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Dos terremotos en California disparan el temor al “Big One”

julio 8, 2019

Jose Faneite

Redactado por: El Mundo

Los sismólogos elevan a un 9% la probabilidad de que se produzca un gran seísmo tras el de 7,1 grados del viernes en el desierto de Mojave, en California.


Pasaban pocos minutos de las ocho de la noche cuando el suelo empezó a temblar con virulencia, otra vez. Las bombillas del patio iniciaron el mismo baile acompasado del día anterior y las lámparas del techo, un movimiento brusco y torpe.

Los niños, que veían en la cama junto a sus primos la película del viernes por la noche, sintieron el seísmo y bajaron en manada con estrépito por las escaleras en dirección a la calle, donde, unos segundos más tarde, ya había un grupo de vecinos con el susto dibujado en el rostro.

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Uno de ellos, Alex Pampalone, teléfono en mano, confirmó que el sismo había sido de 7,1 grados en la escala de Richter, superando el de 6,4 grados del jueves, 4 de julio, con epicentro en Searles Valley y que también se sintió con fuerza en la principal urbe de California.

La sacudida hizo aflorar de inmediato los viejos temores al Big One del que se habla desde hace una eternidad en esta parte del mundo.

¿A qué se refieren? Al gran terremoto que los sismólogos llevan mucho tiempo anticipando, uno que se acerque o supere los ocho grados en la escala de Richter y sea capaz de causar una tragedia de gran magnitud en el sur de California.

De hecho, ya hay números después de las dos grandes sacudidas de esta semana que hablan de un incremento dramático en las probabilidades de un evento semejante.

Los datos preliminares indican que hay un 11% de posibilidades de que se repita un seísmo como el del viernes, y entre un 8% y un 9% de que se produzca el gran temblor, de acuerdo a la sismóloga Lucy Jones, de la Universidad CalTech en Pasadena.

“Sería extremadamente inusual si no tenemos otro de categoría cinco o superior” en esa región en los próximas días, indicó al diario ‘Los Angeles Times’, una situación que ha disparado las alarmas y la retahíla de consejos por parte de cadenas locales para preparar a la población.

Las probabilidades de que muchos angelinos salgan hoy a comprar agua, víveres, linternas y botiquines también son más altas que hace unos días.

“En California esperamos tener un terremoto de magnitud siete cada 10 o 20 años, y el último fue hace 20 años”, explicó Jones. “Piensen en esto como algo que California se supone que tiene que estar haciendo”.

Es cierto. El último seísmo que alcanzó los siete grados sucedió en 1999, hace dos décadas, una sacudida en el desierto del Mojave que no dejó muertos ni heridos de consideración.

Antes de eso, en 1994 un seísmo de magnitud 6,7 se cobró la vida de 57 y dejó 8.700 heridos.

De momento, no ha habido que lamentar víctima alguna esta semana, tan sólo un buen número de llamadas a los servicios de emergencia en Ridgecrest, en pleno desierto californiano. En el epicentro del terremoto del viernes se registraron un par de incendios y problemas en carreteras locales.

En Los Angeles, tan sólo un cúmulo de anécdotas y vídeos que comenzaron a circular de inmediato por las redes sociales, además de una lluvia de whatsapps de interesados por el estado de sus familiares en la urbe californiana.

El terremoto ni siquiera fue suficiente para detener el partido de Los Angeles Dodgers contra los Padres en pleno corazón de la ciudad.

Se siguió jugando como si nada.

También sintieron el movimiento en Las Vegas, como muestran las imágenes del partido de baloncesto que disputaron los New York Knicks y los New Orleans Pelicans en el Thomas & Mack Center.


Foto/Cortesía

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