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Emmanuel Macron: «Los franceses deben trabajar más»

Se ha declarado dispuesto a «abandonar» el objetivo de suprimir 120.000 puestos de funcionario que se había fijado «si no es soportable».


El presidente de la República ha confirmado este jueves la rebaja de impuestos pero ha afirmado que «los franceses deben trabajar más».

Ha habido anuncios concretos pero ha sido más bien una hoja de ruta para el Gobierno.

Concebida para tratar de poner fin a la crisis de los chalecos amarillos, su intervención va a relanzar el debate de la edad de jubilación y de la jornada laboral.

Macron ha aceptado que no ha dado «una respuesta inmediata a la rabia social», ha defendido sus reformas y su voluntad de continuarlas.

Entusiasta, pareció dirigirse a las clases medias más que a los que protestan en las calles.

Ha considerado «indecente» plantearse ahora un segundo mandato: «Paso de la próxima elección presidencial, quiero tener éxito en este mandato» que acaba en 2022.

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Ha confirmado la bajada «significativa» del impuesto de la renta, pero ha dejado los detalles para el Gobierno.

También ha ratificado la revalorización de las pensiones inferiores a 2.000 euros.

Macron quiere que «los franceses trabajen más».

¿Cómo? Ha descartado la supresión de festivos, no irá más lejos de su reforma que deja en manos del diálogo a nivel de empresa trabajar más de 35 horas a la semana y no quiere modificar la edad de jubilación a los 62 años porque lo prometió en campaña.

Además, «sería hipócrita hacerlo mientras haya paro» , ha remachado.

¿Entonces? Los tiros van por alargar el periodo de cotización y unificar todos los regímenes en un sistema por puntos.

Estas medidas iban a ser anunciadas el lunes 15 en una alocución que fue suspendida por el incendio de la catedral de Notre Dame.

Desveladas por la prensa, eso permitió comprobar su aceptación.

Dos sondeos, publicados por ‘Le Figaro’ y ‘Le Monde’, coinciden: aprobadas con gran margen… excepto la supresión de la Escuela Nacional de la Suministración (ENA) que concitaba división de opiniones.

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Su supresión fue percibida como un regalo a los chalecos amarillos. Una concesión a la demagogia anti élite: por la ENA han pasado Macron y todos sus predecesores que estudiaron después de la Guerra Mundial, así como la mitad de los últimos 18 primeros ministros.

Este jueves se ha ratificado en su decisión, pero la ha englobado en una reforma amplia del acceso a la alta función pública.

La conferencia de prensa era la primera en los casi dos años de mandato de Macron, si excluimos, breves comparecencias tras las visitas de Estado y cumbres europeas.

Seis veces convocó su predecesor, François Hollande, que terminó escaldado después de que sus asuntos de cama saltaran a primera página. Macron, entonces su consejero, tomó nota: la prensa a distancia y comunicación directa con el pueblo francés…

La crisis de los chalecos amarillos le ha obligado a rectificar

«No retomaremos el curso normal de nuestras vidas» prometió Macron el 10 de diciembre. Sacó de la caja del Estado 10.000 millones.

Convocó el Gran Debate en el que han participado millón y medio de ciudadanos. Emprendió su Gran Tour de Francia, cien horas escuchando a 2.500 alcaldes y cargos electos.

Macron ha hablado sentado tras una mesa con dos líneas -azul y roja- en el frente. Dos rotuladores y cuartillas le esperaban en la mesa, pero un ayudante le tendió su Ipad. Se sentó en una silla blanca de diseño, Eames.

Estamos en la sala de fiestas del Elíseo, donde toman posesión de su cargo los presidentes y se hacen grandes recepciones, la última a los bomberos de París. Es la pieza más noble del palacio, residencia de los presidentes de Francia desde 1848.

Los Macron encontraron el Elíseo fatal. Hasta el Tribunal de Cuentas pedía obras de rehabilitación. Así que se pusieron a ello, bajo supervisión de Brigitte.

Fuera rojos (moqueta y cortinones de cinco metros), bienvenido el gris, según el proyecto de Isabelle Stanislas. Por un coste de 600.000 euros (la mitad para la moqueta que consumió dos toneladas de lana), la sala luce espléndida.

La protesta de los chalecos amarillos sigue gozando de la aprobación de la mitad de los franceses, según un sondeo difundido hoy.

Seis meses después de su arranque, las manifestaciones continúan… aunque han adelgazado. La última jornada se reunieron 29.000 personas, lejos del pico de 280.000, según cifras (contestadas) de Interior.

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Al final, pese al derroche de empatía con las cámaras, sus ganas de convencer y su voluntarismo político le dispararon una pregunta incómoda.

El caso Benalla, su guardaespaldas, ya apartado a raíz de los golpes que dio a unos manifestantes el pasado 1 de mayo cuando asistía como invitado de la policía.

Macron defendió su contratación en su momento, negó que el Elíseo le esté protegiendo, reclamó la presunción de inocencia pero admitió que el sujeto «ha cometido errores graves». Es mal asunto. Pero los ‘chalecos amarillos’ han desatado tal crisis que el ‘caso Benalla’ parece hoy un tema para iniciados.


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