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El caso de desnutrición severa y psicosis que conmociona a San Antonio

mayo 22, 2019

Gerardo Morón Sánchez

Redactado por: Gerardo Morón

_ ¡Es un despojo humano! Ni la sombra de lo que era_, refirió Benigno Noguera, rescatando de su memoria al Rangel José de antes: un hombre cuerdo, de unos 80 kilos de peso, que andaba vestido, arreglado, hacía mandados y recogía la basura. Y el Rangel de ahora: desnutrido, casi cadavérico, despeinado, maloliente, trastornado, amarrado y encerrado.


Sentada en la entrada de su destartalada casa, aquella que ardió hace una década tras un corto circuito, Elsa Josefina veía pasar la vida mientras escuchaba murmurar en el cuarto particular de salud mental, a Rangel José, su sexto hijo.

_ Deben ser los reporteros que según venían para reseñar el caso y ver si me ayudaban con mi hijo_, se dijo a sus adentros Elsa, con una intriga que se disipó tan pronto vio que de la Terios plateada y entre el equipo reporteril de Nuevo Día, venía Benigno Noguera, conocido popularmente como “Nino” en el sector San Antonio, Monteverde y Curazaito de Coro, municipio Miranda.

_ Vinimos por lo del muchacho_, se presentó con diplomacia “Nino”.

_ ¡Pasen adelante!_, repuso Elsa tras pararse de la silla e iniciar el trayecto por el largo pasillo hasta llegar al penúltimo cuarto, del cual irrumpían a través de la reja de la ventana en forma de celda, las manos mugrientas y maniatadas con un trapo verde, de su hijo Rangel José.

Elsa Josefina dice que le parte el alma tener que encerrar a su hijo, pero debido a que no mejora por falta de medicinas y comida, se torna peligroso. Foto: Carlos García

_ ¡Es un despojo humano! Ni la sombra de lo que era_, refirió “Nino”, rescatando de su memoria al Rangel José de antes: un hombre cuerdo, de unos 80 kilos de peso, que andaba vestido, arreglado, hacía mandados y recogía la basura. Y el Rangel de ahora: desnutrido, casi cadavérico, despeinado, maloliente, trastornado, amarrado y encerrado.

El día en que se quemó la casa y el éxodo de hijos

Otrora habitada por los Garmendia Chirinos, la casa fue la primera en entrar en desgracia hace una década.

_ Comencé a oler a cable quemado y me percaté del corto circuito, ya la candela estaba agarrando forma_, recuerda Elsa, quien apenas tuvo tiempo de entrar y despertar Rangel, quien dormía plácidamente en uno de los cuartos.

El fuego que devastó la casa ubicada en la calle Progreso, entre Silva y calle Federación de Coro, abrasó los escasos bienes que tenía, incluida ropa y la cocina que no ha podido recuperar. Si antes eran pobres, el incendio los dejó en peores condiciones.

Con el pasar del tiempo la mayoría de los hijos de Elsa tomaron rumbos diferentes, hasta quedar ella con Rangel, quien comenzó a ser otro, dice ella que a partir de una fiebre que le provocó convulsiones.

Hasta el 25 de julio del 2017, cuando ella lo llevó hasta la plaza Bolívar de Coro para que sacara el carné de la Patria,  Rangel mostraba letargo, pero no había manifestado alteraciones emocionales que lo conducirían a la psicosis. Pasó el tiempo y conforme al mismo, pasó a ser un completo desconocido, aunque único que seguía junto a su madre.

Así de robusto estaba en el 2010 Rangel, antes que la crisis de los años siguientes y escasez de medicinas y alimentos, lo dejaran como un despojo.  Foto: Carlos García

Las convulsiones se hicieron parte de la vida de Rangel.

_ ¡Le daban muy feo!, caía al suelo y luego quedaba como muerto. Pero sabía y sé que está vivo porque respira. Eso es lo que me la ha embromado el cerebro_, supone Elsa Josefina quien tiene 64 años, aunque dice que tiene 67.

El 17 de julio del 2018, un médico le diagnosticó una psicosis severa, lo que conllevaba a la aparición súbita de episodios delirantes. Rangel comenzó a experimentar pensamientos confusos, sufrir cambios drásticos en el hablar, decir cosas sin sentido y hablar incoherencias. Aquellos síntomas asociados a la psicosis, eran notorios.

Pronto se manifestaron otros, como la pérdida de la lógica, alucinaciones, voces retumbando en su mente, cambios afectivos y de percepción, pérdida de emociones y cambios bruscos de ánimo.

En Salud Mental no le brindaron la atención necesaria

Elsa no tuvo más remedio que internarlo en Salud Mental del Hospital Doctor Alfredo Van Grieken de Coro, al cuidado de especialistas.

_ ¡Le iban y venían!_, recuerda Elsa, refiriéndose a las convulsiones y pérdida de la noción del tiempo. Conforme a ese vaivén, era recluido o dado de alta.

La mejoría, el recuperar la cordura, significaba para Rangel regresar a casa, pero interrumpir el tratamiento a base de Fenobarbital de 100 mg y Carbamazepina de 200 mg, aunado a la mala alimentación, se convirtieron en caldo de cultivo y así fue recayendo hasta que la psicosis se hizo crónica.

_ Los cubanos durante algún tiempo me daban el tratamiento que necesitaba mi hijo, pero cuando comenzó al boom de los precios y la escasez, se me hizo difícil conseguirlos. Hubo un momento en que ya no pude hallarlos_, dice Elsa.

Y así se fue quedando sin ropa

Lejos de mejorar, Rangel empeoró. Salió hace seis meses de Salud Mental, mucho peor de cómo había entrado. Las veces que salía a deambular por la calle, se fue deshaciendo de la ropa hasta quedar sin nada.

_ ¡La botó toda!_, alega Elsa acerca del porque su hijo pasa los días de encierro en la habitación, desnudo, como Dios lo trajo al mundo.

Rangel pasa los días, incluso noches enteras hablando cosas que nadie entiende. Unos  días está sereno, canta algunas canciones que le vienen a la mente y saluda a uno que otro conocido que logra ver a través del protector de la ventana.

Elsa Josefina vive con su hijo menor, al que tiene encerrado y amarrado en la casa ubicada en la calle Progreso entre calles Silva y Federación. Foto: Carlos García

_ Yo misma lo baño a diario y limpio el piso del cuartico donde hace sus necesidades y  duerme_, confiesa Elsa, quien sigue sin proporcionarle el tratamiento médico a su hijo, por estar desempleada y no recibe nada de sus demás hijos quienes dejaron de visitarla.

_ Mis otros hijos no vienen ni si quiera para saber si estoy viva o muerta_, expresa melancólica.

A pesar de que el cuarto donde está encerrado no está bajo llave, sino con una tapa atravesada y sostenida con dos vigas cruzadas, Rangel no ha buscado escapar, aunque por eso lo han maniatado. Sus días transcurren en torno a la ventana, que en diciembre arrancó con una fuerza sobrenatural. No obstante, desde entonces y tras ser amarrado en las muñecas, la ventana es su puerta de conexión con el mundo exterior.

Desde ahí ve pasar el tiempo, casi siempre con las muñecas atadas y a veces los tobillos. A Elsa le parte el alma tener que hacer eso con su hijo, pero le han advertido que el muchacho que trajo mundo el 8 de enero de 1987, representa un peligro.

_ ¡Si lo suelto, capaz y me hace daño!_, reconoce.

En el sector San Antonio hubo un momento en que los más muchachos y muchachitos, disfrutaban sacando de quicio a Rangel, burlándose de su locura, a lo que este, molesto los reprimía a piedras, lo que dio un motivo más a Elsa para encerrarlo.

El colchón prometido por una aspirante a concejal que nunca volvió

Elsa pasa los días buscando donativos  o clamando le ayuden con  el tratamiento médico que requiere su hijo, también con alimentos, incluso un colchón para que su hijo duerma.

La actual concejal en el municipio Miranda, Yolexis García, cuando era candidata y visitó el sector San Antonio buscando votos, le ofreció una colchoneta, pero una vez ganó la elección, le sobrevino la amnesia que caracteriza a todos los políticos.

_ Ella estuvo en la casa, sabe del caso, prometió la colchoneta y todavía la estoy esperando_, expresó Elsa Josefina, quien junto a su hijo viven de la caridad de los vecinos, esos que no hacen promesas, sino que le tienden la mano a la gente que sufre los mismos embates, pues la crisis al fin de cuenta no hace excepción de personas.

Como saben que Elsa no tiene cocina, algunos le permiten que cocine en sus casas. Pero en el restaurante de Amelia, distante a unas cuadras, le dan casi a diario una ración de comida.

Una bolsa “desnutrida”

El Instituto Nacional de Nutrición, incluso, gracias a las gestiones de la líder de calle Coromoto Rivero, le suministra una bolsa de comida, que sin embargo no cumple con los estándares que demanda una persona con desnutrición severa.

Rangel pasa las 24 horas del día encerrado, viendo a través de la ventana hasta el pasillo y de vez en cuando a la calle. Foto: Carlos García

De los 10 casos de desnutrición severa que registran en el sector, el de Rangel José es el más complejo, pero hasta el mismo Instituto Nacional de Nutrición, a pesar de su iniciativa de querer ayudar, parece no saber un ápice de lo que es nutrición y dieta balanceada.

La última bolsa trajo tres kilos de azúcar, tres kilos de pasta y un litro de aceite, alimentos inapropiados para nutrirlo, además de insuficientes porque todo eso lo deben rendir un mes, lo que es absolutamente imposible.

Una ayuda que no puede seguir demorando

Pero su prioridad son los medicamentos que requiere su hijo, que aspira sea recibido en Salud Mental donde supone hay especialistas que pueden atenderlo y ayudarlo a mejorar, a salga del laberinto, del estado de psicosis aguda que lo tiene aislado del mundo y condenado a pasar el resto de sus días maniatado y encerrado en la habitación. Elsa Josefina accedió también a buscar ayuda espiritual para su hijo, la cual admitió no haber procurado a la par de la atención médica.

_ ¡Espero me ayuden!_, dijo Elsa Josefina al despedir al equipo de prensa y retomar su asiento en la entrada de la casa rosada, mientras que dijo Rangel, desde su encierro, observaba como el equipo de prensa y “Nino”, de retiraban.

Vecinos no han sido indiferentes al drama y tragedia que vive Elsa con su hijo Rangel. Foto: Carlos García

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".