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Opinión| Un país como ninguno por Simón Petit

El venezolano es un ser sinigual. Un sujeto al que le puede pasar lo peor pero se lo toma con soda. Una persona que ríe en la desgracia y canta en la pena


Los gringos desde hace algún tiempo, bastante tiempo diría yo, buscan alguna explicación que le responda y aclare el cómo un país como Venezuela, con tantas adversidades, con tantas trampas que le han montado, con tantas limitaciones que les han impuesto, con tanto acoso que le han orquestado, aún sobrevive.

¿Por qué no ha caído el gobierno? ¿Por qué se ríe de sus desgracias? Y por qué, en su insólito universo, ocurren cosas que lo hacen único.

Este es el país en el que de todo se saca un chiste, que se burla de sus dirigentes sea a favor o adverso, que en medio de un velorio nos morimos de la risa enfrente del difunto por algún cuento que han narrado en plena sala velatoria, que no ha terminado bien el año cuando en la primera semana de enero ya está dando el grito de carnaval.

Que amaneciendo miércoles de ceniza, estamos pensando en la semana santa, y que en pleno domingo de resurrección estamos programando la parrilla del 1ero de mayo. Eso sin contar que llegando junio, empezamos a escuchar gaitas porque ya se acabó el año y llegó diciembre.

Pero hay algo más curioso: es un país donde hay dos presidentes, dos asambleas nacionales, dos CNE, dos Tribunales Supremos de Justicia (TSJ), dos embajadores en cada país, dos monedas circulando en la economía nacional, y así en varias cosas de dos en dos que pareciera que jugamos a estar en otra dimensión, a pesar de tener una sola realidad.

Y somos así, pues a todo le damos la vuelta y a una bola de billar le sacamos punta. El detalle es que ese ingenio que tenemos no lo aprovechamos en función del país sino que lo hundimos con egoísmo e individualismo. No digo que ser individual sea malo porque por naturaleza somos desiguales y cada cual busca su mejora; pero a veces ese individualismo va con la intención de destruir al otro y, en fin, no voy a profundizar porque eso es harina de “otro costal” para seguir con este argumento de la dualidad.

Venezuela es una tierra tan rica en su territorio que no valoramos lo que tenemos, ni lo que tuvimos y menos lo que podemos tener si pusiéramos empeño y los pies sobre la tierra hacia dónde queremos avanzar.

Hace poco, leyendo una revista de economía, llegué a un dossier dedicado a Venezuela y en donde los grandes economistas del mundo coinciden que el problema del país, su verdadero y gran problema, es el político. De esa situación se ha desencadenado lo demás.

Sí: no dejan de tener razón si analizamos en frío. El país tiene conqué salir a flote si estuviéramos en condiciones normales.

Hay petróleo, oro, bauxita, aluminio, hierro, coltán, etc., hay tierras para la producción agrícola, hay industrias que pueden reactivarse y todo aquello que concierne al proceso productivo. Y a pesar de la diáspora, donde inevitablemente ha emigrado una valiosa parte del talento humano formado en nuestras universidades e industrias, todavía tenemos gente que puede trabajar y hacerlo en grande por Venezuela.

Acaso sea esto entonces la principal razón por la que somos tan distintos al resto del mundo. El venezolano es un ser sinigual. Un sujeto al que le puede pasar lo peor pero se lo toma con soda. Una persona que ríe en la desgracia y canta en la pena. Que ve en la infelicidad una oportunidad y en lo complejo una solución sencilla. Si no la tiene la inventa y si no existe la crea. Si no la gana la empata y si no lo sabe, carajo, se convence que sabe de todo y va pa’ lante.

El único defecto que tenemos es que, en definitiva, lamentablemente creemos más en los demás que en nosotros mismos, y allí está la frustración que por desgracia, también es doble, porque es estafa y desencanto al mismo tiempo, así, sin anestesia y sin consuelo.

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Gerardo Morón Sánchez

Periodista falconiano, a cargo de la fuente de sucesos, policial y judicial, también información general. Becario de la FNPI e Integrante de la Red Iberoamericana de Periodistas. Diario Nuevo Día "Periodismo que Integra".

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