Opinión

Hermoso recuerdo de una época inolvidable en el Mariano de Talavera

Después de estos 50 años también mostramos tristeza porque nuestra hermosa casa de estudios se encuentra en deplorables condiciones físicas, producto del ataque desmedido y carente de la más elemental de las características humanas, la sensibilidad, no sólo de delincuentes de baja ralea, sino también de las propias autoridades educativas, quienes no han sabido cuidar y defender este maravilloso tesoro patrimonial, como es el Liceo Mariano de Talavera.


Corriendo o caminando rapidito, conversando y sonriendo de manera ingenua, confiándole algo a nuestro compañero o compañera, subíamos los casi 20 escalones del Liceo Mariano de Talavera que separan la planta baja del primer piso, para llegar al salón de quinto año, el cual se encontraba en el último pasillo después de la biblioteca.

Alguno preguntaba,  ¿ya llegó el profesor?, otros, ¿trajiste el trabajo?, o ¿estudiaste para el examen?; éstas y otras interrogantes mientras atravesábamos el largo trayecto hasta llegar al aula de clases, un poco cansados por el esfuerzo, pero contentos y pensando que era el último año del bachillerato.

Aunque no todos habían cursado los cinco años en la misma sección, ahora ya estábamos juntos y en dos secciones contiguas al final del último pasillo  en la segunda planta desde donde se divisaba el extenso, boscoso y xerófito terreno por donde las pisadas humanas comenzaban a formar veredas para acortar camino e incluso muchachos inquietos habían improvisado un campo abierto para jugar beisbol.

Con una maravillosa arquitectura, el primer liceo de la Democracia lucía imponente en una zona aun enmontada adonde llegaban estudiantes provenientes de diferentes sectores de la península, pero la mayor parte de aquellos jóvenes que se graduarían en septiembre de 1968 de Bachilleres en Ciencias y Humanidades llegaban en su mayoría, desde Punta Cardón, Campo Shell, Judibana, Carirubana, Punta Cardón y Punto Fijo, este último conocido para ese entonces como “el Caserío más grande del mundo”; algunos otros provenían de Los Taques y Las Piedras.

Del bus del Señor Lugo y del “tronche” azul descendían los muchachos de la Shell (hoy Comunidad Cardón) y de la Puerta; otros se trasladaban en los pocos “carritos de alquiler” o buses que provenían de Judibana o del centro de Punto Fijo, y otros, nos íbamos a pie desde los sectores cercanos al liceo, cuando a muy pocos los  llevaban de su casa en “carro particular” o en  transporte escolar.

Éramos los integrantes de la promoción del año 1968  del admirado y nunca olvidado liceo “Mariano de Talavera y Garcés”, a la postre dirigido por el profesor Luis R. Franco y con una planta profesoral de alta factura, en el cual estudiamos casi todos los cursantes nuestros cinco años de bachillerato en dos secciones y ocupando en cada año un pasillo, una planta y salones diferentes.

Alrededor de 40 estudiantes por salón, los compañeros de 5º A y 5º B de Ciencias, al igual que del 5º de Humanidades, compartimos alegrías, tristezas, momentos de rabia, pero de aprendizajes cuando no entendíamos la clase, cuando por timidez no preguntábamos  a tiempo y nos quedaba la duda, o cuando algún profesor nos felicitaba por la nota o nos llamaba la atención porque “casi todos salieron mal”.

Recordar, por ejemplo, el miedo y la angustia vividos en las clases de Matemática, Física o Química, cuando al preguntarnos los profesores en forma oral o en una prueba escrita algún tema explicado y enviado para estudiar, nos dábamos cuenta que no lo entendimos o no lo habíamos estudiado bien y comenzábamos a ver de un lado a otro o a luchar con la memoria para ver cuánto recordábamos.

Los profesores que impartían clases en el liceo, durante todo el bachillerato, en su mayor parte, eran responsables con su asistencia a clases, algunos severos, otros más accesibles, aceptando compartir bromas con los estudiantes. Sin embargo, estaban los que sólo llegaban a pasar lista, dar su materia y retirarse hasta la próxima clase.

La memoria recorre los recuerdos y trae al presente nombres inolvidables de profesores: Iskander Marin, Ángel Ferrer, Angel Gauna, Napoleón Oliveros, Bettina Isea, Efraín Guzmán,  hoy con vida, gracias a Dios; otros como Rubén Ismael Padilla ( padrino de la promoción), Armando Gil, Carmelo Duarte, Humberto Ramos, Concepción Carretie,  Mélida González,  Francisco Lindado, entre otros.

Hombres y mujeres profesionales y responsables con su tarea de enseñar no sólo con la palabra, sino también con el ejemplo, hoy ya no están en este mundo, pero sus enseñanzas nos orientaron hacia el logro de metas personales.

No podemos dejar de mencionar a las consecuentes y atentas secretarias; vienen a la memoria, las señoras Esther, Mary y Olga. De igual forma, recordar al personal de obreros es hoy oportuno y necesario, cuando se han trastocado valores; y es que hombres como el Sr. Guanipa, el Sr. Cordero “Rayita”, el Sr. Talavera, entre otros, actuaban apegados a las normas cuando se trataba de impedir la entrada al recinto interno del liceo, incluyendo las aulas, si no había sonado el timbre para entrar o si se nos ocurría quedarnos adentro en horas libres o en recreo; así mantenían el orden  y la disciplina.

Consecuentes también fueron el Sr. Felipe con sus cepillados a la entrada del plantel y el  amable Sr. Colina, chofer del bus del liceo.

Hoy, cuando conmemoramos las bodas de oro de nuestra promoción, nos sentimos orgullosos al vernos para recordar y compartiir anécdotas que dejaron huella en nuestras mentes y corazones y que nos mantuvieron unidos todo este tiempo aunque separados por la distancia y las ocupaciones.

Aun cuando algunos de los compañeros ya no están con nosotros, desde su sitio al lado de Dios, hoy nos acompañan su recuerdo y sus vivencias junto a los que hemos llegado a este momento de la vida.

Después de estos 50 años también mostramos tristeza porque nuestra hermosa casa de estudios se encuentra en deplorables condiciones físicas, producto del ataque desmedido y carente de la más elemental de las características humanas, la sensibilidad, no sólo de delincuentes de baja ralea, sino también de las propias autoridades educativas, quienes no han sabido cuidar y defender este maravilloso tesoro patrimonial, como es el Liceo Mariano de Talavera.

Vaya, pues, un saludo fraterno hasta todos los integrantes de la promoción de los talaveranos 1968, en nuestro aniversario Nº 50.

 

Educación media regresó a las aulas en Carirubana

 


Foto/ Cortesía
Etiquetas
Mostrar más

Anailys Vargas

Periodista y Msc. en Gerencia de RRHH. Actualmente, editora de la versión impresa y digital del diario Nuevo Día.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar