Sucesos

La presunta mala praxis que segó la vida de Liliana y su hijo Juan

“Queremos que esto se aclare ya que no pueden seguir muriendo mujeres y bebés, y que ante los ojos de las autoridades y colectividad esto sea visto como normal, común y corriente”, se quejó Yovanni, hermano de Liliana quien murió junto a su bebé en una aparente mala praxis.


“…parto sin dolor, para apoyarlas y ayudarlas; un parto feliz, una gestación sana, feliz y humana…”, anticipó a principios del 2017 el presidente Nicolás Maduro sobre lo que el 11 de julio de ese año se constituiría en el Plan Nacional de Parto Humanizado, el cual no obstante pudo disfrutar Liliana, la maestra de música de Cabure que tuvo todo lo contrario a un parto humanizado, tanto así, que se encuentra bajo tierra junto al hijo que traería al mundo.

El caso de Juan Andrés y su madre Liliana

El niño se llamaría Juan Andrés. Su llegada tenía entusiasmados a los vecinos de la calle Palmasola de Cabure, a su padre Eduardo Colina y especialmente a Liliana Josefina, docente de música de la escuela básica bolivariana San Hilario del Petit ubicada en la vía al Ramonal, quien nuevamente sería madre, está vez de un varoncito.

Habían pasado 15 años, 9 meses y 2 días de su primer y hasta entonces último parto, el de una hermosa niña, ya adolescente quien este 23 de septiembre cumplirá 16 años.

A diferencia de su primer parto, a los 22 años de edad, Liliana tenía ahora 38, así que se ocupó más de estar bajo control prenatal, que transcurrió normal a juzgar por sus familiares. “Tensión normal, hemoglobina, peso acorde conforme transcurrían las semanas y meses”.

Yovanni Rivero, hermano y Eduardo Colina, esposo de Liliana Josefina, exigieron una investigación penal por el caso. Foto: José Gallo

Estuvo bajo estricto control prenatal

Liliana Josefina, nació el 26 de enero de 1981, en Cabure. Foto: cortesía

Muchas de las consultas prenatales fueron en el Hospital Doctor José María Espinoza, conocido como el ambulatorio de Chimpire, en Coro, municipio Miranda. Justo ahí, le harían la cesárea a sugerencia del médico que monitoreó el embarazo.

Liliana Josefina Rivero Zavala comenzó a sentir dolores de parto el jueves 25 de julio, estando en su casa. Familiares la trasladaron hasta el Hospital de Cabure, pero como allí no contaban con los insumos ni equipos para hacerle la cesárea, el médico la refirió a la emergencia del Hospital Doctor Alfredo Van Grieken de Coro. Al no haber ambulancia, el doctor se vino con ella en un carro particular, de un familiar de la paciente.

Referida de Cabure a Coro

Yovanni Rivero dice que su hermana presentaba 8 dilataciones, unos 8 centímetros en promedio. Liliana Josefina llegó a eso de las 10:30 de la noche al hospital y el médico de Cabure la entregó a los de guardia en el segundo piso quienes pasaron por alto que era una parturienta que tenía que ser cesareada. “La pusieron a parir durante 18 horas”, denunció el hermano.

Para el viernes, a eso del mediodía, Liliana seguía sin haber dado a luz y tampoco le había practicado la cesárea. Ya para entonces no sentía al bebé y vomitaba sangre, según su hermano que sospecha que la criatura se hizo pupú en el vientre y que murió porque dejaron transcurrir demasiado tiempo para sacarlo.

Dijeron que no había kits, pero lo suministraron

Los médicos pusieron a los familiares a dar carreras buscando hielo e insumos médicos, entre ellos el kits para la cesárea. Tras recorrer media ciudad de Coro, Eduardo Colina lo compró en  128.000 bolívares porque en el hospital dijeron que no había.

Cuando lo trajo a eso de las cuatro de la tarde, supieron que los médicos habían conseguido el kits y le habían hecho la cesárea, incluso comenzaron a hablar sobre extirparle el útero por desprendimiento. Al final terminaron haciéndole una una histerectomía.

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Muerte del bebé

Tres kilos 400 gramos pesó Juan Andrés, quien nació muerte, en tanto que Liliana Josefina fue subida al tercer piso, lo que para familiares fue prematura tomando en cuenta las complicaciones que le causó haber sido forzada a parir, en cierto modo coaccionada bajo el pretexto de que “las mujeres nacieron para parir”.

A eso de las cuatro de la tarde Liliana volvió a vomitar sangre, también se quejó de dolores intensos en las caderas, costillas, hombros y el vientre. “¡Hermanita!, eso debe ser por el esfuerzo de que te pusieron a partir”, le dijo en tono consolador Yovanni Rivero. Dos horas después Liliana vomitó nuevamente sangre.

“Eso nos preocupó más, sobre todo porque en el tercer piso no había médico. Asumimos que mandarían a buscar a uno del segundo piso, pero terminaron bajándola a ella a ese piso el domingo 28. Desde entonces quedamos marginados de ella pues no hubo manera de saber cómo seguía, de  cómo se sentía o qué le estaban haciendo pues, quedó bajo responsabilidad de los médicos que de vez en cuanto nos informaban, aunque no mucho”, recordó Yovanni.

Decían que estaba bien, pero tratamientos lo negaban

La situación se complicó todavía más, aunque el lunes, a eso de las 9:30 de la mañana, los médicos aseguraban que Liliana estaba bien. Pero paradójicamente decían que le harían transfusiones de sangre, incluso hora y media después, hablaban de colocarle un cóctel porque estaba muy débil.

Intuyen familiares que los vómitos y correspondiente sangrado alteró los valores de la hemoglobina, le bajó y ante eso, intentaron elevarla mediante transfusión o inyectarle una cóctel o complejo vitamínico. Esto a su vez descontroló la tensión, que suponen se le disparó por la mala praxis o la reacción ante algún medicamento.

Liliana quería regresar a recibir consuelo en su casa

A las tres de la tarde de ese lunes, Liliana mostró algunos signos de mejoría. Así se lo habría hecho saber a su prima Zoyla Petit, quien la aseó y cambió de ropa. “Estaba ansiosa por regresar a Cabure. Mañana me voy a casa”, recuerda Yovanni que decía su hermana, ya enterada de la pérdida de su hijo, pero apremiada por salir de aquel centro asistencial para regresar a la comodidad de casa y recibir el consuelo de sus familiares y vecinos.

Una hora después Liliana decayó estrepitosamente. “La cosa tomó otro color y una vez más nos pusieron a dar carreras, esta vez para buscar Hidrocortisona, Betametasona o Dexametasona. Creímos que era cualquiera de los tres, pero después de haber conseguido uno a duras penas, los médicos salieron que necesariamente debía ser Dexametasona para neutralizar la reacción”, recuerda Yovanni.

Liliana Josefina era docente de música en Cabure. Foto: cortesía

Una polémica segunda operación

Liliana seguía adolorida, traumatizada y solloza. “Anunciaron que había que operarla de emergencia porque tenía mucho líquido en las cavidades y si no se intervenía, moriría. La operación, según, duraría entre 30 y 45 minutos”, cuenta Yovanni quien rato después, calcula unos 20 minutos de iniciada la operación, a eso de las seis de la tarde del lunes 29, se les acercó un médico diciendo que la paciente estaba bien y que ya la estaban suturando.

Explicó el médico que a Liliana le habían extraído 1.000 cc de líquido y que habían tenido que entubarla para relajarle los pulmones. “Ahora depende de ella recuperarse”, esgrimió el doctor, lo que causó ruido y molestia en los familiares.

Que Liliana Josefina fuese responsable de su salud y vida cuando ella, sana y en sus facultades, se puso en manos de los médicos para lo que sería una simple cesárea que le permitiría ser madre por segunda vez, era para la familia como una excusa de los médicos para lavarse las manos.

Durante la angustiosa espera por saber cómo reaccionaría Liliana, otro médico se acercó a los familiares hablando más de lo mismo, responsabilizando a la paciente de su salud, lo que confundió más a los parientes, cuyas cabezas se llenaron de dudas e intriga en relación al estado real de salud de la cabureña de 38 años de edad. “La tuvimos que entubar para evitar la acumulación de líquido”, le dijo el doctor a secas, sin mayores detalles.

La muerte de Liliana Josefina

A cuatro días de la muerte por presunta mala praxis de su hijo, también murió Liliana Josefina. “El acta de defunción dice 10:42 pm, pero murió minutos antes”, indicó Yovanni sobre el funesto final de una historia que hasta la tarde del jueves 25 de julio, pintaba entusiasta por todo lo que implica el nacimiento de un niño y crecimiento de una humilde familia de Cabure, municipio Petit del estado Falcón.

La autopsia habría arrojado muerte por ruptura de la cápsula de Glisson, que es la capa fibrosa de colágeno que recubre el hígado, lo que había sido producto de la histerectomía que a su vez le habría causado hemorragias e incidido en la muerte, intuyen familiares.

De la ilusión por el nacimiento a la tragedia

Liliana  tenía 22 años cuando parió por primera vez, en el 2003. Foto cortesía

Los Rivero-Zavala-Colina, que esperaban con ansias a un nuevo integrante, terminaron perdiendo a Juan Andrés y a Liliana Josefina, hecho que los tiene consternados y por el cual Yovanni se refiere a la sala de parto del segundo piso como “la sala de matanza”, pues “no es  normal que una mujer sana ingresé para parir por cesárea y termine muerte junto a la criatura porque quienes la atendieron no tomaron en cuenta la historia clínica de la paciente ni le brindaron un trato humano a la dignidad de mujer”.

Liliana Josefina regresó dentro de un ataúd a su Cabure natal, causando hondo pesar en sus familiares, pobladores y sus alumnos de la escuela de música. Yovanni recuerda que cuando la estaban vistiendo a su hermana, el cuerpo habló.

Salvo las heridas de la cesárea y necropsia, Liliana no tenía la herida de incisión en la región intercostal que los doctores aseguraron haberle hecho para drenar el líquido de los pulmones y liberar presión. “Eso nos da a entender que nunca hubo una segunda operación como dijeron los médicos”, denunció.

Los temores de la familia Rivero

Yovanni asegura que la historia clínica de su hermana “desapareció” del Hospital de Coro, elemento que da mucho qué pensar dentro de esta trama de muerte que familiares se han propuesto no quede impune. “No acusamos a nadie en particular, pero queremos que esto se aclare ya que no pueden seguir muriendo mujeres y bebés, y que ante los ojos de las autoridades y colectividad esto sea visto como normal, común y corriente”, se quejó Yovanni.

“Hacemos un llamado al Fiscal General de la República, Tarek William Saab, al Ministro de Salud Carlos Alvarado, al secretario de Salud Henry Hernández a que, por el bien de la salud, orden se abra una investigación penal y se designe a un fiscal nacional por el trato deshumanizador, los tipos de violencia obstétrica y psicológica contra mi hermana, así como su muerte y la de su hijo”, solicitó Yovanni Rivero.

«Nadie quiere habar del caso en el hospital»

En el Hospital de Coro todos están al tanto del caso, pero quienes estuvieron de guardia y a cargo de la atención de la paciente, lo menos que han querido es hablar del mismo, por lo que impera el silencio y la prohibición de que “nadie hable del asunto”.

El silencio también imperó incluso entre un denominado grupo de ginecología donde alguno habría hecho la pregunta acerca de quienes estaban de guardia los días de ambas muertes y los pocos que respondieron fue para decir que no. Se supo por otro lado que una mujer, ajena al Hospital de Coro, insinuaba que los estudiantes podrían tener alguna responsabilidad, lo que originó un debate en torno a que estos no hacen nada sino es por la supervisión de los especialistas, quienes a su vez deberían monitorear todo cuanto acontece.

Aunque varias muertes en circunstancias sospechosas de parturientas se han registrado en el Hospital de Coro, la de Liliana y su hijo, ha comenzado a alzar voces de protesta. de Foto: Cortesía
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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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