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José Gregorio Correa: «Ojalá que la iglesia nos siente a toda la oposición»

El diputado no contradice abiertamente a Guaidó, pero sí insiste en que la oposición debe ponerse de acuerdo y crear un verdadero frente común para enfrentar al mandatario Nicolás Maduro.


“Cómo extraño a Ramón Guillermo Aveledo. Extraño a alguien que nos ponga de acuerdo y nos explique que los intereses superiores están por encima de las emociones personales”, afirma el diputado José Gregorio Correa, parlamentario por el estado Cojedes y dirigente de Primero Justicia. Es partidario de que el G4, la mesa de Casa Amarilla y otros factores de la oposición dialoguen y creen un frente común contra el gobierno.

Si el mantra de Juan Guaidó es “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, el de José Gregorio Correa es “tenemos que entendernos”. Correa no contradice abiertamente a Guaidó, pero sí insiste en que la oposición debe ponerse de acuerdo y crear un verdadero frente común para enfrentar al mandatario Nicolás Maduro y el proyecto de país del chavismo.

La posibilidad de que Venezuela tenga un Consejo Nacional Electoral (CNE) renovado lo estimula, pero no marca, en su opinión, la solución definitiva del conflicto político del país.

“El nuevo CNE es una solución para tener confianza en el mundo electoral, pero la solución del país somos todos en distintas áreas”, señala el diputado por el estado Cojedes en entrevista con Contrapunto.

En su larga enumeración de las fallas del CNE actual destacan la falta de confianza, el uso de la comida para forzar el voto de un color, la parcialización de los rectores.

—¿Eso va a cambiar con un nuevo CNE?

—Un nuevo CNE tiene la obligación de resolverlo. Tengo la esperanza de que Venezuela pueda cambiar, que elijamos un nuevo CNE que nos dé las garantías de confiabilidad que no tenemos. Un gobierno que no tiene votos se aferra a ese tipo de elecciones porque ahuyenta al sector que tiene el electorado. Y a los que tenemos la mayoría del electorado nos ahuyentan con el voto y el ventajismo. Hay que buscar un punto de equilibrio, que puede ser un nuevo CNE que nos dé garantías. No son solo los cinco rectores y sus suplentes, sino la juntas regionales. ¿Por qué no abrir un nuevo registro electoral? Cuánta gente ha muerto y sigue apareciendo? A todo joven que cumple 18 años hay que hacerle un incentivo para que crea en el voto.

—¿Qué elecciones solucionan el problema?

—Todas, las que corresponden y las que no. No hay garantía de que lo que ocurrió ocurrió bien. ¿Qué necesidad tiene alguien de ganar con dudas? ¿Qué necesidad había de adelantar un proceso electoral nueve meses? Esas cosas te alejan de la credibilidad. Esto debe estar basado en el derecho germánico, en la palabra, en que puedas creer. A eso hay que ir.

—¿Elecciones parlamentarias?

—Es obligatorio, es constitucional. Pero con este CNE es imposible hasta elegir la reina de Carnaval de febrero.

—¿Con este CNE no iría a parlamentarias?

—Es que no puede haber nadie que crea que Lucena es la garante de la constitucionalidad. No puede ser que la creadora de “la baranda” siga. En Venezuela hablar de baranda se asocia con lo electoral, con tramoya, oscuridad, falta de confiabilidad.

—¿Lucena puede optar para el nuevo CNE?

—Puede optar todo venezolano, pero hay una cosa que es la confiabilidad y la moralidad. ¿Gozará de la confianza? Un árbitro debe ser alguien a quien todo el mundo le crea. El CNE tiene que ser algo en lo que todos podamos confiar; que podamos confiar en los 15 rectores. Que sea gente de confianza.

—¿Qué ha ganado la Asamblea Nacional con el regreso del PSUV?

—Evidenciar las contradicciones que tenía el chavismo. Siempre me pregunto, ¿para qué han regresado? ¿Porque es el único centro de discusión política de todos los partidos? El único que representa a los ciudadanos es el Legislativo. Pero el chavismo todavía tiene una deuda con Amazonas. Este es un gobierno que se llama defensor de los indígenas, y el territorio con más indígenas tiene cuatro años sin sus cuatro diputados. ¿Cómo es posible que ese tema no se haya resuelto? Les resulta indiferente.

—¿La AN sigue en desacato, según el criterio del TSJ?

—¿Qué es desacato? El desacato es personal. Es en materia penal. Eso es porque el presidente fallecido llegó a tener 99 diputados, y nosotros, luchando contra el ventajismo del Estado, llegamos a tener 115 diputados. Por eso el gobierno inventó una figura para eliminar los diputados de Amazonas. Ellos metieron un amparo y el TSJ, en vez de ir contra el CNE que los proclamó, fue contra nosotros. Si el TSJ cree que la elección fue irregular, debió accionar contra la AN. Además, la señora Lucena dijo que eran las elecciones más transparentes de la historia, y a los seis días afirma que hubo irregularidades.

—¿Sigue en ese desacato?

—Dicen que estamos en desacato, pero no saben explicar por qué sigue el “desacato”.

—¿El diálogo entre la oposición?

—Es necesario y útil. Es necesario que tengamos conversaciones y diálogo interno, porque al fin y al cabo todos queremos lo mismo. Cada quien intenta que prevalezca su tesis, pero nadie difiere del fondo. Pareciera que discutimos sobre la forma, pero el fondo es el mismo. Al final del día nos vamos a poner de acuerdo a pesar de nosotros.

—Están la mesa de Casa Amarilla y el G4.

—Todos somos necesarios. Quien piensa distinto de mí es necesario. Hay cosa de “la mesita” con las que no coincido, pero no voy a descalificarlos y de mi boca nunca saldrá un adjetivo peyorativo para alguien que tiene el mismo deseo que yo; ni siquiera contra quienes piensan diferente de mí, porque en Venezuela no se justifica que derramemos una gota de sangre por pensar distinto. Lo hacen otros países por religión, por territorio, por creencias. Pero nosotros no: tenemos el mismo himno, el mismo territorio. El chavismo no quiere un Estado y nosotros otro. La bandera nos emociona a todos. No tenemos un motivo de fondo para pelear.

—¿Cómo se ponen de acuerdo?

—Siempre intentando. El que quiere hacerlo y tenga la intención. Los actores fundamentales deben hacerlo. Hay sectores que no están en ese bloque y debes incorporarlos. Y todo el mundo tiene derecho de hablar y opinar, ¿Cómo voy a criminalizar al que piensa distinto?

—¿En lo práctico cómo se resuelve?

—Intentando, llamando, procurando. Este es un tema en el que el orgullo debe quedar atrás. Porque miles de venezolanos tienen un problema: sus cosas cuestan ocho ceros más que hace nueve años. Esa es la verdadera tragedia. Este diciembre será tecnológico para las familias: Por instagram, por whatsapp, por llamadas. No hay un venezolano que no tenga un familiar en el exterior. Esa es una realidad que está allí y que debemos entender. Si no nos podemos de acuerdo vamos a dejar la peor de las sociedades.

—¿El G4 se debe incorporar a la mesa de Casa Amarilla?

—Es un tema de que conversemos entre nosotros y hagamos un frente común. Cómo extraño a Ramón Guillermo Aveledo. Extraño a alguien que nos ponga de acuerdo y nos explique que los intereses superiores están por encima de las emociones personales.

—La mesa de Casa Amarilla busca ser reconocida internacionalmente.

—Tenemos que lograr que haya armonía entre la música y el baile. Debemos lograrlo entre los venezolanos que pensamos que existe una Venezuela distinta del CLAP.

—¿Cómo se ponen de acuerdo?

—Ojalá podamos conseguir a alguien que nos siente a todos. Ojalá que fuese la Iglesia venezolana. Ojalá la Nunciatura Apostólica nos citara, nos sentara a todos y explicara que los intereses superiores están por encima de las individualidades. Ojalá que la iglesia nos siente a toda la oposición.

—¿Para qué?

—Para tener un frente común ante la barbarie que está cometiendo el Estado venezolano por intermedio del gobierno. Un frente común sin denominación de mesa, sino un frente que nos haga entender que tenemos diferencias, que no buscamos unanimidad pero sí una forma coherente.

—¿Qué implica eso?

—A lo mejor no es Noruega ni Casa Amarilla. A lo mejor podemos buscar otra vía. Mandela no la agotó, no lo hizo Gandhi. ¿Por qué nosotros no? Nosotros no tenemos problemas raciales. En Sudáfrica sí, y los superaron. Primero hay que deponer que nadie tiene la verdad.

—¿Qué le plantearía usted a Maduro?

—Que entienda que Venezuela es de todos, que no puede ser que las políticas del Estado son solo para unos, o que pensar distinto es un crimen. No es Caracas. Es e interior. Soy diputado por Cojedes y no hay justificación para que el estado esté así. El chavismo ha tenido gobernador, diputados y concejales, y hoy Cojedes es el segundo estado más deprimido de toda Venezuela según Cáritas, Cendas, Fe y Alegría. Podemos tener hasta tres semanas sin una bombona de gas.

—¿Debe salir Maduro? ¿Qué haría usted con el chavismo?

—El chavismo es una realidad y si lo ignoramos no hacemos bien a la verdad. Debemos ir tarde o temprano a que el presidente lo sea de todos los venezolanos, y que todos lo reconozcan. Eso hoy no lo hay, porque el organismo electoral se encargó de empañar el proceso, y el Estado se ocupó, con el peculado de uso, de asesinar la confiabilidad que tenemos los electores en la democracia.

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Anailys Vargas

Periodista y Msc. en Gerencia de RRHH. Actualmente, editora de la versión impresa y digital del diario Nuevo Día.

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