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Aliarnos o aislarnos, por Bartolomé Finizola Celli

febrero 7, 2019

Redactado por: Bartolomé Finizola Celli

A juicio de Bartolomé Finizola Celli, definitivamente el camino es el tránsito por las múltiples alianzas que se potencian mutuamente, atenuando sus debilidades, reforzando sus fortalezas, aprovechando las oportunidades.


La palabra “aliar” significa unir personas para un mismo fin y viene del latín alligare, formada con el prefijo ad (a, hacia) y el verbo ligare (atar) y la palabra “aislar”, también derivada del latín con el mismo prefijo ad y el sustantivo “isla”, significa lo contrario. Aliarnos o Aislarnos es una decisión dicotómica trascendente, de carácter estratégico, válida a nivel personal, institucional o como Política de Estado.

Ante la disyuntiva de establecer las alianzas como estrategia de construcción de vínculos ante problemas comunes o establecer barreras que impidan la acción conjunta de personas e instituciones, es útil buscar la fuente de conocimientos que nos brinda la historia y en este sentido es conveniente estudiar lo que hizo el Rey Salomón, figura emblemática de la sabiduría universal, quien reinó alrededor de cuatro décadas hace cerca de tres mil años y a base de alianzas estratégicas aprovechó las fortalezas y oportunidades que le presentaron las circunstancias después del reinado de su padre, el Rey David.

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Se alió con los Fenicios, quienes eran constructores de naves y los mejores navegantes del momento, lo cual le permitió desarrollar una marina mercante y de guerra que navegó por el Mar Mediterráneo hasta el estrecho de Gibraltar, el Mar Rojo y el Océano Índico, fortaleciendo su defensa y su economía; se casó con una hermana del Faraón de Egipto y así consiguió el apoyo de uno de los imperios más aguerridos de la época; no solo por el hecho de no atacarlos, sino que le transfirieron tecnología que mejoró su capacidad de combate, como lo fue el carro de guerra, el cual era liviano y rápido que con sus dos caballos, permitía desarrollar velocidades que lo hacían el más rápido del momento y por otra parte, la alianza con los Hititas, otro gran imperio ubicado hacia el norte entre el Mar Egeo y el Río Éufrates, lo cual le permitió comprar grandes cantidades de caballos, para fortalecer aún más su poderío militar. Con todas estas alianzas, consolidó un territorio desde el Éufrates hasta la región Filistea y la frontera de Egipto.

Alianzas

En la construcción del Templo de Jerusalén, Salomón desarrolló un conjunto de alianzas que hicieron posible esta obra emblemática en la historia universal. Con Jirán, Rey de Tiro logró la madera de los cedros del Líbano y conjuntamente los esclavos de ambos monarcas cortaron y trasladaron los troncos hasta la costa y luego en balsas. Salomón intercambió la madera recibida por trigo y aceite. Hubo una alianza sinérgica entre ambos reinos. Los obreros de Jiran y Salomón, se aliaron también con los obreros de Biblos y labraron la piedra y prepararon la madera y la piedra para construir el templo.

Salomón reclutó en Israel 30.000 hombres y los envió al Líbano por turnos, 10.000 cada mes: un mes en el Líbano y dos meses en casa. Tenía un jefe que estaba al frente de los trabajadores: Adonirán. También tenía setenta mil cargadores y ochenta mil canteros en la montaña, dirigidos por tres mil trescientos capataces. Fue un equipo producto de múltiples alianzas lo que le permitió lograr su objetivo.

De los grandes hacedores de la historia debemos aprender las enseñanzas que nos llegan a través del tiempo. En el caso del Rey Salomón, independientemente del contexto religioso y por encima de los errores que pueda haber cometido, hay que aprender la lección, que entre la disyuntiva de aislarnos o aliarnos, definitivamente el camino es el tránsito por las múltiples alianzas que se potencian mutuamente, atenuando sus debilidades, reforzando sus fortalezas, aprovechando las oportunidades y neutralizando las amenazas.


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