Opinión

El Baúl de Raúl | Preparaba cadáveres después de los juegos

La recta de Quisenberry era más lenta que un cambio, no tenía el poder de un lanzador de muchos ponches.


Dan Quisenberry solía contar:

“Cuando en la primavera de 1975 me veían lanzar los scouts en los tryout, uno de ellos me dijo de pronto:
“Esta bueno de cambios jovencito, tire ahora su recta”, a lo que respondí:
“Pero bueno si esa es mi recta y era la verdad”.

Quisenberry con su sonrisa permanente bajo el grueso bigote y ojos cerrados al mínimo por su gesto, resultaba siempre muy gracioso.

Solía hacer chistes de el mismo, como ese de su muy lenta bola rápida, o como la vez que lo compararon con Rich Cossage.

Fue cuando replicó: “Eso no me gusta, me siento muy mal comparado con un tipo que lanza la pelota más duro que dios”.

Pero aun cuando llego a las Grandes Ligas a los 26 años de edad en 1979, estuvo 12 años por esas alturas con tres uniformes diferentes.

Durante nueve temporadas permaneció con los Royals en la Liga Americana, con quienes apareció en tres series por el campeonato (1980, 1984, 1985) en dos Series Mundiales (1980, 1985) y término en la Liga Nacional con San Luis y en San Francisco.

Se retiró después de la campaña de 1989.

Con sus lanzamientos por debajo del brazo, lo que llaman “submarine ball”
apareció en 674 juegos, gano 56, perdió 46 y salvo 244 con efectividad de 2.76.

Dan había lanzado antes por debajo del brazo, pero a los 21 años de edad
después de la temporada de 1974 cuando termino con 12 – 2 como pitcher estelar de la Universidad de California, se sintió agotado y por eso cambio su estilo.

La recta de Quisenberry era más lenta que un cambio, no tenía el poder de un lanzador de muchos ponches, por lo que difícilmente fusilaba a más de un bateador de cada tres.

Pero lanzaba la sinkerball con asombrosa precisión, obligando a batear roletazos lo que le hizo un excelente relevista para dobleplays.

Su control fue otro aspecto notable, en toda su carrera solo concedió 162 bases por bolas, es decir, menos de una en cada cuatro apariciones.

En 1977 y 1978 su tercer y cuarto año en las menores fue enviado a jugar a
Jacksonville, donde ya había estado en parte de las dos temporadas anteriores, era muy conocido y querido en esa ciudad y se había hecho amigo del dueño de una funeraria, como el sueldo de pelotero era muy bajo, le pidió cooperación para conseguir un trabajo adicional.

“Justamente necesito a alguien que me ayude en la funeraria, te gustaría trabajar conmigo”.

El amigo le prometió a enseñarle a preparar los cadáveres y a entrenarlo también en los otros pormenores del servicio.

Al final llegaron a un acuerdo Dan y su esposa Jane vivirían en la misma funeraria, de manera que se economizaban el pago de la vivienda.

Ella también aprendería todos los pormenores del negocio para sustituir a su marido cuando el equipo y el estuvieran de gira.

Quisenberry solía contar:

“Desde entonces estoy seguro de que cuando muera voy a estar mejor preparado que el más prominente de los cadáveres, porque caeré en manos de mi viuda, digo que a la hora de muerte ella no este enojada conmigo, porque en ese caso me iría muy mal, quien sabe que sería capaz ella de hacer con mi pobre cadáver”.

Durante una de las visitas de los Royals a Nueva York en 1987 y antes de uno de los juegos, durante la práctica de bateo Dan Quisenberry estaba rodeado de reporteros como casi siempre, debido a su cordialidad y al ambiente humorístico habitual de su charla.

Contaba Quisenberry: Que una noche trajeron a la funeraria dos cadáveres de familias diferentes y que necesitaban de nuestra preparación, el de una señora ya abuela y el de un señor ya abuelo, pero había juego en Jacksonville, por lo que yo estaba en el estadio.

Mi esposa se dedicó al cuerpo de la señora y decidió que yo arreglaría el del señor en cuanto regresara y así fue, pero cometimos algún error en el proceso, porque ya en la madrugada cuando los dos velorios en diferentes capillas de nuestra funeraria estaban al máximo de su drama, se me acerco un joven evidentemente enojado y me gritó:

“Quien le ha dicho a usted que mi mama tenia bigote, mire ese cadáver, no es el de mi mama”.

Lógicamente habíamos cambiado los cuerpos, en la otra capilla estaban tratando de explicarse, como es que el señor apareciera de pronto después de muerto sin sus bigotes de toda la vida.

Las protestas fueron ruidosas, pedían que en cuanto antes cambien a nuestros muertos, fue entonces que le propuse una solución práctica, que se cambiaran ellos de capilla, refunfuñando y todo lo hicieron.

Desde esa noche decidí dejarme el bigote y bien grande como ven, para que ya cadáver puedan reconocerme fácilmente.

Quisenberry murió el 30 de septiembre de 1998 en Kansas, víctima de un tumor canceroso en el cerebro, estaba en sus 45 años de edad, ya que había nacido en Santa Mónica California el 7 de febrero de 1953, no hubo confusión alguna en su cadáver.

Entre 1980 y 1985, seis temporadas consecutivas Dan Quisenberry fue el mejor cerrador de la Americana, salvo 45 veces en 1983, termino como líder en salvados en cinco campañas y formo parte de tres juegos de estrellas.

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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