Emprendimiento

Paraguanera radicada en Colombia regresó para enseñar un oficio a las mujeres

Rosymar Sánchez Zavala regresó a Paraguaná a capacitar a la mujer falconiana en un oficio que les ayude a dejar el país en alto y salir adelante.


Rosymar Sánchez Zavala es una joven de 29 años que hace dos años decidió emigrar por distintas razones junto a su esposo y su hija de 6 años. Al planificar el viaje, ella sabía que podía trabajar de cualquier cosa, porque como siempre le ha gustado trabajar, ha hecho cursos de todo.

Sin embargo, quería especializarse en algo que se necesitara en cualquier lugar y que fuera bien pagado. Por lo que se dedicó por unos meses a terminar su formación en diseño facial y así tener un oficio que ofrecer en cualquier lugar que llegase.

Decidieron irse a Bogotá, Colombia, donde actualmente funciona Rosy Spa, un lugar que inauguró el 9 de noviembre de 2018, luego de muchos sacrificios, como por ejemplo llegar a un país desconocido a ofrecerle a las mujeres colombianas arreglarles las cejas y pestañas, además de depilaciones.

El trabajo de ganar clientes fue casa a casa, conociendo cada zona, mientras su esposo la acompañaba en muchas oportunidades. Poco apoco fue haciendo la clientela y gracias a la dedicación, el esfuerzo y la entrega, las mujeres colombianas y venezolanas fueron llegando solas. Eso le abrió las puertas a tener su local, donde ya Rosy, como es conocida, ofrece sus servicios y también dicta cursos para que las que deseen puedan formarse y abrir su propio negocio.

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Asegura que emigrar no es fácil y lograr concebir un negocio mucho menos, pero se deben tener metas claras para poder ejercer en función de ellas, además contar con el apoyo de las personas que te rodean para ver la migración como una oportunidad y no hundirse en los pensamientos de recuerdos venezolanos.

Antes de regresar a Venezuela para impartir sus conocimientos, fue a Brasil a capacitarse en diseño de simetría facial y las últimas tendencias, enseñanzas que esta primera semana de octubre recibieron unas 30 mujeres de distintas regiones de Falcón.

Volvieron al país después de dos años a capacitar y brindarle a la mujer venezolana una herramienta que les ayude a dejar el país en alto como muchos lo han hecho. Recuerda que recibió críticas por el bajo costo, sin embargo, cree que está ganando dinero, trayendo el material importado con el que se queda cada participante para que pueda iniciar su negocio, al salir del taller.

“Nuestro taller gustó mucho, porque se les entrega el kit completo, es decir que al salir del taller ya pueden trabajar y generar sus ingresos. Nosotros también fabricamos nuestro propio pigmento y se los dejamos para que puedan trabajar. Los precios son mucho más asequibles a los que se consiguen aquí”.

Un oficio para convertirlo en estilo de vida

Rosy, vio la necesidad de enseñar su oficio, ya que veía en las plazas, calles y avenidas de Bogotá a los venezolanos, muchas veces profesionales, deambulando sin empleo. “Me ha tocado ver a profesionales en las calles porque esas carreras afuera no nos funcionan para nada. Entonces decidimos mostrarles nuestro emprendimiento”.

Decidimos traerlo a Venezuela para que quienes se quedan, puedan tener un ingreso extra y quienes migren, tengan un oficio que hacer. “Es un oficio muy bien pagado y muy buscado; además es versátil, esto no es nada más hacer cejas y pestañas, hay técnicas que cada día cambian por tendencia. Fue nuestra visión y es lo que quisimos hacer”.

Aseguró que recorrieron las calles para implementar los talleres en aras de capacitar a las mujeres venezolanas, sin embargo muchas personas no podían a pesar de su bajo costo. Con el firme objetivo de ayudar a las venezolanas, buscaron proveedores hasta lograr conseguir uno que ofrezca productos a buen precio y de buena calidad para que se beneficie la mayoría.

La segunda semana de octubre estará en Cali y Medellín en Colombia para capacitar a las venezolanas de esas zonas, para posteriormente regresar a Falcón en noviembre y capacitar otro grupo que se quedó por fuera en este primer viaje.

La xenofobia en Colombia

 Agradeció  el trato que ha recibido de los colombianos y aunque no ha sido atacada directamente, sabe de casos. “Mi esposo ahora trabaja conmigo, me ayuda con los talleres. Fue una decisión que tomamos porque él sí ha vivido esa xenofobia en los trabajos, ir a buscar un trabajo y te cierran la puerta, por eso ahora estamos juntos”.

En la comunidad donde funciona Rosy Spa, han circulado panfletos donde incitan a no hacerse nada ni comprarle nada a un venezolano. “Gracias a Dios no he pasado por esa situación, al contrario, tengo mucha clientela colombiana que incluso me llaman para decirme que no me vaya a quedar en Venezuela”.

Sueños y metas

Espera poder cambiarse de ciudad, seguir adentrándose a Colombia, aunque el sueño que siempre la acompaña es poder regresar a Venezuela y a su amada Carirubana. “Siempre había querido volver, tener dos años sin hacerlo fue duro, ver en lo que está convertido cada espacio, ver a mi familia y no poderte llevar todo, porque todo no te cabe en una maleta. Siempre he dicho que nosotros podemos con más, porque esta situación es pasajera y que en algún momento Venezuela va a ser lo que eramos”, dijo entre lágrimas.

A pesar de tener a su madre, hija, única hermana y sobrino con ella, no es fácil pasar un diciembre porque no es la misma tradición. “Ya se acercan las fechas y estamos pensando qué haremos y para dónde iremos porque no es lo mismo, sin embargo el venezolano siempre sale adelante y sonríe, eso es lo que haremos”, enunció.

Hoy la marca Rosy Spa, no solo ofrece los servicios de diseño facial, sino que dicta talleres y capacita a las mujeres que así lo deseen, además fabrica productos de muy buena calidad como el pigmento para las cejas.

 


Fotos/ Iván Martínez

 

 

 

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Irene Revilla

Amo el chocolate

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