Sucesos

“Mejor andan los indigentes que los presos del CCP-2”

Luis y Vitre jamás habían pisado un retén policial, ni siquiera dormido en alguno, hasta que la crisis crisis alimentaria agravada con el  apagón paralizó el comercio, colapsó las telecomunicaciones y un irrefrenable deseo de conectarse a Wifi, los llevó según su madre Milagros, a estar en el sitio equivocado.


“No insista mijo, que no hay Internet”, le dijo Milagros Amaya a su hijo Luis Antonio Miquilena, sin poder controlarle las ansias de salir. “Es que si no transfiero, no me dejarán entrar a clases mañana”, insistió el chamo de 18 años, quien no quería perderse la clase de inglés en Alpha Learning, academia ubicada en la avenida Jacinto Lara con calle Arismendi de Punto Fijo, estado Falcón.

En ese curso de inglés ocupaba Luis Antonio su tiempo, mientras esperaba que docentes de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, donde aspira cursar la carrera de medicina, levantaran el paro iniciado en febrero por inconformidad con sus salarios.

“Insistió en ir a Tacuato, a investigar y pagar la mensualidad con dinero que le transfirió su papá. Tacuato, porque en el ambulatorio había Internet para hacer la transferencia”, recordó.

Paraguaná y el estado Falcón estaban incomunicados. La falta de Internet y electricidad, incluso de señal de Movilnet, imposibilitó las compras por punto, por transferencias y mediante todo tipo de dispositivos electrónicos. Tacuato, población ubicada en la carretera Coro-Punto Fijo, el comercio se paralizó por completo.

Llegaron a la hora y momento equivocado

Aquella tarde del viernes 15 de marzo, Luis Antonio Miquilena, de 18 años, convenció a su hermano  Vitre José Amaya, de 28 años, agricultor, que accedió a llevarlo en moto hacia el ambulatorio para que hiciera la transferencia por celular, aprovechando el Wifi. Transitaban por la carretera cuando, a petición de algunos de la decena de policías desplegados en torno a una turba, se detuvieron en la orilla.

“Tacuato estaba alborotado”, según le contaron a Milagros Amaya. Al hurgar el porqué, supo que a eso de las cuatro y media de la tarde, un camión que transportaba productos hacia el Mercal de Judibana, había sido interceptado y saqueado.

“Imagino que era producto de la desesperación de la gente, que no encontraba qué comer. Había hambre en Tacuato”, comenta Milagros.

Polifalcón informó que hubo ocho detenidos

Funcionarios del Servicio de Investigación Penal de la Policía del Estado Falcón (SIPEF), que intervinieron con oficiales de la Dirección de Control de Reuniones Públicas y Manifestaciones, así como de la Brigada Motorizada, arrestaron a dos mujeres y seis hombres, entre ellos los hermanos Amaya, acusados del saqueo.

En el parte figuraron los nombres de Jaimary Riera, de 26 años; Roxana María Carmona, de 32 años; Xioder Rodríguez, de 32 años; Gustavo Enrique Gutiérrez (34); Jairo Luis Pitter Gómez, de 47 años, y Emmanuel José Pitter, de 18 años.

Polifalcón recuperó litros de aceite, azúcar, pasta, arroz, harina Juana y algunas cajas de Corn Flakes, pero en cuanto a quiénes tenían tales productos, no hubo detalles.

Según Polifalcón, hubo ocho detenidos por presuntamente participar en el saqueo del camión cargado de comida. Foto: Cortesía Polifalcón

“Productos y detenidos fueron metidos en un mismo saco”, algo que para Milagros Amaya apunta a ser otro mal procedimiento, igual o peor al efectuado el 23 de enero con una docena de muchachos, todos acusados de saquear una panadería en Coro, lo que mes y medio después se demostró, era falso.

Detenciones «al azar», según denunciante

“Es lamentable que, en su afán de infundir temor en la gente, la policía responsabilice de todo aquel que se encuentren a su paso o se les atraviesen en el camino. Los verdaderos culpables están libres. Hay videos sobre el saqueo y en ninguno de ellos aparecen mis hijos y los demás muchachos”, alegó Milagros, quien está viviendo un calvario la fase de investigación de la Fiscalía Décima.

 “Es la primera vez que mis hijos pisan un recinto policial, y hasta yo misma que desde entonces tengo que llevarle comida tres veces al día en el Centro de Coordinación Policial 2”, acotó.

Lágrimas de impotencia rodaron por las mejillas de Milagros, quien aparte de buscar comida donde no tiene, pasa horas en la carretera Coro-Punto Fijo, esperando cola, toda vez que no cuenta ni con dinero en efectivo ni en su cuenta, para cubrir los gastos de traslado de ida y vuelta a Punto Fijo.

Peores que unos indigentes

“Mis muchachos están aterrados. El mayor, Vitre, está guapeando, pero Luis Antonio, tiembla de miedo. Además del hambre, le aterra estar preso junto a presos comunes. En ese recinto lo que se desprenden son malos olores, hay hambre, hay sarna; con decirte que mejor andan los indigentes en la calle que estos presos”, comparó Milagros.

Milagros Amaya, hizo pública su preocupación por lo que pueda ocurrirle a sus hijos, y clama para que estos y los demás detenidos, recobren su libertad. «Que busquen a los verdaderos culpables», insistió.

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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