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Boicot EE.UU., por Isaías A. Márquez Díaz

febrero 7, 2019

Redactado por: Isaías A. Márquez Díaz

Con el aviso de la Casa Blanca, se le anulan, particularmente, los recursos al turno de un gobierno que se siente, tercamente, atado al poder, opina Isaías A. Márquez Díaz.


Al gobierno de Nicolás Maduro, frágil y perplejo, el 28/1 Estados Unidos (EE.UU.), justificadamente o no, ha impuesto sanciones a PDVSA, cuyos bienes e intereses quedan bajo interdicción EE.UU., permaneciendo cercenadas todas las vías de comercio petrolero con EE.UU. evidenciado en el producto de tener unas tres refinerías de Citgo por allá.

Además, se prohibe a todo ente estadounidense transar con las mismas las cuales tendrán, lógicamente, impacto sobre el gobierno de Nicolás Maduro Moros y, en consecuencia, sobre la población venezolana tan abatida por su crisis actual.

Recordemos que desde cuando se retoma el hilo constitucional en Venezuela. Tras la caída del general Pérez Jiménez, el respaldo de todos los presidentes, sin excepción, ha sido la cúpula militar; su blindaje, el petróleo.

Pero, con el aviso de la Casa Blanca, se le anulan, particularmente, los recursos al turno de un gobierno que, pese a un rechazo tan obvio, se siente, tercamente, atado al poder, hoy por hoy, usurpado, en virtud de su condición de gobierno de hecho (facto) según sectores de la oposición y algunos constitucionalistas, tales como Cipriano Heredia y Perkins Rocha.

El petróleo nos aporta cerca de un 96 % de nuestras rentas.

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Para colmo, se añade la merma de producción de crudo por PDVSA y el suministro de gasolina por Citgo, impacto que ya se prevé, pues el gobierno estadounidense ha congelado unos 11 MM de dólares de los haberes de la refinería Citgo, entre otras sanciones. Los ha cercenado y Citgo no podrá girar dinero a Venezuela, así como la privación a toda empresa estadounidense de adquirir crudo venezolano. Unos 385 Mbd, del total de un 20 % que vendemos a EE.UU.

Asimismo, tampoco podrán exportarnos nafta disolvente, empleada para que el crudo pesado pueda fluir por cerca de unos 100 km de oleoductos desde la Faja Petrolífera del Orinoco hasta la costa, donde se procesa o se exporta.

Aunque se pretenda entorpecer al sector petrolero es poco difícil que la población no sufra los impactos de tal medida, abusiva y despiadada, pues la intimidación persistirá mediante una “próxima ronda de sanciones para ejercer la presión máxima”, para lo cual parece que no estiman efecto bumerang.

Sin embargo, PDVSA garantiza el suministro de combustible y lubricantes.


Foto/ Cortesía

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