se acercó y preguntó ¿Qué es lo que quieres tú? Le respondí: ¡Usted lo sabe, queremos nos ayude a identificar a los balseros fallecidos. Su respuesta fue: ¡Déjame salir del presidente Maduro; yo tengo tú número, te llamaré», asegura que le prometió el mandatario regional, quien no cumplió su promesa.

Yralis, no obstante, no quiso dejar de pasar la oportunidad de también solicitarle ayuda al presidente Nicolás  Maduro, pero ante tanto despliegue de seguridad y las trabas, resolvió escribir una carta en una hoja simple y con bolígrafo prestado, toda vez que la quería redactar en un cyber, pero todo estaba cerrado.

«Le entregué las cargas a un escolta y al rato me doy cuenta de que mi cédula de identidad se traspapeló entre ellas. Volví a acercarme al escolta y le pedí al que llevaba el bolso que me recuperara la cédula y al cabo de unos minutos me la regresó. Creí que las cartas llegarían a manos del presidente, pero lamentablemente, cuando terminó el acto, las cartas estaban botadas, junto a otras de la gente, entre la basura. Me sentí impotente y burlada», recordó la madre de Jóvito.

 

A pesar de todos los desplantes e indiferencia gubernamental, Yralis se rehúsa a tirar la toalla, y como tal, es la que, dentro del grupo de madres de los desaparecidos, se ha mantenido activa haciendo diligencias y comandando las gestiones, luchando para que identifiquen al menos a las tres personas, cuyos restos fueron encontrados a orillas de las costas de Koraal Tabak, a pocos días del trágico naufragio. «No sé si los demás familiares de los desaparecidos se resignaron, pero en lo que a mí respecta, seguiré insistiendo, volveré a la calle a mostrar pancartas, hacer videos y a seguir tocando puertas a ver si alguien se digna a acabar con esta angustia que lleva medio año», afirma Yralis.

La madre de Jóvito lamentó que el gobernador Víctor Clark solo se haya manifestado en público para cuestionarla y pretender hacer ver que la habían manipulado políticamente cuando intervino en la Asamblea Nacional. «Es lamentable que haya pensando y dicho eso, pues yo no soy política, sino una madre desesperada que quiere saber qué pasó con su hijo», alegó.

Yralis Yance tuvo derecho de palabra en la Asamblea Nacional, sin embargo, ello no consiguió alguna respuesta. FOTO/CORTESÍA AN

Yralis Yance recuerda haber estado en contacto, durante algún tiempo, con la cónsul, pero la misma dejó de atenderle las llamadas y responderle los correos, aunque recurrió durante algún tiempo a intermediarios, como su asistente, quien ha informado poco sobre el caso. Mucho antes de perder la comunicación, la cónsul  le calmó diciendo que los restos hallados no serían cremados, por lo que, ante esta pérdida de la comunicación, desconoce si realmente estos permanecen bajo resguardo de forenses. «Un locutor de una emisora de la isla se ofreció en ayudar, pero poco ha podido hacer debido a que no es familiar directo de ninguno de los seis desaparecidos», acotó.

Durante esta larga espera y batalla, Yralis Yance asegura haberle solicitado en un momento a la cónsul que los exonerara de los 1.000 dólares que corresponden al viaje a Curazao y reserva para poder estar en la isla mientras se ocupaban de los trámites, pero tampoco recibieron respuestas, así como tampoco a la probabilidad de que los mismos familiares costearan los reactivos para la prueba de ADN, si es que de verdad no tienen para hacerlos, como alegan. «Queremos que nos digan si van a aplicar las pruebas para nosotros ver cómo podemos comprar los reactivos o solicitarlos  a través de alguna institución internacional», ofreció la madre del desaparecido.

Lo que piden es saber quiénes son los otros tres fallecidos

Para Yralis Yance su hijo Jóvito Washkanky Gutiérrez Yance, sigue vivo hasta tanto se demuestre lo contrario. «Yo no estoy pidiendo que retomen la búsqueda de mi hijo y los demás desaparecidos, ya que estoy clara que la búsqueda se cerró. Lo que quiero y queremos es resolver el enigma acerca de quiénes son los tres muertos, que nos digan a quiénes pertenecen los restos de las tres personas que fueron hallados. Hasta que no se demuestre con pruebas de ADN lo contrario, sigo creyendo que mi hijo sigue vivo en algún lugar.  Es como si lo tuviera secuestrado, pues la angustia que vivo es la misma que vive la madre de un secuestrado, que vive con la esperanza de que algún día estará de regreso. Esto se lo dejo a Dios, pero el corazón me dice que debo seguir luchando».

«Necesito y seguramente necesita el resto de madres, salir de esa intriga de saber quiénes son los fallecidos. Uno de ellos pudiera ser mi hijo, y si es así, yo quiero recibir esos restos. Así sea un hueso o una uña, si es lo que queda de mi hijo, los quiero, yo quiero tener la certeza de que corresponden a él, y quiero que lo repatrien. Solo así me resignaré, mientras no aparezca el cuerpo de mi hijo, nunca me resignaré a que que esté muerto», afirmó con la voz entrecortada, Yralis Yance.

Ilegalidad del viaje incidió en que autoridades no actuaran como se esperaba

Contrario a Yralis, el hermano de David Pérez, otro de los seis desaparecidos,  ya tiró la toalla. «Las autoridades curazoleñas saben que ese viaje fue algo ilegal. Ellos nunca supieron a ciencia cierta quienes fueron, pues fuimos nosotros los que indagamos y dijimos: ¡Mira falta tal persona!, ¡Epa, tal persona iba casualmente en esa lancha! Por eso no pueden tirar buzos y en cuanto a los restos hallados, la pierna y brazo, nunca se le hizo prueba para saber quién carrizo era», expresó Jhonny René Vallenilla.

David Jesús Pérez Vallenilla, de 19 años, quien dejó esposa y una hija residente del sector Colombia Sur de La Vela, se encuentra desaparecido tras aquel viaje, su primero, hecho, a raíz de que fuese entusiasmado por sus cuñados Danny, quien murió en el naufragio y la hermana de este, Joselyn, otra de las desaparecidas.

Aquel viaje, ilegal por haberse efectuado en medio de un bloqueo marítimo internacional, reunió a muchos que, en su afán de transformarse en hombres y mujeres que soñaron, de darle prosperidad a sus familias, dieron un adiós temporal, que por para una decena de ellos, terminó como un adiós definitivo.

Del los balseros, 10 nunca llegaron a su destino

Muchos lograron llegar a la isla, nadando los últimos metros por sobre los arrecifes, y en el caso de algunas mujeres aferradas a bidones. Se confirmó, por los cadáveres que la mar expulsó a la orilla y por algunas extremidades, que siete murieron, aunque solo cuatro fueron fueron reconocidos.  En cuanto a las extremidades recuperadas nunca se practicaron estudios forenses para determinar a cuál de tres de esos seis desaparecidos correspondían, por lo que desde entonces estas familias, casi en su totalidad, se aferran aún a la esperanza de que pudieran están presos e incomunicados. Prefieren eso a creer que les tocó el mismo destino de Janaury Jiménez, Josefina Márquez, Jaires Lohaysa y Danny Sánchez, los cuatro fallecidos confirmados y repatriados.

El reporte dejó cinco fallecidos, cuatro de los cuales fueron identificados y seis desaparecidos, entre los cuales hay uno de esos desaparecido que no ha sido identificado por AND y ninguno de los familiares se atreve a reconocer. Ilustración/Gerardo Morón

El 15 de enero, el diputado a la Asamblea Nacional por el estado Falcón, Luis Stefanelli había anticipado que solicitarían al gobierno de Curazao otorgar estatus de refugiados a los balseros que lograron sobrevivir. Entre los argumentos, esgrimía: “el gobierno puede tomar represalias contra esas personas si vuelven al país”. Reconoció el parlamentario que los jóvenes iban en condición de ilegales, fugándose de una Venezuela que les negaba el futuro.

Familiares de los balseros, especialmente de los que desaparecieron, quienes en medio de la angustia habían sido pacientes en cuanto a no hacer declaraciones públicas, rompieron el silencio a mediados de febrero, exigiendo tanto al gobernador del estado Falcón, Víctor Clark como al alcalde del municipio Colina, Argenis Leal, respuestas en torno al paradero de los jóvenes, información en relación a las investigaciones, incluso de si va a proceder alguna toma de muestras de ADN para identificación de tres víctimas.

Derecho de palabra en la Asamblea Nacional

Semanas después, Yralis Yance, familiar de uno Jóvito Washkanky Gutiérrez Yance, obtuvo un derecho de palabra en la Asamblea Nacional, denunciando que los jóvenes habían sido amenazados con ser detenidos una vez de vuelta en Venezuela, y se quejaba de la ausencia de ayuda gubernamental.  “Les pido ayuda porque el gobierno se niega a ayudarnos. Hablo por todas las madres de otros cinco que también están desaparecidos aparte de mi hijo. Hacemos llamado también al gobierno de Curazao a que nos dé información si la tiene”. Pese a tal intervención, no hubo respuestas ni de Venezuela, ni de Curazao.

Otros esperanzados, otros resignados: «Yo no esperamos nada»

A seis meses y 14 días de la tragedia, la mayoría de familiares de los desaparecidos, sigue aferrada a la esperanza de que puedan estar vivos, aunque la familia de David Jesús Pérez Vallenilla, sobre todo su hermano Jhonny Revilla, perdió la esperanza. «En lo que respecta a la familia y más en personal, ya no espero nada. Ellos se ahogaron, ellos agarraron fondo. Ese es un mar con una profundidad de 300 y 500 metros en la orilla. Lamentablemente ellos se ahogaron y no se puede hacer más nada. Si hubiese sido mi hermano solo, yo diría okey, pero fueron seis personas», refirió.

«Estamos resignados. Yo sé lo que pasó ahí, porque soy marino, he viajado a Curazao y en en esa parte donde ocurrió el naufragio, no doy esperanza de que, al menos mi hermano, haya quedado vivo. En lo personal, y como hermano mayor, estoy resignado. Pero eso es lo que pienso yo, los familiares de los demás desaparecidos pueden seguir aferrados a que sigan vivos, sobre todos las madres, ya que madre es madre, aunque ellas no tengan ni la mínima referencia de lo que es el mar allá ni el accidente», argumentó Jhonny.

«Yo he hablado con mi mamá y se lo he dado a entender. Y respecto a los restos hallados, como le pierna y un brazo, nunca se hizo una prueba para saber quien era, y en lo personal, no íbamos aceptar que nos entregaran eso como sus restos. Yo no quería a mi hermano así y asumo que ninguno de los demás familiares de desaparecidos, tampoco habría querido», estimó.

Diez personas  no consiguieron iniciar su sueño de intentar prosperar en la isla de Curazao: Jeanaury Jiménez, Josefina Márquez, Jaires Lohaysa y Danny Sánchez, cuya madre, Rosario Piña, es la única, dentro del grupo de familiares de los balseros, que perdió a dos de sus hijos en ese viaje. “Ya perdí un hijo y quiero saber qué pasó con mi Joselyn Nathaly Piña”, imploró en febrero en la plaza Bolívar de La Vela, quien desde entonces no ha vuelto a saber de su hija, quien era triatlonista y se creyó que podría haber llegado a la orilla y a Curazao, donde trabajó hasta ser deportada en julio del 2017.

Aunque algunos conocidos de las familias de los desaparecidos que se viven legales en la isla se estuvieron moviendo, incluso coordinaron con una fundación de una señora que ayuda a los venezolanos, tampoco hubo respuestas por parte de las autoridades curazoleñas, salvo, que detuvieron a los meses, al capitán de la embarcación por tráfico de personas y tráfico de armas de fuego. En mayo, el portal Noticias Curazao informó que el Ministerio Público le imputa el delito de traslado ilegal de personal al hombre de 47 años que fue detenido por funcionarios de la División Contra el Crimen Organizado en una vivienda en la localidad de Kanga.

Repatriados y sepultados

La tragedia se suscitó el 10 de enero, pero fue el 26 de ese mes cuando los cuatro fallecidos, plenamente identificados fueron repatriados en un avión de la Fuerza Aérea Venezolana que aterrizó en el aeropuerto Internacional José Leonardo Chirinos de Coro. Fue el último viaje juntos que después marcó la separación definitiva de Jeanaury Guadalupe Jiménez Chirinos y Danny José Sánchez Piña, con Yajaira Josefina Márquez y Jaires Leomar Lohaysa Soret, compañeros durante aquel viaje desde San José de la Costa hacia Curazao que naufragó en la costas de Koraal Tabak. Son ellos los únicos fallecidos identificados de los siete que hubo, aunque sigue pendiente por identificar que pudieran ser algunos de los seis fallecidos, cuyos restos, aparentemente seguirían en Curazao, a la espera de los análisis de ADN.

Los cuatro cadáveres fueron repatriados el 26 de enero y sepultados al otro día. Fotos/ Gregorio González

El ataúd de Yajaira debió recorrer adicionalmente 557 kilómetros, la distancia que separa a Coro de su natal población de El Vigía, estado Mérida, hacia donde fue trasladada en una carroza fúnebre de la Funeraria San Judas Tadeo escoltada por una comisión del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) que se encargó de coordinar el traslado debido a que familiares no disponían de recursos para el traslado, mucho menos para venir. Jaires Leomar Lohaysa fue sepultado en el camposanto de Las Dos Bocas, mientras que Jeanaury Guadalupe Jiménez Chirinos y Danny José Sánchez Piña, en el cementerio de La Vela.

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Foto principal/Cortesía

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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