Opinión

La salvación está en el amor por Antonio Pérez Esclarín

Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente –con dignidad- ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido…


En una de las páginas más bellas de su libro, “El hombre en busca de destino”, donde Viktor Frankl narra los tres años que vivió en Austwitz, posiblemente el más terrible de los campos de exterminio nazi, cuenta cómo descubrió que la salvación del hombre está en el amor y a través del amor.

Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo, mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Por primera vez en mi vida entendí la verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre.

Fue entonces cuando comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad –aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido.

Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente –con dignidad- ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido…

No sabía si mi mujer estaba viva, pero para entonces ya había dejado de importarme, no necesitaba saberlo, nada podía alterar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o de la imagen de mi amada.

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Si entonces hubiera sabido que mi mujer estaba muerta, creo que hubiera seguido entregándome a la contemplación de su imagen y que mi conversación mental con ella hubiera sido igualmente real y gratificante

El modo en que el hombre acepta el sufrimiento le brinda una oportunidad de dar a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su dignidad, su generosidad, o bien, en la dura lucha por la sobrevivencia, puede olvidar su dignidad y convertirse en un ser peor que el más cruel de los animales.

Frank recuerda cómo había compañeros prisioneros, los “capos” que mostraban una crueldad incluso superior a la de los guardias nazis, pero había otros que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias-para decidir su propio camino.

Dostoyevski dijo en una ocasión: “sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos”, y estas palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y muerte, testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se pierde.

Los prisioneros no eran más que hombres normales,, pero algunos de ellos, al elegir ser “dignos de su sufrimiento” atestiguan la capacidad humana para elevarse por encima de su aparente destino.

El mensaje de Frank es claro y muy esperanzador y necesario en esta Venezuela tan atribulada: por muchas que sean las desgracias que se abatan sobre una persona, por muy cerrado que se presente el horizonte en un momento dado, siempre le queda al hombre la libertad inviolable de actuar conforme a sus principios.

Podrán arrebatarle todo, menos su dignidad y su libertad, la capacidad de elegir la actitud personal ante las circunstancias.


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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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