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Carirubana |Comedores católicos alimentan el alma, la educación y la vida

IRENE REVILLA


Pese a la crisis que enfrenta el país y el alto costo de los alimentos, siempre hay alguien que voltea a ver al semejante y busca la manera de ayudar hasta anónimamente.

Este es el caso de los tres comedores que tiene la diócesis de Punto Fijo en la ciudad, uno en la propia sede, otro en la casa de la Misericordia de Bella Vista y otro en la iglesia La Resurrección de la misma comunidad.

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Las ideas han nacido de la necesidad que ve la iglesia en las comunidades, no solo del pan diario, sino de escuchar la palabra de Dios, aprender a orar y a saber que siempre está presente.

Los tres lugares, funcionan casi de la misma manera, reciben a las personas, les enseñan una oración y posteriormente los invitan a comer.

Monseñor Carlos Cabezas, obispo de Punto Fijo, aseguró sentirse muy satisfecho por el trabajo que se hace desde las instituciones que agrupa a no menos de 100 voluntarios por sede.

Aplaudió el buen corazón de los empresarios paraguaneros quienes no dudan en incluso, preparar los alimentos en sus empresas y llevarlas diariamente a la Curia diocesana.

El comedor “Madre Teresa de Cacuta”, fue creado hace tres años para aportar con un granito de arena para su alimentación. Diariamente se atienden entre 300 y 350 personas.

Es una experiencia única, que involucra a muchos voluntarios que van llegando solos. En esta circunstancia que vivimos es eso, una gótica de agua en el océano, pero sin esa gótica el mar estaría más vacío, es una manera de contribuir y ayudar a la necesidad de la gente

Aplaudió el trabajo del voluntariado que incluso que se rotan los días y se han organizado para trabajar en pro de este trabajo.

Hasta ahora no ha tenido fallas en los alimentos, pues los comerciantes de la zona asumieron el compromiso y día a día se cumple, incluso con la elaboración.

Este comedor es el que más atiende personas, también han hecho planes vacacionales y tareas dirigidas para ayudar a los niños que acuden diariamente.

Hace 20 años nació la Casa de la Misericordia, que aunque ha estado en tres sedes distintas, su propósito ha sido el mismo, educar, ayudar y alimentar a los niños más vulnerables de la comunidad.

Actualmente está en Bella Vista y recibe diariamente no menos de 120 niños en la mañana y 120 en las tardes.

Acuden en el horario que les queda libre de la escuela, en la sede se desayunan y almuerzan; durante la mañana se refuerzan las tareas de la escuela, además se escucha la palabra de Dios y también cuentan con un sistema de salud a través de Caritas para atenderlos en distintas áreas.

La facilitadora y docente desde hace 19 años, Marlene Ñañez, contó que los niños que pasan por esta institución aprenden muchas cosas, ya que es un trabajo integral que se hace con todos ellos.

Esta es mi casa, tú casa. Todos los días los recibimos, un pequeño grupo de trabajadores que con amor les mostramos que Dios existe y está con todos nosotros

La casa de la Misericordia labora de lunes a viernes y también atiende a un pequeño grupo de personas de la tercera edad y enfermos de la comunidad.

Cuentan con el apoyo del empresariado privado y de fundaciones que no dejan que les falte el alimento.

Con orgullo, dijo que nunca les ha faltado el alimento gracias a las almas caritativas que conocen y apoyan la labor de este grupo; han tenido fallas por la falta de agua que arropa a Bella Vista por hasta cuatro meses.

Atender a los abuelos es prioridad

 El comedor “Jesús de la Misericordia” funciona en la parroquia La Resurrección en Bella Vista, que está a cargo del presbítero Jhonny Pelayo, donde se atienden a 57 personas de la comunidad los lunes, miércoles y viernes.

Este lugar tiene casi tres años funcionando en un espacio de la iglesia, donde los voluntarios preparan la comida para personas de la tercera edad y encamados de la comunidad que sus familiares van diariamente a retirar la comida.

También se enseña una oración y se ayuda a entender que se está en una edad donde se debe estar tranquilo, disfrutar de lo que se tiene alrededor y sobre todo orar.

Todas las personas son voluntarias, las que les contribuyen son voluntarias que ayudan a la mayoría. Gracias a Dios podemos cumplir con una pequeña población.

Los tres comedores han sufrido por falta de agua o gas, porque los sectores donde están ubicados pueden estar hasta cuatro meses sin el servicio. También han parado las actividades por esta misma situación y sus encargados refieren que aunque el alimento está bastante costoso, este no ha sido un impedimento como lo ha sido el agua y el gas.


Fotos/Iván Martínez
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Irene Revilla

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