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Cosas de películas y de la vida real por Simón Petit

marzo 2, 2019

Redactado por: Simón Petit

Sé que quieres creer que las ciudades traccionistas
y los asentamientos estáticos pueden vivir juntos en paz;
pero eso nunca sucederá
¿Por qué acaparan sus recursos?
Quieren vernos morir de hambre.
Nunca subestimes su capacidad de destruirnos…
Thaddeus Valentine a su hija en un diálogo de la película Máquinas Mortales.


Me llamó la atención este diálogo. La película es del 2018, Máquinas Mortales, y es dirigida por Christian Rivers, ganador del Oscar por mejores efectos visuales por su película King Kong.

Los guionistas son Peter Jackson, Fran Wash y Philippa Boyens, los tres también ganadores del Oscar por El Hobbit y la triología de El Señor de los Anillos.

La adaptación cinematográfica de Universal y MRC está basada en el cuarteto de los reconocidos libros de Philip Reeve, publicados del 2001 al 2006.

No le voy a echar el cuento porque es mejor verla a que la cuenten.

La película tampoco es que sea extraordinaria; pero si muy entretenida.

Una versión post-apocalíptica de ciencia ficción con buenos efectos especiales, un guión sólido y como es de esperarse una excelente fotografía y actuaciones destacadas.

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Sin embargo las entrelíneas del guión distinguen lo que ha venido siendo la amarga realidad de los imperios expansionistas.

En el diálogo referido está lo que llamaríamos la prepotencia del poderoso en apropiarse por cualquier medio de lo que necesita para subsistir.

“Si tienes algo que a mí me falta lo tomo porque lo necesito y para ello te liquido, independientemente de las consecuencias. Los daños colaterales se justifican y los resultados son los que importan a mi fin. Y si para ello debo mentirle al mundo lo hago, porque primero mueres tú que yo”.

Por decirlo en algunas palabras imaginarias que de seguro son verdad cuando lo piensan.

Hace algunos años (2007) se realizó una Asamblea de la OEA donde hubo un punto – de paso, fuera de la agenda- que por fortuna no fue aprobado.

Ya entonces se hablaba del colapso financiero del 2008 y 2009.

Se trataba de generar un debate con posterior aprobación y resolución para formular una ley que buscaba nada más y nada menos que negociar, en caso de una crisis global, el territorio de aquellos países cuyos recursos naturales y minerales se necesitaran para solventar la crisis.

En otras palabras, esta intervención sería por parte de los países desarrollados para continuar con su proceso productivo y tendrían la potestad de “irrumpir en caso de que el o los países con riquezas en el subsuelo no estuvieran de acuerdo en ceder estos recursos a los países que los necesitaran”.

Por fortuna, se opuso Raimundo y todo el mundo y de allí no pasó.

Pero se inventaron otra forma de hacerlo aprovechando la coyuntura política y las debilidades propias de los gobernantes que se engolosinan con el poder y sus beneficios y he aquí cómo surge también el término de una “amenaza inusual y extraordinaria” aplicada como ya se sabe a países que han sido invadido por americanos, rusos, ingleses y franceses, con Venezuela en la lista desde el 9 de marzo del 2015 para una futura confrontación.

Vale decir, que en este momento de incertidumbre – que si invaden o no invaden- las diferencias políticas entre los ciudadanos pueden llegar a un punto de exaltación de lado y lado, incluso del punto medio, sin ningún acuerdo; pero lo que todos deberían tener presente es que tenemos un país tan generoso que con todo lo que se han robado desde que se descubrió el petróleo y las minas de hierro, oro y diamante, aún sigue produciendo y puede producir más por un buen y largo tiempo, y eso lo saben quienes quieren invadir y quienes han invadido a través de convenios leoninos.

No caigamos en pasiones.

A los grandes imperios no les importa la gente.

Sino no hicieran la guerra Venezuela desde hace rato está en crisis y nadie puede negarlo ni ocultarlo; pero lo que más está en crisis es el recurso moral, como decía A. O. Hirschman.

Recuperar al venezolano de hace algunos años va costar.

Los valores están por encima de cualquier riqueza que podamos tener.

Los principios están tatuados en la conciencia ciudadana; pero eso, lamentablemente, lo hemos perdido.

¿Cuánto durará la incertidumbre?, ¿Qué pasará después –si algo pasa o no pasa – en el país?, solo Dios sabe.

Porque una cosa es lo que pareciera una película y otra es la realidad.


Foto/ Archivo

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