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FALCÓN

Los Prado emprendieron con tortas caseras en Punto Fijo

agosto 15, 2019

Blanca Sánchez

Tienen proyectos de crecimiento dentro de su negocio familiar.


Son personas de fe, creyentes en la palabra de Dios y como tal profesan que para crecer y ser fuertes ante las adversidades, deben adorar  y confiar en el Altísimo.

La familia Prado está inmersa en la iglesia evangélica. La cabeza del hogar es el pastor Ángel Prado quien junto a su esposa Marlene, le han puesto el pecho a la crisis y la enfrentan con la oración y con sus manos creadoras de dulces, panes y tortas.

Siempre buscaron alternativas de independencia económica. Por ello, iniciaron hace unos 15 años en un negocio de comidas, pero luego de varios inconvenientes cerraron sus puertas.

Ángel Prado se dedicó a la prédica militar, mientras que la señora Marlene encontró empleo en una librería.

A pesar de contar con soltura monetaria, los Prado nunca dejaron de lado su amor por la cocina y de vez en cuando tomaban pedidos de tortas y dulces para algunas fechas especiales.

Miguel, el hijo menor de la pareja, se fue formando en ese mundo culinario y cuando terminó con sus estudios de bachillerato busco especializarse en lo que le apasiona.

El joven viajo a Valencia y asistió al Centro de Estudios Gastronómicos de Venezuela (Cegaven), donde se graduó como sub chef.

Ya con los conocimientos y técnicas de cocina, Miguel Ángel se unió a sus padres para formar un negocio casero que desde hace dos años les está dejando buenos frutos.

Proyectos en popa

El pastor Ángel Prado llegó desde Cabimas, estado Zulia con parte de su familia. Se asentaron en Punto Fijo, específicamente en la calle Altagracia, donde son conocidos por la ayuda al prójimo, por la formación de niños y jóvenes a través de su iglesia y por el característico sabor en sus platos.

Asegura que el crecimiento de su hogar ha estado en la fe y en el gusto por la comida. “Es una pasión que durante años compartí con mi esposa y hoy tengo que agradecer que mi hijo Miguel sigue nuestro ejemplo”.

Para Marlene, la cocina es un modo de vida y le ha dejado recompensas espirituales.

Lo mejor de cocinar es que la gente degusta algo que creaste con tus propias manos. En esas preparaciones se pone mucho amor, por ello nuestros clientes nos buscan y nos prefieren.

Los prado venden sus postres en un local ubicado frente a su vivienda, en la calle Altagracia, pero las preparaciones las hacen en la cocina de su casa, como siempre.

Por los momentos, ofrecen tortas de brownie, quesillo de yuca, torta quesillo, torta de zanahoria, piña y marmoleada.

Como el negocio marcha viento en popa, tienen en proyecto ampliar el menú con algunas especialidades saldas como alitas de pollo picantes.

Queremos complacer a todos los paladares. Cuando vienen a comprar las tortas, los clientes preguntan si no hemos pensado en vender comida salada, por ello tenemos este proyecto de crecimiento y emprendimiento, para darle respuesta a estas peticiones.

Expresó el sub chef.

La intención es quedarse

Para los Prado, emprender es sinónimo de lucha, de constancia, de esperanza. Aunque ya algunos integrantes de la familia alzaron vuelo a otras latitudes, los cabezas de hogar no se ven fuera de fronteras venezolanas. Aseguran que Paraguaná es una tierra noble a pesar de las fallas y como seguidores de Dios saben que el peor de los tiempos pasará.

Este es nuestro hogar y aún tenemos mucho que trabajar por nuestra comunidad. Nos sentimos activos, productivos y con ganas de proclamar el mensaje de Jesús a través de todo lo que hacemos, bien sea de la predicación o en cada torta que se lleva cada comensal.

Manifestó Ángel Prado.


Fotos/Yohan Gómez

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