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FALCÓN

Miguel Lugo evolucionó la repostería en tiempos de crisis

junio 26, 2019

Irene Revilla

Miguel Ángel Lugo Gómez, es un joven que al pisar los 20 años, no dudó en hacer sus sueños realidad y creó la marca “Dulces y Antojos de Paraguaná”, en aras de mostrar la dulzura a través de los postres.


Actualmente tiene 23 años de edad y tres años de haber iniciado su negocio gracias al empuje y a las ganas de su mamá de verlo cumplir sus sueños. Miguel, es un joven apasionado, creativo, dulce y que le brilla la mirada al recordar las palabras de aliento de su madre para lograr los objetivos.

En estos tres años, se ha dado cuenta que la repostería es más que llevar un buen dulce al cliente, se basa en ser creativo, constante, calculador y sobre todo ponerle mucho cariño a cada trabajo, de eso depende que todo quede a la perfección y además le guste al cliente, tanto como al repostero.

Contó que su amor por la repostería inició desde muy pequeño, gracias a que su tía, es repostera y siempre veía de cerca su trabajo. Esas miradas, lo llevaron a valorar la constancia, por ello, lo impulsó y lo invitó a trabajar en sus primeras piezas, que fueron los brazos gitanos. “De allí le tomé el gusto a la repostería, a los dulces y cada vez busco preparar cosas nuevas, tanto para retarme como para ofrecer variedad”, expresó entre risas.

Para Miguel, la situación país ha sido una oportunidad para unos y una desgracia para otros, pero él apuesta a que en su vida sea una oportunidad de ver las cosas distintas y crecer. “Los ingredientes suben o no se consiguen, es un juego que debemos hacer los reposteros para darle la vuelta a la situación y lograr que las cosas te queden bien, porque la calidad de los productos ya no es la misma”.

Ahora, se juega con los precios, hay mucha variedad de productos importados, pero hay que ir probando para saber cómo usarlos, la mayoría no es como siempre lo hemos hecho. “Creo que para lograr el equilibrio en esta profesión, hay que amar lo que hacemos para poder tener ganas y seguir. No es lo mismo mezclar los ingredientes que hacerlo con amor”.

A su juicio no hay nada difícil, todo se aprende con practica y con mucha entrega, puesto que en la repostería todo es medido, hay que ser minucioso, pero nada es imposible. “Es un reto, aplicar e inventar estrategias en este trabajo, por ejemplo cuando no consigues la mantequilla que te gusta, pero es un reto que nos hace más creativos y dinámicos”.

Su madre, su motivación

“Mi madre fue y es mi motivación, desde hace un año ya no está conmigo, pero todo, todo lo que hago siempre lleva algo de ella. Su motivación me llevó a imaginar y a trabajar los proyectos que quise hacer, es más me enfoqué en ese ejemplo”.

Este año ha sido fuerte para Miguel, ya que su madre falleció y le ha tocado continuar solo con los recuerdos de lo que un día le enseñó. “Siempre la tengo presente y eso me permite seguir”.

Nuevas estrategias

Por la misma situación país, tuvo que reinventarse para posicionar su marca, esta vez decidió dictar cursos para enseñar a sus clientes a hacer sus creaciones. Desde entonces lleva unas 20 entregas, donde ha mostrado todos los secretos de la calidad de sus productos y el sabor que son los factores que más gustan a sus clientes.

“Dictar cursos es un reto, porque no es igual presentarle el producto listo al cliente que tenerlo en tú cocina, preparando contigo y aprendiendo uno del otro, sin embargo, creo que cada persona le da su toque especial a lo que prepara, aunque se tenga la misma receta”.

Miguel sueña con llevar su negocio a las vitrinas, actualmente ofrece sus servicios a domicilio, porque prepara los dulces y tortas en su casa, pero la meta es concretar el negocio y hacer que propios y visitantes disfruten de todos sus trabajos.

Joven emprendedor

Al preguntarle a Miguel cómo logró tanto en tan poco tiempo, sonríe y refiere que las cosas que se quieren hacer se hacen sí se les da el empeño y la importancia que merecen. “Hice muchos cursos, me preparé, ensayé, hubo postres que me quedaron muy malos y poco a poco fui logrando mis objetivos. No hay nada imposible sí así lo deseas”.

Elevó un mensaje a los jóvenes a continuar sus sueños, a trabajar por cada meta que se les presente y a pensar siempre en un futuro disfrutando el presente. “Cuando me encierro en la cocina, estoy en mi propio mundo, me olvido del celular, de la gente, siento que estoy creando. Cuando veo los resultados siento que valió la pena”.


 

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Irene Revilla

Amo el chocolate