Sucesos

A seis años de la tragedia de Amuay

La comunidad que colinda con la refinería Amuay, fue la más afectada en la explosión del año 2012. Hasta la fecha los vecinos esperan mayor atención gubernamental, mientras que otros ya se resignaron a vivir en las condiciones que quedaron.


Las ruinas, casas agrietadas y la numerología etiquetada en algunas viviendas que demuestran que faltan familias por reubicar, es la triste escena que se vive en la comunidad Alí Primera, la más afectada en la explosión de la refinería Amuay que este 25 de agosto cumplió seis años.

Algunos de sus habitantes ya se resignaron a vivir en el mismo lugar y buscar la manera de arreglar sus casas, ya que la ayuda que ofreció el gobierno regional no llegó nunca, mientras que otros, aun guardan la esperanza de ser reubicados o por lo menos que les den los materiales para reparar lo que la tragedia causó en sus hogares.

Aún hay casas en ruinas que debieron ser demolidas. Foto/ Yohan Gómez.

Recuerdan que nada es igual desde aquella madrugada de un sábado 25 de agosto, cuando vieron que el mundo se venía encima. “Muchos corrimos a refugiarnos en casa de nuestras familias, pero otros amanecieron muertos. Ya uno no vive igual, dormimos menos y le tenemos mucho miedo a la refinería, pero lamentablemente estas son nuestras casas y no tenemos para dónde agarrar”, comentó Yalimeth Rodríguez, habitante de la calle José Leonardo Chirino.

Los espacios abandonados son guaridas de delincuentes. Foto/ Yohan Gómez.

Contó que perdió todo el piso de su casa y sus hijos que vivían en la planta alta fueron reubicados a la urbanización La Pastora del municipio Los Taques, ahora espera que le reparen el piso o que la reubiquen, pero que se haga algo, además asegura que las calles están muy oscuras lo que ha causado que la delincuencia haga de las suyas. “Estamos abandonados, el tiempo pasa y poco se ven las soluciones”.

Rodríguez aun espera que le repongan la cerámica de su piso. Foto/ Yohan Gómez.

En la calle José Leonardo Chirino el alumbrado público no funciona, lo que era el ambulatorio sirve como guaridas de antisociales que por las noches se encapuchan para robar las casas de la comunidad. Han hecho varios llamados a las autoridades, pero aun no obtienen respuestas de estas solicitudes, a pesar de que han pasado seis años sienten que las condiciones en las que viven no fueron las prometidas cuando hubo la tragedia.

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Irene Revilla

Amo el chocolate

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