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Un fabricante de linternas ilumina el ramadán en el casco viejo de Jerusalén

mayo 11, 2019

Jacqueline Finol

Redactado por: Globovisión

En su comercio del casco viejo de Jerusalén, Isam Zughair fabrica y vende linternas tradicionales para el Ramadán, un mercado en el que compite con las importaciones chinas, más baratas.


La tienda de Isam Zughair, de 67 años, propone un surtido de lámparas, grandes o pequeñas. Las cuelga del techo o las expone en el exterior para llamar la atención de los transeúntes durante las animadas noches del mes sagrado de ayuno de los musulmanes.

Aprendió el oficio de su padre, que empezó fabricando linternas de madera.

“Mi padre abrió la tienda en los años 1950, queremos preservar este patrimonio”, cuenta a la AFP, sentado junto a su esposa en una pequeña habitación, en la planta de arriba.

La linterna más imponente, creada especialmente para el Ramadán, mide dos metros de alto y tiene forma de mezquita. Es de metal y vidrio, siguiendo una técnica que se remonta al califato fatimí del siglo X en Egipto.

“Fabrico la linterna de metal más grande de Jerusalén”, dice Zughair,quien asegura que nadie le hace sombra en este ámbito.

Importa el material de Egipto y de Turquía y lo moldea en la tienda. A veces decora con versículos coránicos, frases religiosas o nombres a gusto del cliente.

La linterna desempeña un papel durante el Ramadán, que ha comenzado esta semana.

Como los musulmanes ayunan del alba hasta la puesta de sol, las actividades nocturnas adquieren especial relevancia. Tradicionalmente las linternas iluminaban el camino para los eventos religiosos.

– Alegría y bondad –

“Las linternas nos recuerdan el pasado y la forma en la que vivía la gente”, explica Isam Zughair.

Najeh Bkerat, de la Academia Al Aqsa para la Ciencia y el Patrimonio en Jerusalén, describe las linternas como un símbolo de la cultura y del patrimonio islámico, sobre todo durante el mes sagrado.

“La linterna es una tradición del mundo islámico. La gente la lleva para reflejar la luz, la bondad y la alegría asociadas al Ramadán”, explica.

Isam Zughair recibe sus primeros pedidos un mes antes del comienzo del ayuno. Sus clientes son musulmanes de Jerusalén o de Cisjordania, territorio palestino aledaño y ocupado por Israel, y también árabes israelíes.

Las vende entre 10 y 1.000 séqueles (de 2,5 a 250 euros, de 2,8 a 280 dólares) según su tamaño y laboriosidad.

Los pedidos cayeron considerablemente desde el año 2000, cuando comenzó la segunda intifada, la revuelta popular palestina, lamenta Zughair. Israel construyó un muro que separa Jerusalén de Cisjordaniacon el objetivo declarado de protegerse de ataques palestinos.

“Antes de la Intifada venían a comprar de toda Palestina. Hoy he perdido el 70% de mis clientes”, lamenta.

El poder adquisitivo de los palestinos de Jerusalén Este ha caído 30% desde 2000, afirma Ziyad Hamuri, un directivo del Centro de Derechos Sociales y Económicos de Jerusalén.

En busca de novedad

Isam Zughair se enfrenta además a la afluencia de imitaciones chinas a bajo precio.

“No tengo competencia en el mercado con la excepción de China”, afirma el artesano.

En una tienda de electrodomésticos, en el interior de una de las puertas fortificadas del casco viejo, otro comerciante, Hamzeh Takish, propone una selección de pequeñas linternas de plástico de fabricación china, algunas de ellas musicales, con canciones árabes. El precio oscila entre 15 y 20 séqueles (entre 3,75 y 5 euros, entre 4,2 y 5,6 dólares).

“No vendo linternas tradicionales. La gente viene en busca de novedad. Cada año (los productores chinos) proponen nuevos modelos”, afirma.

Alaa Wael, de 27 años, compró seis linternas, dos de ellas para casa y las otras para parientes. “Sólo cuestan 10 séqueles, el resto me importa poco”, afirma. “Lo importante es que funcionan y que contribuyen a la atmósfera del Ramadán“.

Las calles enmarañadas del casco viejo están adornadas con luces. Cuatro comités de barrio rivalizan entre sí para ver cuál embellece mejor su zona y también dan comida a los necesitados.

Uno de ellos instaló una linterna de 12 metros de metal y nailon. Las familias se arremolinan a su alrededor para admirarla.

“Comenzamos a trabajar un mes antes del Ramadán”, dice Amar Sidr, del comité del barrio de Bab Hata. “Tenemos experiencia en decorar, en combinar colores y le damos un toque personal”, presume.

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Jacqueline Finol

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