Ciencia y tecnología

Jordania se prepara para un futuro sin agua

Este país sólo tiene reservas hídricas para dos millones, sus acuíferos están sobreexplotados, el Mar Muerto agoniza y no hay dinero para soluciones


En los hoteles que jalonan la orilla jordana, el mar Muerto es una atracción cada vez más remota e inaccesible.

Las escaleras van sumando peldaños velozmente, obligadas por la lenta agonía del lago.

Cada año su nivel de agua se reduce más de un metro.

Hojear las instantáneas del mar Muerto de hace tan solo unas décadas produce el mismo efecto desolador que ha alcanzado a otros paisajes de Jordania, el quinto país con mayor estrés hídrico del planeta. 

El agua es el asunto más importante de nuestra seguridad nacional.

Replica a EL MUNDO Raed Abu el Saud, ministro jordano de Agua e Irrigación.

El imparable cambio climático está haciendo estragos en las escasas reservas hídricas del país árabe, con una capacidad actual que -sobre el papel- solo podría saciar la sed de dos millones de almas.

La población jordana, sin embargo, supera los diez millones de personas, con un rápido crecimiento demográfico por los conflictos que han estallado en la última década en las vecinas Siria e Irak.

1,4 millones de refugiados han hallado cobijo en sus confines.

Existe un gran abismo entre la cantidad de agua disponible y la demanda. Jordania depende del agua subterránea pero los acuíferos están siendo sobre explotados, a niveles muy superiores a su recuperación, y podrían extinguirse en los próximos 30 años.

Alerta en conversación con este diario Marwan Raggad, hidrogeólogo de la Universidad de Jordania. 

24 horas de suministro a la semana

La ONU considera «escasez absoluta» cuando el suministro hídrico anual de un país se halla por debajo de los 500 metros cúbicos por habitante.

En Jordania, el registro no supera los 150 metros cúbicos por ciudadano.

En algunos distritos de Amán, la capital, sus habitantes disfrutan de 24 horas de suministro a la semana. Y pueden considerarse afortunados.

Una sucesión interminable de depósitos despunta por las azoteas de los edificios, como recuerdo perpetuo de la crisis que atenaza a sus autoridades. 

«Estamos a la caza de recursos hídricos», admite El Saud.

Nuestros recursos son muy limitados. Actualmente estamos haciendo uso del nivel medio de los acuíferos. El plan a largo plazo es buscar a mayor profundidad. La única solución es ir en busca de ese agua profunda. La esperanza de vida de esas reservas depende de la zona. Uno de los mayores acuíferos a nuestra disposición tiene una vida estimada de 25 años pero nuestros geólogos calculan que podría utilizarse durante medio siglo.

Aventura el ministro. 

El cambio climático en Oriente Próximo, una de las regiones del mundo más afectadas por el desafío, es un factor que hace saltar por los aires cualquier previsión.

Según un estudio reciente de la universidad estadounidense de Stanford, las contribuciones del río Yarmouk a las reservas hídricas de Jordania podrían reducirse entre el 51 y el 75 por ciento en 2050.

Lluvias torrenciales

El impacto del cambio climático es muy fuerte en Jordania. El incremento de la temperatura supone más evaporación y mayor necesidad de irrigación en el sector agrícola. El cambio climático está modificando el flujo de precipitaciones. Vamos hacia una situación extrema, con lluvias torrenciales e inundaciones que impiden que podamos capturar el agua y usarla como recurso.

Pronostica Raggad. 

Las inundaciones que en noviembre de 2018 irrumpieron estrepitosamente en la antigua ciudad nabatea de Petra, segando doce vidas a su paso, son la prueba de un fenómeno que ha llegado para quedarse.

Con el tiempo en contra, las autoridades del reino hachemita reconocen que el porvenir no les sonríe.

Le diré en dos palabras nuestro reto: no tenemos agua ni dinero y tenemos que gestionar esas dos carencias. Cuando decimos que queremos bombear acuíferos más profundos, eso implica energía y la necesidad de atraer inversores.

Desliza el ministro. Jordania, sin el petróleo y el gas con el que fueron bendecidas las naciones vecinas, afronta el futuro inmersa en una profunda crisis económica y con las tensiones latentes de una sociedad cohesionada hasta ahora por los lazos tribales.

El mar muerto

La parálisis que afecta al proyecto para salvar al mar Muerto, a partir del traslado de agua desde el puerto jordano de Aqaba y las aportaciones israelíes desde el mar de Galilea, es un epítome del impasse en el que se halla, en general, Jordania.

Firmamos un acuerdo en 2005 pero desde entonces solo hemos acumulado retrasos y nuevas demandas. Y cada año perdemos un metro de agua. Tratamos de evitarlo pero, al final, es un asunto internacional. Estamos a la espera de la formación del nuevo Ejecutivo en Israel para ver qué podemos hacer. Está en stand by.

Confirma El Saud.

En el desafío del agua, Raggad apunta que «las autoridades tratan de hacer algo pero no es suficiente».

Se requiere una inversión financiera a gran escala. La principal solución es ir hacia la desalinización pero no es una opción barata por el precio de la energía y la realidad de que el mar está muy lejos de los usuarios, a unos 400 kilómetros de la capital.

Agrega. El tratamiento de aguas residuales es la otra alternativa.

La ineficiencia de la red de suministro y el uso ilegal del agua, así como el anticuado sistema de riego agrícola intensivo son asignaturas pendientes, junto a la sensibilización.

Hay que concienciar de la pérdida de agua, de la necesidad de cambiar los tanques y de que los acuíferos se están agotando.

Desliza a este diario Sufian Qurashi, miembro de la Iniciativa para la gestión del agua, un proyecto financiado por la agencia de cooperación estadounidense que acaba de firmar una potente campaña de concienciación pública. 

Ante la sed que dibuja el mañana, los fotogramas en blanco y negro siguen alimentando la nostalgia.

Antes de 1948 éramos el país con más agua de la región.

Murmura el ministro.

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