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Colombia | familias reciben 72 cuerpos de la masacre en Bojayá

Debieron pasar 17 años para que la comunidad pudiera darle sepultura definitiva a sus parientes.


Familias afrodescendientes de Bojayá, al oeste de Colombia, recibieron los cuerpos reconocidos de 72 personas, de las cuales 45 eran niñas y niños, que murieron hace 17 años luego que una bomba impactara la iglesia donde se refugiaban, causando una de las peores matanzas de civiles del conflicto armado colombiano.

Los restos regresaron en cofres blancos -para los cuerpos infantiles-  y marrones -para los adultos-  al templo San Pablo Apóstol, mismo lugar que la entonces guerrilla de las FARC hizo volar en medio de un enfrentamiento con paramilitares de las ultraderechistas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) con quienes se disputaban el control del selvático departamento del Chocó.

Se trató de unas de las peores acciones cometidas por la ya disuelta rebelión marxista en medio siglo de enfrentamiento con el Estado y fuerzas paramilitares.

En total, son 99 féretros que contienen los restos de las víctimas de la masacre. De esos, 72 han sido plenamente identificados.

En los demás ataúdes, hay algunos cuerpos sin identificar y otros llevan figuras de ángeles de cerámica como símbolo de las niñas y niños que no pudieron nacer pues, el día de la masacre, murieron mujeres embarazadas.

Silencio y dolor

Es un momento de silencio y de dolor. Acá se vuelve nuevamente a remover ese dolor que ha estado allí durante 17 años.

Señaló Yuber Palacios, del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá.

Por su parte, Ramón Rodríguez, director de la Unidad para las Víctimas, el organismo gubernamental encargado de la reparación de afectados por el conflicto armado, aseguró que este día es «histórico para la comunidad de Bojayá, porque ya tuvo la oportunidad de recibir los cuerpos de sus seres queridos después de muchos años».

Unas mil familias de las comunidades de Vigía del Fuerte, Bellavista Viejo, Bellavista Nuevo, Pogue y otras poblaciones participarán en los ocho días de ritos afrodescendientes, rezos y cantos o «alabaos», que culminarán con un entierro colectivo el 18 de noviembre.

A la llegada de los féretros al viejo caserío donde se cometió la masacre, sus residentes organizaron una calle de honor hasta el templo que también fue adornado con guinarldas blancas.

Uno a uno, los cofres fueron ingresando en medio de cánticos de: «¡ni una gota de sangre más en Bojayá!», que entonaron las mujeres.

La masacre dentro de la iglesia

Los restos que recién pudieron ser identificados plenamente fueron entregados a las familias después de que fueran exhumados en 2017.

Al día siguiente de la matanza, ocurrida el 2 mayo de 2002, los cadáveres, que quedaron destrozados dentro del templo, fueron metidos en bolsas negras y enterrados en una fosa común.

Y aunque, después, los cuerpos pudieron ser sacados de la fosa y depositados en varios cementerios, durante años no se hizo un debido proceso de identificación, por lo que la comunidad de Bojayá debió esperar para tener certeza absoluta sobre sus muertos.

En la iglesia se habían refugiado más de 400 personas creyendo que era el lugar más seguro del pueblo, pero la explosión de la bomba convirtió el templo en un lugar donde quedaron 74 muertos y decenas de heridos, según el registro oficial de entonces, pero otras fuentes elevan la cifra de fallecidos a 119.

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