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Opinión| Estados Unidos y su dictadura perfecta

Todo el sistema político y gubernamental está en contra de aquellos que buscan un cambio, salvo una que otra voz unitaria.


He leído montones de expresiones por las redes sociales, he incluso artículos de opinión serios, relacionados con la posibilidad de que Trump pierda las elecciones este próximo noviembre, sobre todo después de las masivas manifestaciones ocurridas en las últimas semanas.

Particularmente en Venezuela, por Twitter se siente un ambiente de esperanza de que se efectúe un cambio de Gobierno en Estados Unidos, sintiendo que con ello va a generarse una modificación en la política exterior de ese país, y más hacia Venezuela.

Esta semana tuve el placer de participar como oyente en dos videoconferencias sobre el tema actual en Los Estados Unidos, las manifestaciones y la COVID-19, estos dos analistas (uno con un periodista, Benjamin Northon y el otro con un sociólogo, James Early), cada uno desde su visión y contexto, coincidieron en varios elementos importantes que quiero compartir :

• En Estados Unidos realmente no existe una democracia, no solo por lo limitado del sistema electoral, de segundo grado que reduce la verdadera participación de las personas, sino que en Estados Unidos existe un sólo gran partido político con dos fracciones. Mencionaba Northon que en general ambos partidos son de tendencia de derecha (con sus adjetivos), con pocas diferencias, que son financiados por mas o menos las mismas fuentes que apuestan al que tenga mejor rédito. A manera de ejemplo, en el tema Venezuela, ambos partidos están de acuerdo en mantener la política de bloqueo económico y conflicto contra el Gobierno de Maduro. Incluso vale recordar que fue en el Gobierno de Obama, demócrata, que definió a Venezuela como una «amenaza inusual y extraordinaria» contra los EE.UU.

• Estas manifestaciones sociales tienen gran importancia en lo mediático e histórico, pero no tienen posibilidad alguna de tener alguna conclusión en el camino electoral. Principalmente porque las manifestaciones carecen de un movimiento formal organizado, que sea parte del sistema político. Decía el sociólogo Early «mantener las manifestaciones por largo tiempo es muy difícil porque no contamos con una organización ni logística, sin embargo, la lucha debe mantenerse hasta lograr algún cambio».

En cuanto a los dos partidos políticos, demócratas y republicanos, sus dos candidatos tienen la misma opinión en el necesario uso de la fuerza para combatir las manifestaciones.

Vale recordar que esta semana Joe Biden declaró sobre el uso de la fuerza (disparos para ser exactos) por parte de los policías, pero que se hicieran en la pierna y no en el corazón.

En conclusión, todo el sistema político y gubernamental está en contra de aquellos que buscan un cambio, salvo una que otra voz unitaria.

Por otro lado, el periodista Northon afirmaba que las manifestaciones beneficiaban a Trump, lastimosamente. Que esta polarización siempre ha sido parte de su política. El electorado duro de Trump esta racial y socialmente definido y en su mayoría, están en contra de las manifestaciones y a favor del uso de la fuerza. Esta situación aflora lo más profundo de la sociedad. La división histórica entre los «White Americans», los afroamericanos y los ciudadanos de tercera (indígenas, latinos y otros).

• ¿Por qué Joe Biden puede ser una esperanza de cambio? Este político fue el Vicepresidente de Obama y durante su gestión se iniciaron dos guerras en Siria y Libia y; se continuó con la destrucción de Irak y Afganistán. Es un tipo definido de derecha, menos conservador que Trump, pero igual comprometido con las élites económicas y políticas estadounidenses. Sin menoscabo de que también tiene una que otra investigación de abuso sexual.

Nada de lo expresado por alguno de los dos analistas, y mi persona, en ningún momento quiere restar la importancia de las manifestaciones. Todo lo contrario. Es un proceso necesario y que podría desencadenar en cambios positivos para parte de la sociedad. Desapegados a los resultados, era necesario que se evidenciará los niveles de violencia y de segregación que siempre han existido en esa sociedad, de manera velada. Ya era la hora de gritarlo. En este contexto, la carrera electoral sigue su proceso.

Retomando el tema de la diversidad de opiniones sobre los posibles resultados, faltan más de cuatro meses, y el proceso electoral aún no está definido.

Más aun cuando la pandemia del coronavirus se encuentra en desarrollo en ese país, y el manejo por parte de la administración federal ha sido fuertemente cuestionada.

El propio ex Presidente Obama dijo el pasado mayo que la política para la COVID-19 “es un desastre caótico total”.

Para el 4 de junio había más de un millón ochocientos de personas contagiadas, muchos de los cuales no cuentan con seguro médico o planes de salud pública para cubrir los tratamientos.

Aunado a esto, desde la llegada de la epidemia a EE.UU., hace 11 semanas, 42.6 millones de trabajadores se han quedado sin empleo, según datos ofrecidos por el portal político.com.

En general, el panorama es bastante complejo, negativo en lo social, político y económico, y aun así, de acuerdo al comportamiento histórico de los electores, Trump sigue teniendo la primera opción.

La reflexión que busco plasmar en este espacio es: ¿cuáles son las esperanzas reales que existen para América Latina y especialmente para Venezuela, de una reestructuración de la política exterior estadounidense, con un posible cambio de Gobierno.

Y, ¿Quién nos puede garantizar que el cambio de Gobierno será para mejor?.

Los mismos estadounidenses se sienten atrapados por un sistema impenetrable, estático, cuya única solución pareciera una implosión, política y económica, la cual pondría a los EE.UU. en un escenario de anarquía a lo interno, con perspectivas de un futuro distópico.

Sin embargo, un cambio de gobierno también podría ser el escenario que facilitaría un redimensionamiento de las relaciones de EE.UU. con algunos actores de América Latina y el Caribe, con el gigante asiático la República Popular de China, con Rusia, e inclusive con el intrincado sistema de la ONU y en concreto con la UNESCO y la OMS.

Eso sería lo más idóneo para el sistema internacional en su conjunto. Parecieran pocas las esperanzas de generarse reales cambios en el sistema político actual imperante en Estados Unidos, pero lo que si podríamos tener claro es que un segundo gobierno de Trump traería consecuencias inesperadas para el sistema internacional y para el orden mundial, ello debido al carácter volátil e insensatamente irracional del «emperador Trump».

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Josmary Escalona

Periodista principalmente de la fuente política que también hace diarismo, entrevistas y trabajos especiales sobre temas que la población desea conocer.

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