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Gisela Gutiérrez: «ser maestro es sumar y aportar a esta sociedad»

El maestro tiene la oportunidad de volver a vivir la escuela pero con ojos de adulto, rodeado de niños y niñas


Escucha a sus alumnos y alumnas emocionarse con sus nuevos aprendizajes, creer en sus procesos y capacidades, sabe que son únicos y especiales.

Se convertirte en cuentacuentos, potencia sus investigaciones, es ejemplo, está consciente que el error es parte del proceso de enseñanza-aprendizaje de ambos; que juntos aprenden diferente, que hay mil maneras de aprender, y cada abrazo y sonrisa es la mayor recompensa que puede recibir.

Y la maestra Gisela Gutiérrez, es muestra de lo anterior descrito, quien afirma que, «cuando se es maestra es para toda la vida; y sin maestros no existen profesionales, porque la educación es el principio de todo, es nuestra esperanza, la educación es el futuro», acentuó.

Ser maestro es asumir una enorme responsabilidad con orgullo, con la ilusión de compartir cada día en el aula con el alumnado. Es ofrecerles la mejor versión posible de uno mismo, de darlo todo por ellos todos los días, de enseñarles y aprender con ellos, de convivir en torno a unos valores básicos como el respeto, la igualdad y la tolerancia, aportando nuestro granito de arena para ayudarles a ser buenos ciudadanos, afianzando la cultura del esfuerzo, el espíritu del sacrificio, la capacidad de trabajar en equipo, y sumar y aportar a esta sociedad.

Retiró Gutiérrez.

Un aprendizaje constante

Gutiérrez recordó que siempre sintió pasión por la docencia, pues en su tiempo de adolescencia jugaba a la escuelita y mientras espera ingresar al bachillerato, enseñaba a leer y a escribir a los niños que vivían cerca de su casa.

Foto/Gregorio González

Después que aprobé la prueba de admisión en el liceo Cecilio Acosta, ingrese a estudiar para Docente Normalista, egresando en el año de 1979. Debo confesar que por un momento pensé sentir afinidad por la enfermería, y como mi hermana estudiaba la carrera en el mismo liceo, un día nos intercambiamos de salón, y eso me hizo confirmar que mi vocación era ser maestra.

Narró la docente.

Una vez que egresada, comenzó a laborar como suplente, siendo en 1981cuando recibe la titularidad de cargo para el Núcleo 76 El Cristo, en la población de Mirimire, siendo asignada a educación preescolar, porque no había vacante para el nivel de primaria.

Dos años más tarde, fue traslada para la escuela Manuel Vicente Cuervo, en Cumarebo, donde laboró por cinco años y nuevamente fue trasladada pero esta vez a su natal La vela, específicamente al Núcleo 193, donde comenzó a dar clase en el nivel de primaria (sólo primer grado), pues los alumnos y representantes siempre la solicitaban, porque era la mejor maestra.

En el año 1992, continúe con mis estudios por lo que ingresé a la universidad pedagógica Libertador, alcanzando el titulo de profesora en Educación Integral. Recuerdo que en una clase de matemáticas, estaba resolviendo unos ejercicios y se me olvido la tabla del número 7, por lo que tuve que sumar varias veces hasta obtener el resultado del ejercicio.

Comentó la educadora.

Para la profesora, ese episodio fue como una señal y a la vez una motivación para seguir estudiando y buscar la manera de experimentar la educación en los otros niveles de primaria, y una vez cambiado el diseño curricular y la solicitud de los representes fue cambiada a los diferentes niveles hasta el 2006 cuando recibió el oficio de jubilación.

Aunque ya la maestra tiene 14 años de jubilada, eso no ha sido limitante para olvidar su vocación, por lo cual, siempre participa en diferentes cursos, talleres, congresos que le han permitido enriquecer sus conocimientos y a la vez son impartidos a los niños que hacen vida en el museo comunitario de La Vela, además de sus nietos y sobrinos, quienes son sus semillitas, su esperanza de la educación.

Ejemplo para la sociedad

Sin duda alguna, los docentes cambian la vida de los niños y niñas, al punto que los alumnos superen sus miedos y se sientan fuertes y capaz, donde muchos dicen: cuando sea grande quiere ser como mi maestra o maestro; expresión que cumplió una de las hijas de la maestra Gisela. Y como no hacerlo si tiene la mejor inspiración en su vida.

Para mi es un orgullo que mis alumnos me recuerden y me saluden cuando ando por las calles, y que mi hija sea educadora es una satisfacción que muchas veces no se explicar, porque ella también jugó a la escuelita como yo lo hice un día. Hoy cuando celebramos el Día del Maestro extiendo mis felicitaciones, pero también les aconsejo que siempre se preparen para que den lo mejor a sus alumnos.

Concluyó la educadora.

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