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OPINIóN

Dos anécdotas por encima de la idea

agosto 31, 2018

Redactado por: Simón Petit

La vida es una sola, es una frase lugar común; pero es una gran verdad. Como ciudadanos tenemos derecho a pensar libremente y creer en lo que queremos creer para un orden social y una justicia de paz perdurable.


La primera anécdota es de Simón Díaz y Alí Primera. Me la contó Alí cuando estábamos grabando el disco Cantar y Cantores de Falcón en 1982: el cuento pasó en un aniversario del sello Promus, sello con el cual iniciaría Alí sus primeras grabaciones antes de Cigarrón; fue tanto el éxito de las ventas que lo celebraron con sus artistas, pues Promus tenía en su staff nada más y nada menos que a Lilia Vera, Gualberto Ibarreto, Un Solo Pueblo, Simón Díaz, Cecilia Todd, entre otros, y, por supuesto, a Alí Primera. Alí llegaría a la fiesta y después de saludar a Chuto Navarro, dueño del sello y también falconiano, se sentaría en su mesa, solo, íngrimo. El resto de los invitados ocuparía su espacio asignado y alguno que otro lo saludaba, cortés y diplomáticamente, a excepción de los integrantes de Un Solo Pueblo. En un momento de la fiesta, se acercó una muchacha que le saludó y se presentó como la hija de Simón Díaz, se trataba de Bettsymar y en ese tiempo ella tendría unos 13 o 14 años.

“¿Usted es Alí Primera?”, Sí –le respondió Alí-. “Yo lo quería conocer; pero mi papá me dijo que no, porque Ud., es comunista y no lo quiere”. En ese momento Alí, sonrío y le dijo, “Dile a tu papá que yo si lo quiero”. Bettsymar se levantó y Alí siguió compartiendo con Chuto hasta que Simón Díaz llegó a la mesa y en voz alta como en un tono desafiante, dijo: “Alí Primera”… Alí lo vio en silencio… “Mucho gusto, Simón Díaz” y le extendió su mano. Se sentó e iniciarían una conversación por un largo rato. Alí le confesó que lo admiraba mucho y empezaron a cantar. Entonces el resto de los artistas al ver esa escena, se acercaron y también comenzaron a participar del canto común de esa noche. A partir de allí la relación entre estos dos grandes del canto venezolano fue, en palabras del mismo Alí, hermosa y extraordinaria…”por encima de la idea”.

La segunda anécdota es entre dos grandes escritores argentinos: Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Contó María Kodama, viuda de Borges, que en uno de los tantos viajes que hicieran les tocó llegar a Madrid para una serie de conferencias y entrevistas. Aprovecharon de ir al Museo del Prado, y estando frente al cuadro El Perro Semihundido, de Francisco de Goya,  Kodama le describía a Borges –que era ciego- los detalles de esa sorprendente y extraña obra del período de “pinturas negras” del artista. En ese momento vio que se acercaba la figura de un hombre delgado y muy alto y ella susurrándole a Borges le dijo al oído: “Ay Borges, allí está Cortázar”, a lo que Borges con una voz de hielo le dijo “y seguramente, Ud., querrá saludarlo”. Pero fue todo tan rápido que Cortázar interrumpió y dijo: “Maestro Borges qué placer encontrarlo”. Le estrechó su mano y seguidamente comentó, “le estoy agradecido para siempre y por toda mi vida. Gracias a Ud., publiqué por primera vez mi primer cuento La Casa Tomada”. Borges respondió al cálido saludo y conversaron mucho en esta oportunidad, tan distinta a la que vivió años atrás en Paris en una situación similar y que Borges en una entrevista describió el encuentro como “unas frías y corteses palabras entre ambos”.

María Kodama en su emoción veía que sus dos más admirados escritores después de años separados por diferencias políticas se abrazaban teniendo como fondo ese cuadro de Goya, haciendo del momento una fotografía mental que calificó, “lo máximo en mis recuerdos”.

Estas anécdotas nos enseñan, que ninguna diferencia es irreconciliable si en verdad se estima, respeta, admira y quiere a un semejante. La amistad y la consideración, en todo caso, está por encima de las diferencias, y para ello el propósito de esa amistad y consideración es un proceso de reencuentro que los lleva a comunicarse y reconocer, quizá no tanto con las palabras, pero si en el gesto y el detalle, un pacto de no agresión y entendimiento, tácito, espontáneo, voluntario, aprendiendo a vivir juntos otra vez, en paz y armonía, con respeto y comprensión de los hechos.

La vida es una sola, es una frase lugar común; pero es una gran verdad. Como ciudadanos tenemos derecho a pensar libremente y creer en lo que queremos creer para un orden social y una justicia de paz perdurable. Como hijos de Dios tenemos derecho a vivir y resolver nuestras diferencias y continuar luchando juntos por este mundo imperfecto. Y como hermanos de la vida, tenemos la obligación de volver a ser los locos de siempre, llenos de sueños y esperanza, como dijo Alí, “por encima de la idea”.

 

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