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Asia: entre la prosperidad y la guerra, por Alfredo Toro Hardy

marzo 6, 2019

Redactado por: Alfredo Toro Hardy

A juicio de Alfredo Toro Hardy, las expectativas de prosperidad pueden verse frustradas si el conflicto termina prevaleciendo en Asia.


Asia se ha convertido en el nuevo epicentro de la globalización. Es allí donde ésta encuentra sus mayores oportunidades: grandes fondos, ambiciosos proyectos y el convencimiento por parte de gobiernos y poblaciones de que la misma tiene aún un papel muy importante por jugar. Es allí, al mismo tiempo, donde una potente clase media en ascenso le garantiza a la globalización una inmensa posibilidad de expansión.

La clase media asiática ha sido la mayor beneficiaria de la globalización. El reconocido economista Branko Milanovic lo explica así: “Las poblaciones en el punto A obtuvieron el mayor incremento de ingreso económico: alrededor del 80 por ciento del mismo… ¿Quiénes fueron éstas, cuales fueron los mayores beneficiarios de la globalización? En nueve de diez casos fueron las poblaciones de los países emergentes de Asia, fundamentalmente en China, pero también en India, Tailandia, Vietnam e Indonesia (…) Estos grupos fueron los principales ‘ganadores’ de la globalización entre 1998 y 2008. Para simplificar, llamémoslos las ‘clases medias emergentes’”(Global Inequality: A New Approach for the Age of Globalization, Cambridge, Mass., 2016).

Más aún, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, OCDE, la clase media mundial pasará de 3.300 millones de personas en 2020 a 4.900 millones en 2030. De ese incremento, el 80% tendrá lugar en Asia. Como resultado de ello, un porcentaje fundamental del consumo y de la inversión global se moverá a esa parte del mundo. El mayor crecimiento en las clases medias se producirá en China e India, pero también otros países de la región verán expandirse las mismas de manera impresionante (Homi Kharas, “The Emerging Middle Class in Developing Countries”, Working Paper N. 285, 2010). No en balde, de acuerdo a PricewatherhouseCoopers, en 2050 las cuatro mayores economías del mundo serán en orden jerárquico las siguientes: China, India, Estados Unidos e Indonesia. En otras palabras, tres de las mayores economías globales se encontrarán en Asia (David Law, “Three scenarios for the future of geopolitics”, World Economic Forum, 21 June, 2018).

Sin embargo, las expectativas de prosperidad pueden verse frustradas si el conflicto termina prevaleciendo en un continente donde la expansión económica y la amenaza de guerra marchan de la mano. En efecto, en ninguna otra parte del planeta el crecimiento económico y el riesgo de destrucción armada se entrelazan de tal manera. Buen ejemplo de ello lo tenemos en la actual confrontación entre India y Pakistán.

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Las tensiones entre esos dos países se remontan a su independencia del Reino Unido y a la sangrienta partición de estos dos territorios al momento de su emancipación. La primera de las múltiples guerras y escaramuzas militares entre ambos comenzó poco después. En 1947 pelearon por la provincia de Cachemira dividida entre ellos, pero reclamada en su totalidad por las dos partes. En 1965 fueron de nuevo a una confrontación armada, perdida por Pakistán, por el tema Cachemira. En 1971 vino otra guerra, esta vez por Pakistán del Este. La misma se tradujo en una nueva derrota de Pakistán y en el surgimiento de Bangladesh.

En 1948 pelearon en el glaciar de Siachen en Cachemira, con nuevos enfrentamientos bélicos en esa misma área en 1985, 1987 y 1995. En 1999 se desató otra guerra como resultado de la ocupación por tropas pakistaníes del Distrito de Kergil en India. Un año antes, no obstante, India había detonado cinco bombas atómicas, lo cual fue seguido por la explosión de otras seis bombas atómicas por Pakistán. No en balde el mundo temió que este nuevo conflicto pudiese traducirse en un holocausto nuclear.

Al adentrarse en una carrera armamentista nuclear, ambos países se convirtieron en rehenes del principio de la destrucción recíproca asegurada. Con ello, limitaron sus opciones militares sin con ello incrementar la posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la ajena. En 2002 los dos países estuvieron al borde de un intercambio atómico. Para ese momento, India disponía de 49 bombas susceptibles de ser lanzadas a través de sus misiles balísticos Agni-2, mientras Pakistán disponía de entre 22 a 43 bombas que podía lanzar por vía de sus misiles Ghauri-2. Afortunadamente, la guerra atómica pudo ser evitada. Sin embargo las escaramuzas han continuado, en medio de un clima de tensión permanente. Más aún, los Servicios de Inteligencia pakistaníes han orquestado varios atentados terroristas en India, incluyendo la infame masacre de Bombay de 2008.

En días pasados 30 soldados indios murieron como resultado de un ataque terrorista en Cachemira, al cual Nueva Delhi respondió con ataques aéreos sobre Pakistán. En el proceso un avión indio fue derribado. Una vez más, las tensiones entre ambos se caldean. La posibilidad de que el brillante futuro económico de la India quede reducido a cenizas nucleares, pende cual espada de Damocles sobre este país. Se trata de la marca distintiva de Asia, signada por la dualidad de prosperidad y conflicto.


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