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“Cheíto”: cariño y respeto recompensan sus 27 años de servicio

febrero 28, 2019

William Blanco

Cheito lleva 27 años de servicio en el colegio Divino Niño Jesús donde le han demostrado cariño y respeto a los niños que han pasado por esta institución.


Desde las seis de la mañana con la alegría desbordada y una sonrisa contagiante, José Luis Gutiérrez, conocido por cariño como “Cheíto” espera la llegada de los niños, niñas y adolescentes del colegio Divino Niño Jesús. Al llegar los recibe con un fuerte abrazo y un con buenos días “mis niños”.

“Cheíto” nació en Coro y tiene 52 años de edad, de los cuales le ha dedicado 27 al colegio, que está ubicado en la urbanización Santa Irene de Punto Fijo, municipio Carirubana.

Lleva más de 30 años viviendo en Punto Fijo junto a su familia, su esposa y sus tres hijos; dos hembras y un varón; además tiene tres nietos a los que cuida y protege como un guerrero.

El tímido vigilante, pero querido por los escolares y sus padres, ha visto crecer y educarse a muchos jóvenes, que luego de graduarse de bachilleres han seguido el camino correcto y se han formado profesionalmente en diferentes ramas: abogados, arquitectos, ingenieros, médicos, capitanes del ejército y comandantes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Con un nudo en la garganta de la alegría, el sereno ícono manifestó que es un orgullo ver a los niños que cuidó por muchos años convertidos en hombres y mujeres de bien, en grandes profesionales, y que lo recuerden con ternura: “Eso me pone el corazón chiquito de la emoción, los pequeños que pasaron por este colegio que cuidé como míos son hoy generaciones de orgullo para mí, el plantel y para sus padres”, recordó con sentimiento.

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Confianza y cariño

La honestidad, responsabilidad y compromiso hicieron que los padres de los alumnos confiaran en “Cheíto” y tener la seguridad que bajo su cuido estarían protegidos.

“Hay momentos en que me toca quedarme hasta tarde, hasta que no buscan al último niño no me retiro, no lo hago por ser mi trabajo, sino porque nace en mí proteger y cuidar a los pequeños que bastante cariño me brindan”, suspiró.

“Cheíto”, quien suma 27 años viendo educar a los impúberes, ha tenido el compromiso de cuidar y velar por la seguridad de ellos; no puede entregarlos a nadie que no sean sus padres a menos que los representantes notifiquen que irá por ellos otro familiar: “No los dejo ir solos, me siento responsable de ellos, son como si fueran mis hijos”, afirmó.

José Luis Gutiérrez tiene muchos recuerdos gratos y bonitos de toda esa “muchachera” que he visto crecer y prepararse.

“Los oriento en lo bueno y lo malo, los regaño, les halo las orejas cuando lo amerita el caso, sus padres me dan la confianza de corregir sus pasos cuando siento que se están yendo por el camino errado”, precisó.

Habilidad para recordar nombres

Uno de los potenciales que tiene el señor “Cheíto” es recordar los nombres de todos los alumnos que han pasado por el plante durante sus 27 años de servicio, puede llegar cualquier persona preguntando por Pedro Pérez y él con seguridad y sin titubear responde el año, la sección y el turno que cursa; incluso hasta si es un joven que lleva años egresado del colegio.

Con el pasar de los años, José Luis Gutiérrez recuerda que tuvo muchos jóvenes de caracteres fuertes y tremendos, pero los sobrellevó. Hoy son grandes expertos y le agradecen el haberlos inclinado por el camino del bien: “Muchos me buscaban como confidentes, a veces me tenían más confianza a mí que a sus propios padres”, destacó.

Agradecimiento por siempre

Desde su inicio, hace 27 años “Cheíto” se ganó no solo el cariño de los niños y púberes, sino del personal docente, administrativo, directivo del colegio por su carisma, es tanto así que muchos padres han inscrito a todos sus hijos en esta institución educativa por tener la confianza en este vigilante que ha fungido como orientador para sus retoños.

El cariño que le han brindado reconforta su trabajo, es el mejor pago que puede recibir. Los estudiantes cuando terminan sus año escolar le dan reconocimientos, medallas y diplomas.

 

“Ése momento es triste para mí, se me salen las lágrimas solas al verlos partir, pero por otro lado siento satisfacción porque puedo asegurar que se van con valores que los permitirá crecer como seres humanos”, dijo.

Es un orgullo y alienta su dedicación al trabajo cuando muchos de los escolares que vio trepar y educarse lo toman en cuenta para acompañarlos al momento de recibir sus títulos como profesionales luego de tanto esfuerzo: “Ellos me aprecian mucho por haberles brindado cariño y guiarlos por el buen camino”.

27 años de cariño y respeto

“Mi espíritu sigue vivo y hasta que pueda seguiré este trabajo que hago con mucho amor, los chiquillos forman parte de mi vida, cuando llegan los fines de semana me desespero, me afano porque no estoy con ellos en el colegio, la escuela es mi segunda casa. Estar con ellos recibir y dar cariño es algo que no sabría expresar, es una emoción muy grande tenerlos en mi vida”, reveló con una sonrisa en su cara.

Son muchos los cambios que se le han hecho a la escuela, en sus inicios era una pequeña casita con tres salones, actualmente ha crecido en calidad de formación y en infraestructura. Hubo temporadas que no había cupos para recibirlos a todos. Hoy en día la situación del país ha hecho que la matricula haya bajada un poco, pero el cariño y la formación son de calidad en el colegio Divino Niño Jesús.


Fotos/ Yohan Gómez

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