Opinión

Opinión | Douglas por Simón Petit

Un intercambio de lecturas y opiniones que de cuando en vez hicimos para medir los pasos que damos como avance en el tortuoso camino de la literatura.


Ya te lo había dicho: uno está y no está. Y no es cuestión de reflexiones y debates sino de pura realidad.

Compa, es que a veces, con todo eso de la existencia y la ausencia, el motivo fue la excusa para pasar toda la noche en una barra, y como tú dijiste, son Oficios de la Noche.

Quizá eso también se redujo a una profunda calada de cigarrillo, a sorbo espumoso y helado, punzante a la vez. Y como terapia de esa sesión filosófica, la risa formaba parte Entre Cielo y Bar.

Por otro lado, quien en ese momento se sentaba al lado sabía que estaba expuesto a una ráfaga verbal de tu parte, cuya variación iba del insulto a la exaltación, del reconocimiento al sarcasmo justificado por la ignorancia de quien se ganaba tal comentario porque desconocía el Temblor que Somos.

Qué vaina Douglas Salazar, “te fuiste a la francesa, compadre” como solía decir Osterman cuando Omero Mota se escapaba de aquellos bacanales Entre Trances y Placeres que vivimos a finales de los ochenta y gran parte de los noventa. Pero tu acto escapista de hoy fue en verdad sorpresivo.

Quién iba a pensar que nada más entrando el año me confesaste que preferías ser más narrador que poeta y por eso incursionaste con algunos relatos que tuve la fortuna de leer. Un intercambio de lecturas y opiniones que de cuando en vez hicimos para medir los pasos que damos como avance en el tortuoso camino de la literatura.

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Y eso sí, tengo que decirle a los demás que ciertamente, podías ser un pan como también una piedra; que no eras monedita de oro y mucho menos talego para caer en gracia, porque allí estaba el detalle: soy como soy, gústele o no, decías.

¿Intransigente? ¿Malasangre? ¿Insoportable?, bueno, quizá un poco de todo; pero lo que debo defender es que eras amigo y hermano cuando debías serlo y eso consta en el corazón.

Puedo decir tantas cosas de muchos años de amistad y lo diré cada vez que pueda.

Puedo describir cada una de tus locuras y cada error con cada acierto. Pero ahora solo quiero recordar la imagen de aquel muchacho de cabello rizado que conocí en las puertas del Ateneo de Punto Fijo, cuando alegre y entusiasmado salía una tarde del taller de teatro con su cara de nerd, con sus lentes redondos y hablar desesperado, de sonrisa franca e intelecto probo. Aquel amigo que compartía tardes y noches la alegría de vivir en la penumbra de bombillos de colores y los rojos atardeceres de Carirubana.

Ese hermano que por carambola llegó a Paraguaná desde Caracas salido de Guanta y que en sus palabras más o palabras menos, siempre manifestó que Punto Fijo, a pesar de su Chorrerón de Recuerdos, sería la última morada para su eternidad.


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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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