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Caridad Guerrero, la madre de más de 200 personas

mayo 12, 2019

Irene Revilla

Caridad es una cubana con dos hijos propios, pero es madre de más de 200 a quienes ha ido albergando en su casa para ayudarlos a salir de la mala vida.


Dicen que los nombres de cada persona son el reflejo de lo que Dios quiere de cada uno; en el caso de Caridad Guerrero, tanto su nombre como apellido la identifican tras albergar a niños sin hogar en su casa de distintas comunidades y hoy celebra el Día de las Madres recordando el amor infinito que les ha dado.

Caridad es una cubana con dos hijos propios, pero es madre de más de 200 a quienes ha ido albergando en su casa para ayudarlos a salir de la mala vida.

Algunos ya se han ido, otros ya son adultos y regresaron a las calles, mientras que actualmente tiene 27 personas en su casa, entre ellos cinco familias.

En una humilde casita, ubicada en el sector La Chinita Arriba, municipio Carirubana, Caridad soñó con tener un edificio para atender a los niños más necesitados; este sueño lo empezó a hacer realidad hace 11 años y muchas son las fundaciones e instituciones públicas y privadas que han hecho que ella ya tenga espacios propios y dignos para atender a todos los niños que buscan y necesitan un abrigo.

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“Una semilla para el reino” es el proyecto de esta mujer de 60 años y que le agradece a Dios todos los días tras ser su mayor proveedor al garantizarle la comida diaria para las casi 30 personas que tiene en su casa y además para darle comedor a unas 60 personas de la comunidad que buscan a diario un plato de comida.

La casa de Caridad ahora es de todas las personas que hacen posible que este proyecto se vaya consolidando con los años.

Recuerda que cuando empezó, se sentaban en bloques para darle clases a los niños o para escuchar la palabra, los pequeños dormían en cartones revestidos, pero ahora cuentan con espacios dignos y con el sueño de seguir construyendo el edificio donde tengan parques, escuela, música y deporte.

“La música y el deporte, cambia a las personas y por supuesto la palabra de Jehová. No es difícil ayudar, solo hay que tener las ganas de hacerlo”, dice la cubana con una sonrisa que siempre la acompaña.

Madre ante todo

“Ya por acá han pasado un poco de muchachos”, recuerda con una sonrisa mientras los nombra uno a uno.

“Tengo 11 años, tengo muchos recuerdos buenos, lo malo es cuando salen de aquí y regresan donde no tienen que regresar”, dicen, sin embargo, no deja de lado las metas de seguir preparando a los niños de su comunidad y los que lleguen de otro lugar.

“Creo que es tiene que haber muchas semillas para el reino en muchas partes del mundo”, dice con los ojos llenos de lágrimas, mientras recuerda que ha tenido que leer noticias de niños que mueren por falta de alimentos o que comen de la basura.

Sin duda cree que Dios no le ha permitido ver esos casos, sino que le envía personas bondadosas que llevan alegría a los niños que viven en su fundación y a los niños de la comunidad que ahora participan en tareas dirigidas, en el conservatorio de música y en el comedor.

El comedor es un sueño que nació de la necesidad de los niños de la comunidad. Comenzando dando 20 arepitas a los niños que pasaban a la escuela; hoy atiende a 60 personas diarias de todas las edades y eso es gracias a la colaboración de personas, incluso anónimas.

“Le dije a Dios que necesitaba cambiar la arepita por un plato de comida y empecé a decirle a los niños de la fundación que me dieran dos cucharadas de su comida y con ello logramos hacer cinco platos de comida; ese sacrificio dio para que nos llegara sacos de caraota y de arroz de gente que yo ni se”, contó entre risas.

El tiempo de Caridad se reduce en su día a día llevando las riendas de la fundación.

“Ése es mi tiempo y mi regalo, eso me hace feliz, ¿qué más le voy a pedir a la vida?”, se preguntó. Sus dos hijos están en Chile y semanalmente les envían dinero para comprar comida y lo que necesiten los pequeños; además de ellos también recibe apoyo de otras fundaciones y personas que están en el extranjero.

“Cuando me dicen gracias es la satisfacción más grande que puede sentir mi corazón. Hay días que he tenido que bañarme con sal para relajarme, de repente uno de ellos me abraza y me besa, ellos lo traducen así, pero lo mejor de todo es verles la carita cuando les dábamos esa arepita, eran unas caritas de felicidad que te roba el alma”.

Caridad, conocida popularmente como “Chachi”, asegura que si cree en Dios y tiene Fe en Él sus deseos se cumplen.

“Él lo ha hecho todo, venimos de un basurero, de sentarnos en el piso, de dormir amorochados, ahora míranos cuánto hemos crecido”, destacó.


Fotos: Edgar José Gómez 

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Irene Revilla

Amo el chocolate