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CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Julia Shaw: “Nuestras mentes están diseñadas para disfrutar del sufrimiento de los demás”

agosto 9, 2019

Marianny Chiquito

Redactado por: BBC

“Por raro que pueda sonar, matar es esencial para la condición humana”, dice Shaw.


Cuando se habla de asesinos con frecuencia se recurre a las palabras “monstruos” o “perversos” para calificarlos, como si fueran seres de otra especie aparte, absolutamente diferentes a nosotros. Sin embargo, todos somos capaces de matar.

Eso asegura Julia Shaw, una psicóloga criminalista nacida en Alemania pero afincada en Londres, que lleva años explorando los rincones más oscuros de la mente humana.

Doctora en Psicología por la Universidad de British Columbia, en Canadá, y en la actualidad investigadora en la Universidad London College, Shaw ha publicado recientemente un libro titulado “Hacer el mal” (editorial Temas de Hoy) que supone un estudio pormenorizado sobre nuestra infinita capacidad para hacer daño y que demuestra como también eres peor de lo que crees

A los seres humanos nos gusta matar. De hecho, somos superdepredadores, matamos a más animales y en mayor número que ninguna otra especie. ¿Estamos programados para matar?

Los humanos siempre hemos tenido que matar para sobrevivir: nuestros cuerpos matan bacterias que amenazan nuestras vidas, siempre hemos matado plantas y animales para comerlos y, ciertamente, desde tiempos ancestrales nos matamos los unos a los otros cuando nos sentimos amenazados o tenemos algo que ganar.

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Por raro que pueda sonar, matar es esencial para la condición humana.

¿Tenemos todas las personas un asesino dentro? ¿Somos todos capaces de matar en un determinado momento? ¿Vivimos rodeados de un montón de asesinos potenciales?

A todos solo nos separa una mala decisión de dañar de manera trágica a los otros. Un momento de locura en nuestros coches, un cuchillo que se desliza, un empujón…

Eso no significa que sea probable que todos actuemos igualmente de manera horrible, pero significa que todos debemos asumir que somos capaces de causar un gran daño a los demás.

Y cuando comencemos a comprender lo que nos puede conducir por caminos oscuros, podemos comenzar a entender por qué otros los han elegido. Podemos comenzar a descomponer el “mal” en sus componentes, recoger cada pieza y estudiarla.

En mi libro “Hacer el Mal” hablo de varios estudios al respecto. En uno de esos estudios la mayoría de los participantes (tanto hombres como mujeres) confesaron que habían tenido fantasías sobre el asesinato: fantaseaban con matar a personas como sus colegas o sus seres queridos.

Estos pensamientos son normales, por suerte llevarlos a la realidad no lo es. De hecho, jugar con estas cosas podría ayudarnos a tomar mejores decisiones porque, una vez que hemos jugado con el horror en nuestras mentes, es probable que decidamos que en realidad no queramos esas terribles consecuencias.

Vemos a menudo que aquellos que terminan cometiendo asesinatos no fantasearon con eso, como lo hacen los malos de las películas; en cambio, con frecuencia es el resultado de una pelea que va demasiado lejos o de los celos.

La mayoría de las veces, el asesinato no es el resultado de la planificación meticulosa de un sádico o psicópata, es mucho más probable que sea una mala decisión de la que la persona se arrepiente inmediatamente y que la persigue para el resto de sus vidas.

Si nos gusta matar, si matar está en nuestra naturaleza, ¿por qué consideramos el asesinato de un ser humano a manos de otro como algo terrible, monstruoso y contrario a la naturaleza?

No lo veríamos así si fuéramos honestos con nosotros mismos y si simplemente rascáramos ligeramente bajo la superficie. No vemos todos los asesinatos como malignos.

Cuando alguien mata en defensa propia, cuando nuestros soldados matan a las tropas “enemigas”, cuando combatientes se enfrentan al fascismo no vemos a esas personas como malignas. Puede que incluso las llamemos héroes.

Lo que la gente está de acuerdo en calificar como maligno es el asesinato de personas consideradas “inocentes”, y en particular cuando ese acto parece motivado por el sadismo. Pero este tipo de asesinato es muy raro, tan raro que vive casi exclusivamente en nuestra imaginación y en las películas de asesinos.

En su libro usted revela de hecho que muchos asesinos son “personas normales”, personas como nosotros, personas que incluso tienen un aspecto agradable…

Tenemos la fuerte suposición de que las personas con mal aspecto son malas, se trata de un efecto conocido como “el efecto diablo”. Necesitamos aprender a confiar menos en nuestras vísceras y a usar nuestros cerebros más para evaluar si hay evidencia de que una persona en particular sea realmente peligrosa para nosotros.

Eso puede ayudarnos a combatir problemas como la xenofobia y ayudarnos a detener la estigmatización de personas con discapacidades mentales o físicas.

Un estudio revela que tenemos todo tipo de suposiciones acerca del aspecto de aquellos a los que etiquetamos como “malvados”. En mi libro, por ejemplo, dedico un capítulo entero a lo espeluznante. Y lo que las investigaciones muestran es que cosas como los dedos largos, las risas extrañas, hablar demasiado sobre ciertos temas o estar demasiado próximo a menudo se perciben como “espeluznantes”, dijo la psicóloga.


Fotos/Cortesía

 

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Marianny Chiquito

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