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OPINIóN

Estoy de acuerdo contigo, pero es como yo digo por Simón Petit

marzo 6, 2019

Redactado por: Simón Petit

“Al que no quiere caldo, se le dan dos tazas”
Refrán colombiano


Mi abuela Cándida solía decir “no hay tusa que le calce” cuando en una discusión alguien no llegaba a un acuerdo con la persona que debatía, precisamente, por polémica, terca y necia, ya que no le gusta coincidir con nadie en cualquier caso de sano juicio.

Aquí es donde la gente confunde esta naturaleza con la intolerancia; pero nada más lejos de eso.

Hay personas que por puro gusto llevan la contraria al prójimo, y, cuando el prójimo le da la razón, entonces la rebaten porque no es como lo dijo, sino por como lo dijo el otro.

En fin, caras vemos corazones no sabemos.

A veces caigo en ese juego de discutir con el necio y por momentos se me pega su necedad, y a veces su imprudencia; pero como decía Einstein “viva la imprudencia, la imprudencia es mi ángel de la guarda en este mundo”.

Claro Einstein lo decía porque por imprudente, más que por la curiosidad de su ingenio, llegó a varios descubrimientos.

Lo cierto es que hay también en estas personas una pose estereotipada.

Como todo en este mundo es diferenciarse del otro a costa incluso de pecar de patán, pues toda actitud de juicio se defeca en la buena voluntad.

No sabría cómo llamar a este tipo de sujeto; pero supongo que debe tener un nombre, así que agradezco a quien lo sepa, informarme para estar más ilustrado.

Hay quien dice que eso también es soberbia; puede ser pero tampoco lo es.

Pero decía que quien asume esta cualidad como modo de vida, no siempre llega a buen término.

Si bien es cierto que somos individuos y como individuos, individualistas, hay ocasiones en las que tenemos que estar de acuerdo por el bien de los dos, como dice una canción popular.

Bueno, así debería ser porque sino viviríamos en la eterna anarquía y por fortuna para eso están las leyes, para poner en cada uno en su sitio y en su santo lugar.

Sin embargo, creo definitivamente que en medio de todo y muy escondido en el fondo, estas personas lo que tienen es un complejo, puede que sea de superioridad o también de inferioridad, con sujeción a falsas impresiones y tormentos que le agobian.

No le gusta que alguien sea más inteligente que él o ella, y en consecuencia se impone a golpe y porrazo verbal.

Al medirlo con distancia, la persona siente el rechazo y allí es donde es más necia.

Como ese aforismo que solía decir mi compadre Henry Baldayo “donde molesto, amanezco”.

Y vaya que molestan.

El otro detalle es que algunos de los “normales” por esencia son provocadores, y a la sazón del debate, enciende los motores para la competencia de ver quién saca primero de sus casillas a quién.

Ya eso es harina de otro costal y otro tipo de espécimen.

Y finalmente, no sé si en esto tendrá que ver la edad; pero a medida que nos vamos poniendo más viejos, como que molestamos y comienza la transformación del bondadoso y venerable anciano al sujeto testarudo, caprichoso y ladilla.

He visto casos, y a veces pareciera que uno entra también al gremio sin querer queriendo, no se crea.

A todo esto, valdría la pena citar la frase e Erasmo de Rotterdam “En honor de la necedad hay levantadas tantas estatuas como mortales existen”.

Lo que me recuerda una anécdota de mi juventud con un jefe que tuve y que siempre discutía en el trabajo sobre la planificación de actividades, llegando al punto de robarse las ideas y en medio de la discusión las planteaba como suyas.

Entonces yo le decía “pero me estás dando la razón”, a lo que él me replicaba, diciendo: “exacto; pero es como yo digo”.


Foto/ Cortesía

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