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San Benito bailó en La Guinea y calles de Coro a pesar de las carencias

A pesar de la ausencia de su mentora Judith Rojas, de que muchos vasallos emigraron y el aguardiente está “por las nubes”, san Benito hizo su tradicional recorrido por las calles de La Guinea y Coro al son de los chimbangles.


Como cada 27 de diciembre, san Benito salió del afrocaribeño barrio La Guinea a recorrer las calles de Coro al son de los chimbangles, un recorrido bajo sol y abundante aroma de cocuy derramado sobre el santo y consumido por los vasallos.

Una vez terminada la misa en la iglesia catedral, los chimbangles retumbaron para marcar el camino de san Benito por las calles de Coro. 

Además de ser bendecida durante la misa oficiada en la iglesia catedral, la efigie del santo negro recorrió parte de la zona colonial y por vez primera llegó hasta el camposanto.

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Ahí reposan los restos de Judith Rojas, “la Capitana”, quien murió el pasado 7 de junio, dejando un legado de 53 años de promoción de devoción hacia el monje, hijo de esclavos y santo italiano nacido en Sicilia en el año 1524.

Desde que Judith heredó en 1965 la tradición que popularizó en 1957 Trina Curiel, al sacar a las calles de Coro al san Benito que su madre trajo de la ciudad de Cabimas, esta resultó la primera donde ella no estuvo presente.

Al son de los chimbangles y mecido por las devotas, el santo negro recorrió la calle Falcón hasta llegar a la avenida Alí Primera y el cementerio. 

No obstante, la efigie del santo de capa azul salió de la casa de ella, donde a su vez está su templo, ubicado en la calle Brión entre calles Colón y Providencia, a recorrer Coro.

Debido al luto, la tradición ancestral tuvo que ser modificada, por lo que además de la misa, la edición se caracterizó por un rosario y el tradicional recorrido por las calles, y sumada la visita al cementerio, donde tambores y chimbangles retumbaron en torno al panteón de “la Capitana”.

Aferrados al santo negro

“San Benito, el santo negro nos llama a tener fe, amor, esperanza, por eso este fervor de venerarlo, de buscar que nos ayude de manera espiritual”, expresó Pedro Pablo Navarro, miembro de la fundación.

“Judith Rojas nos decía que, indistintamente de lo que pasara, si ella moría, su familia, sus allegados y amigos debíamos mantener la tradición, y eso estamos haciendo”, agregó.

Sobreviviente de una meningitis, el bogotano Jorge Susa Guevara aseguró ser devoto de san Benito, año tras año, día tras día, porque le salvó la vida.

“Nací en Bogotá, Colombia, me vine a Maracaibo y finalmente llegué a Coro. Me la paso recorriendo las calles con un san Benito que rescaté en Maracaibo y que los pescadores no pudieron agarrar porque estaba repleto de bachacos. Yo lo agarré y no me picó ninguno. Mi misión desde entonces ha sido acompañar al santo”, recordó el reconocido referente cultural tamborero.

El colombiano Jorge Susa Guevara es uno de los vasallos más populares de san Benito, de hecho cuenta con una historia impresionante. 

Menos devotos, mismo fervor

Además de la ausencia de Judith, fallecida hace seis meses, esta vez también se notó la ausencia de muchos habitantes de La Guinea y otras barriadas cercanas, en el exilio, debido a la crisis que asola a los venezolanos.

A pesar de que participó menos gente que el año pasado debido a que muchos emigraron y está el luto por Judith Rojas, asistieron cerca de 60 devotos. 

Respecto a otros años, esta vez vino menos gente. No obstante, el fervor se mantuvo, el resonar de los tambores, los tragos a pesar de lo costoso del aguardiente.

Todo en cuanto a la tradición afroancestral, es por autogestión. Gustavo Rojas recordó que en la época de la bonanza, el gobierno solía dar algún aporte, sin embargo, la tradición que mantuvo su tía sigue vigente gracias a la caridad y colaboración de vecinos, de los devotos.

“Este año le hemos pedido por la fe, la salud propia y de nuestros hijos, el éxito, la prosperidad, por nuestros empleos, para que la comida nunca nos falte. Aunque cada vez se nota la apatía, aspiramos a que la tradición no muera, sino que la puedan preservar nuestros hijos y las futuras generaciones”, auguró Gustavo Rojas.

Aunque la tradición se mantiene en torno al toque de tambores al ritmo de los cuales los vasallos bailan a san Benito de Palermo y lo empapan de aguardiente, esta vez se le veneró con comida. De hecho, muchas de las peticiones giraron en torno a la provisión de alimentos, cada vez más escasos en el país, expresó Josefa Rojas, hermana de Judith, “la Capitana”.

Josefa Rojas, hermana de Judith, y Gustavo Rojas, sobrino, manifestaron que la tradición se mantendrá. 

Fotos/ Carlos García
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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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