Opinión

El Baúl de Raúl | El tren atravesaba el estadio en pleno juego

El estadio de Tampico en Veracruz, México, ya no existe ni hay beisbol profesional, todo el terreno es ocupado ahora por los talleres ferrocarrileros.


El estadio de Tampico en Veracruz, México, estaba lleno hasta las luces aquella noche de 1975, porque el juego era de playoff; con los Cafeteros de Córdova de visita había corredores en primera y segunda, las carreras del empate y de la ventaja, dos out y el bateador en tres y dos.

De pronto:

“¡Shhhiiiiiiiiiiii!… ¡Shhhiiiip… Shhhiiiiiiiiiip!”

Un sonido de tren se oyó en todo el ambiente y enseguida el chief umpire levantó los brazos y gritó:

“¡Tieeeeeeeeempoooo!”.

Los hombres de los servicios del parque corrieron hacia la esquina del rightfield y abrieron una doble puerta.

“¡Shhhiiiiiiiiiii!… ¡Shhhiiiip… Shhhiiiiiiiiiiip!”

Los peloteros, los seis umpire y los millares de espectadores miraban hacia aquel recodo de la derecha. El manager de los Alijadores de Tampico, Valentín «el Papelero» Valenzuela salió del dogout de un salto para ver mejor ese espectáculo adicional.

“Chas – chas, chas – chas… chas – rran – cha – chi”

Era el sonido de las ruedas metálicas sobre los rieles.

Por la ancha puerta mostró su nariz brillante una locomotora que no arrastraba vagón alguno.

La mayoría del público, por supuesto, estaba compuesto por nativos de Tampico y ellos sabían bien lo que ocurría; durante muchos años habían visto detener los juegos para el paso de estas máquinas.

La locomotora iba en línea recta un poco más allá de la almohadilla de la segunda base, pero más cerca de donde jugaba el centerfield, como si se deslizara sobre la grama en vez de rodar encima de los rieles. En su marcha buscaba el extremo cerca del poste de Fair del leftfield.

Por allá habían abierto otra puerta doble y por allí salió ese monstruo metálico, mostrando sus nalgas a la concurrencia, como si dijera: “Gracias y hasta luego”.

El árbitro echo un vistazo a ver si los dos portones estaban ya cerrados y cantó:

“¡Plaaaaay Baaaaall!”.

Ovación general y se reanudo el juego. Roberto Castellón era el segunda base de los Alijadores y comento lo siguiente:

“Durante mi carrera jugué numerosas veces en Tampico y jamás vi que esos rieles estorbaran, ni que alguna pelota se desviara o que un pelotero tropezara, pero no digo que no ocurriera alguna vez, sino que yo no lo vi”.

Comentó también Roberto “que esa área de foul por el leftfield, era la de los talleres del ferrocarril y por eso llevaban las máquinas sin vagones para darles mantenimiento o repararlas”.

Por cierto, que el estadio ya no existe, ni hay beisbol profesional en Tampico, todo el terreno que era estadio es ocupado ahora por los talleres ferrocarrileros.

Aquel año de 1975, los Alijadores se titularon campeones al vencer a los de Córdova en cinco juegos en la serie final.

Fuente: Juan Vene.

Etiquetas
Mostrar más

Anailys Vargas

Periodista y Msc. en Gerencia de RRHH. Actualmente, editora de la versión impresa y digital del diario Nuevo Día.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar
Cerrar