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Moral y luces para reconstruir Venezuela por Antonio Pérez Esclarín

junio 10, 2019

Redactado por: Antonio Pérez Esclarín

El acceso al poder se ha entendido  como acceso al botín, y los que nos gobiernan utilizan los bienes públicos a su antojo, como si fueran propios.


“Moral y Luces son nuestras primeras necesidades”, clamó Bolívar en Angostura; y para la reconstrucción de Venezuela y superar de una vez la cultura del egoísmo, la incapacidad, la ambición y la violencia, vamos a necesitar mucha moral  y mucha educación de calidad.

Por ello, cuando estamos celebrando los  200 años del discurso de Bolívar en  Angostura,  Moral y Luces siguen siendo nuestras primeras y más urgentes necesidades.

Resulta verdaderamente vergonzoso comprobar  que, después de  20  años de una supuesta revolución moral, que iba a sepultar  la corrupción, aparecemos como uno de los países más corruptos del mundo. La política se ha divorciado de la ética y la corrupción se ha instalado en Venezuela como una forma de vida.

El acceso al poder se ha entendido  como acceso al botín, y los que nos gobiernan utilizan los bienes públicos a su antojo, como si fueran propios.

De ahí que ya no  causa extrañeza escuchar cómo a exministros y gobernantes se les acusa de robos multimillonarios y de llevar una vida de epulones, sin importarles la miseria de las mayorías a quienes  la mera sobrevivencia resulta una tragedia cada día más angustiante.

Lo peor del caso es que ese ejemplo de los poderosos ha permeado las conductas de muchos  que viven de espaldas a la ley y de los más elementales  principios de la ética y la convivencia.

Por ejemplo, resulta vergonzoso   comprobar, ante la nueva  crisis de la gasolina, cómo bomberos,  militares y policías, negocian en dólares abiertamente los cupos.

La gente se pregunta sorprendida  por qué muchos militares mantienen una posición tan pasiva ante el caos que estamos viviendo. ¿No será porque son ellos los que más se benefician y lucran de la situación?  En Venezuela impera hoy la anarquía y se va imponiendo el  “sálvese quien pueda”.

Por ello, más difícil que reconstruir la economía, va a ser reconstruir la moral. Y sin ella, nunca tendremos un país digno y próspero.

Espero que de la terrible crisis que sufrimos, hayamos aprendido al menos a desoír los cantos de sirena de populistas, seudomesías y sinvergüenzas,  que niegan con sus actos lo que proclaman en sus discursos y que su amor a los pobres ha resultado  tan eficaz que nos ha convertido a todos (menos a ellos, los suyos y los corruptos ) en pobres.

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Por ello, para reconstruir a Venezuela y sepultar de una vez el pasado,  necesitamos políticos bien capacitados y de solvencia ética, humildes y austeros, muy cercanos al pueblo, capaces de anteponer el bien  de Venezuela a sus ansias de figurar o de poder.

Resulta verdaderamente  escandaloso comprobar que el gobierno está fundamentalmente mantenido por los militares y por la incapacidad de la oposición de gestar  una verdadera unión

La reconstrucción de Venezuela va a exigir también de una  educación de calidad para todos, lo cual va a suponer otro enorme esfuerzo pues hoy la educación está completamente destruida.

Necesitamos una educación que forme auténticas  personas  y ciudadanos productivos y solidarios, con capacidad de insertarse activamente en  el mundo del trabajo y de la producción, y realmente comprometidos con el bien común.

Educación que ayude  a cada uno a conocerse, quererse y emprender el camino de su propia realización con los demás, no contra los demás.

Educación que despierte el gusto por aprender, por superarse permanentemente, que fomente la creatividad, la  libertad, el servicio y la solidaridad.

Educación que enseñe a vivir, a convivir, a defender y dar la vida.


Foto/ Archivo

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